El blog de 道


Las emociones negativas (PDF)
21/07/2018, 7:07 am
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En su momento olvide crear el PDF de este artículo. Lo adjunto ahora y queda en la secció de mini-libros con todos los demás:

Las emociones negativas, los venenos



El vehículo, el conductor y el pasajero

A partir de un comentario anterior:

Diferentes doctrinas nos hablan de diferentes formas de entender lo que es realmente “el sujeto” (o lo que coloquialmente llamamos “yo”) y como se relaciona ese “yo” con lo que es exterior a él, lo que tradicionalmente podemos llamar “acción” y sobre la que todas las doctrinas han dado una propuesta sea via el concepto de “libre albedrío”, el de “no-acción”, el de “testigo eterno”, “origen inter-dependiente” o condicionado, etc…

Metafóricamente mapeando todo esto a un vehículo (la acción) y su conductor (el sujeto), tenemos que:

  • En las religiones teistas se supone que hay un coche dirigido por un conductor. Por tanto dónde llegues depende de ti, que eres el conductor. Ese conductor que es tu alma eterna se imagina como algo dentro de ti que lo conduce todo. Y a eso se le llama “yo” y se llena de características (se construye la persona o personalidad). Esa alma eterna estaría provista de libre albedrío que es una propiedad supra-terrenal (por eso la ciencia no la encuentra por lugar alguno) ofrecida por Dios a cada uno de nosotros. Y que no es un regalo, sino más bien lo contrario, porque  te convierte en responsable de todo lo que haces. De ahí que pueda existir el concepto de pecado y culpa, pues tú eres el responsable de lo que hagas. Es interesante también observar que para las religiones teistas todo tu “yo” (personalidad, defectos, ansias, traumas, etc…) es parte de tu alma eterna. Tu cuerpo no, pero todo lo mental sí… No se suele distinguir entre mente y alma, vienen a ser, si no lo mismo, casi.

 

  • En hinduismo, hay un coche pero con un pasajero en lugar de un conductor. Dios conduce el coche, y el pasajero es el no hacedor, el testigo eterno. Y a ese testigo completamente realizado se le llama Atman. Se imagina algo en tu interior que no conduce nada pero está ahí. Al menos hasta que se realice Brahman… En este caso es obvio que el libre albedrío no aplica. Si el vehículo lo conduce Dios, lo que pase es responsabilidad suya y no de Atman (aunque finalmente podrá verse que todo era lo mismo). Es por eso que en la India la idea de predestinación es tan fuerte. Está implícita en esta forma de ver el alma eterna y la acción. Finalmente para el hinduismo, tu alma eterna, atman está desprovista de tus características mentales y terrenales. Todo lo relativo es no-atman, pues el alma es pura y supra-terrenal, la mente gruesa (personalidad, defectos, ansias, traumas, etc…) son parte del juego de Dios y no de atman. En ese sentido el hinduismo tiende a prácticas disociativas (neti, neti, no soy mis pensamientos, no soy mis miedos, no soy mis alegrías, sufro pero no me afecta, etc…)

 

  • En budismo, hay vehículo y no hay nada más. El coche se auto-conduce en función de las señales de tráfico (origen inter-dependiente de la acción lo llaman), y no hay nadie dentro. Eso es Anatman. Por eso no hay “yo”, no es que no haya nada, es obvio que hay vehículo, pero es una compleja y compuesta mente/vehículo funcionando por origen inter-dependiente, es decir por lo que ocurre en cada momento más nuestro “programa” interno, que llamamos Alaya y que también se ha ido construyendo en función de las causas y condiciones pasadas (incluida la carga genética cuando aplicque). Del: “Yo soy yo y mis circunstancias”, el budismo diría “soy el resultado de mis circunstancias (presentes y pasadas) y no soy nada más”. El libre albedrío aquí claramente tampoco aplica, pero tampoco es Dios quién nos mueve. Una metáfora adecuada y habitual es la lluvia, que ni es dirigida por Dios, ni tiene “yo”, simplemente ocurre cuando se dan las circunstancias (presión, viento, humedad, relieve…). Anatman incluye todas nuestras características terrenales (personalidad, defectos, ansias, traumas, etc…) que no están ahí para ser disociadas sino purificadas. No para adaptarlas a ningún modelo ético construido por el intelecto sino para eliminar progresivamente el sufrimiento.

En estos dos segundos casos “nadie concreto, ningún sujeto hace nada”.

Según el hinduismo “en última instancia no haces nada” pues lo hace Dios, pero según el budismo esa expresión no tiene sentido porque no hay sujeto sobre el que preguntar eso, al igual que con la lluvia. Sonaría raro decir “la lluvia realmente no hace nada”… puesto que no es un sujeto activo (bueno, ni activo, ni pasivo, no es un sujeto). Pues lo mismo. Pero sí existen multitud de procesos mentales que todos juntos, actuando caóticamente y en conflicto, apareciendo y despareciendo, acaban decidiendo un curso de acción.

¿Quién decide acariciar al minino o ignorarlo? preguntas.

A estas alturas debería ser posible dar respuesta a eso tanto para el cristianismo (lo hace tu alma libre), para el hinduismo (lo hace Dios) como para el budismo (ocurre debido a que se dan las circunstancias). Para el budismo es solo un proceso mental que se impone sobre los demás, nada más… solo eso…  cuando tienes prisa o estás enfadado se impone uno y te vas, cuando estás relajado, ocioso o amoroso se impone otro y acaricias.

¿Quién decidió? Pues justo esas circunstancias comentadas más tu bagaje anterior (Alaya). Nadie concreto…

De ahí también nuestra más que conocida inconsistencia como seres humanos. Somos auto-contradictorios básicamente porque no somos. Es decir no hay capitán en este barco… (existe una anécdota zen sobre barcas a la deriva en la niebla que aplica bastante).

El concepto budista de Anatman lo que pretende revertir es esa idea que tenemos todos de que somos un alguien chiquitido que manda y gobierna, que se sienta en el trono del cerebro o de la mente, y va decidiendo qué hago y qué no hago. Ese enanito-rey no existe. No es que no sea el que creemos ser (el intelecto), esa es una verdad cierta pero parcial, es que no existe ninguno por profundo que lo busquemos.

 


El deseo (y III)
16/03/2018, 7:07 am
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Todo esto es sutil, cierto. Nadie dijo que por poner una palabra a algo lo hagamos más fácil. Cuando conceptualizamos algo, cuando le damos una palabra, creemos haber avanzado algo en su entendimiento cuando en realidad no hemos dado ni un paso en esa dirección. Incluso al contrario, hemos ocultado la complejidad de lo real bajo una sola palabra que lo simplifica artificialmente cuando nunca fue simple…

Entender la naturaleza de lo que llamamos “deseo” es relevante. Vale la pena reflexionar sobre ello y especialmente observarse a uno mismo en las situaciones en que aparezca. Viendo de la forma más ecuánime posible, cuando y por qué se genera insatisfacción…

Quizá sería incluso mejor hablar de expectativas que de deseo. Las expectativas son aflictivas.

Una expectativa es un proceso mental que prevee el alcance de un objetivo.

Y dukkha (sufrimiento) es la frustración surgida del contraste entre la expectativa y la realidad. Por tanto sin esa expectativa no hay dukkha (en este caso y por este motivo).

La ausencia de expectativas por aquí también la llamamos no-intencionalidad y de forma clásica oriental se ha llamado WuWei (no-acción).

Otro ejemplo:

Yo puedo trabajar para acabar con el hambre en el mundo sabiendo que no lo lograré. Si no genero expectativas al respecto, mi trabajo puede ser dichoso a pesar de su dureza.

Pero si continuamente genero rechazo a la situación actual de gran desigualdad en este planeta (donde el hambre no se va a erradicar a corto plazo a pesar de que hay comida para todos) entonces sufro continuamente… Es una forma de convertir una acción virtuosa en una tortura…

Conozco personas realmente devotas de ayudar a los demás que sufren mucho porque no aceptan que siga habiendo hambre y dolor en el mundo.

Y al revés, haciendo lo mismo, una persona sabia es tremendamente dichosa, pues sabe el valor de lo que está haciendo… sin expectativas…

Respecto al camino espiritual: evidentemente para transitarlo y mantener la motivación hay que “querer” liberarse o algo parecido. Y eso, cierto, es un deseo o expectativa, pero si lo dejas como una expectativa sobre el destino final del viaje, y no te preocupas demasiado de como van las cosas por el camino. sino que simplemente el objetivo te sirve como punto de referencia para seguir motivado, entonces no hay problema. No sufrirás en exceso.

Eso sí, mejor ser “humildemente perseverante” frente a “ambiciosamente perseverante”. Con ello reducirás tu sufrimiento. Es otro ejemplo de como una actitud íntegra nos ayuda durante el camino. En este caso vía el paramita de la humildad.

Pero si continuamente, te vas preocupando de crear expectativas parciales que no cumples, sufrirás en exceso. Eso tampoco es preocupante a menos que ese sufrimiento te bloquee el progreso o directamente te haga abandonar la senda. Porque el sufrimiento es una gran escuela espiritual para quién ya ha decidido que es solo responsabilidad suya liberarse de él.

Y eso también es lo que pasa cuando decimos que no debemos agobiarnos porque “nos perdamos” en los sueños dentro de la práctica. De nuevo has generado una expectativa y rechazas la realidad de tu práctica. Esa reacción emocional negativa es especialmente desequilibrante durante la práctica. Es recomendable verlo y dejarlo estar…

En cierta manera el camino espiritual excluye poco a poco la tendencias no íntegras o negativas de forma natural, pues estas bloquean la evolución y llega un momento en que tu sistema-mente está más interesado en su liberación que en cualquier otra cosa.

Cuando eso ocurre, esas tendencias negativas son vistas de forma clara como meros impedimentos a nuestra paz. Por tanto de forma natural van alineándose las tendencias no íntegras o desequilibrantes.

Ya no se es humilde, sincero, generoso, paciente, amable o ecuánime porque eso nos dicen que es lo que deberíamos ser, sino porque somos plenamente conscientes de que eso es lo más positivo para nosotros y los demás. Y hasta cierto punto ya no nos queda otro remedio, pues el precio que se paga por caer en esos venenos que nos hacen sufrir se ve como inaceptable. Y es entonces cuando la integridad o ética o paramitas adquieren todo su significado, nos damos cuenta de que no son una ayuda al camino espiritual, sino que son el mismísimo camino espiritual (y el entrenamiento mental solo una herramienta).

Somos plenamente conscientes de que esos paramitas son beneficiosos en sí mismos, de que su ausencia es directamente aflicción y de que no hay otra fuente de aflicción más que esa.



El deseo (II)
13/03/2018, 7:07 am
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Entonces: ¿qué cosas no son un deseo según esta definición y normalmente se consideran deseos? (pero no hará falta actuar o cambiar nada sobre ellos pues no lo son desde este punto de vista):

La ejecución de cualquier acción ahora mismo, sea cual sea, no es deseo si carece de las otras características que hemos comentado antes.

Por ejemplo sentarse.

Sin duda algo en tu mente ha de decidir sentarse para hacerlo, estrictamente hasta podemos decir que ha surgido una emoción pues como vimos hace tiempo para movernos, siempre hace falta una emoción. Pero no cumple con la definición de deseo anteriormente vista. Incluso aunque tengas muchas ganas de sentarte. Recordad que la emoción del tipo que sea, es un proceso básicamente fisiológico. Mientras que el sentimiento es una emoción con contenido mental añadido. El deseo cae en la categoría de los sentimientos no de las emociones (más sobre esto aquí)

Solo se creará “deseo” si estás “preveyendo” sentarte (proceso mental), pues ventonces creas una expectativa y si finalmente se te niega esa posibilidad te frustras y auto-generas sufrimiento.

Si ves una silla y tenías ganas de sentarte y te sientas, así sin añadir nada más, no es un deseo tal como se contempla aquí. Por distinguirlos, yo los suelo llamar pulsiones.

Ni siquiera es deseo tener ganas de sentarse. Igual que no lo es tener hambre.

El deseo es “prever” el placer que vas a obtener al sentarte y no lograrlo. Y la aflicción surge de ese conflicto entre realidad y alaya (o proceso mental). Lo que ocurre es que inicialmente todos estos procesos mentales están tan enrredados y nos resultan tan difícil es de ver con claridad que todo parece lo mismo.

Por ejemplo, yo quizá quiero no trabajar y pasar el resto de mi vida viajando, pintando y escribiendo, pero si no preveo que tal cosa puede ocurrir (es decir no sueño con ello). no hay deseo tal como se entiende aquí. Y la situación es inofensiva pues no sufro nunca por no conseguirlo, pues no cuento que tal cosa ocurra. Pero sigo teniendo preferencias, contradiciendo aquí a cierta frase zen, sigo prefiriendo un beso a una patada en el culo, aunque no sueñe sobre ninguna de las dos situaciones.

Incluso el mayor placer, sea sexual, drogas etc… no es un deseo cuando se ejecuta. Entonces es placer y ni siquiera tiene por qué tener proceso mental alguno asociado. De hecho en pleno orgasmo no es fácil que haya presente en tu mente proceso mental alguno. Un placer intenso bloquea los procesos mentales, también el deseo, y de hecho esa realidad es la que hay tras algunas prácticas tántricas.

Algo es un deseo solo cuando se prevee algo placentero o pisitivo, y solo es aflictivo o insatisfactorio cuando se compara lo previsto con la realidad y se encuentra insatisfactoria.

El deseo no es tomar drogas, el deseo es “querer tomar drogas” y la aflicción surge de la comparativa entre la realidad (no hay drogas) y mi proceso mental (quiero tomar drogas). Si falta uno de los dos, cualquier de los dos, no hay aflicción.

Solo hay aflicción cuando la realidad está en conflicto con una previsión mental en Alaya que nos es de interés en mayor o menor grado. Pues hay también una gran cantidad de sufrimiento de baja intensidad en nuestras vidas, tan de baja intensidad que ni sabemos que es sufrimiento hasta que es erradicado y nos encontramos más libres.

Cualquier placer previsto que no cree huella de cara al futuro (por ejemplo si sueñas ser millonario pero eso se olvida al instante) tampoco sería un deseo, o mejor dicho lo es durante ese instante, pero como se olvida, no queda en Alaya, es irrelevante y no crea aflictividad futura. El olvido lo ha borrado. Es un deseo muerto. No tiene importancia.

Me contaron en cierta ocasión una anécdota triste pero apasionante. Un fumador empedernido no pudo dejar jamás el tabaco… hasta que simplemente un dia dejo de fumar, de golpe, sin más… porque simplemente olvidó que fumaba… porque tenía Alzheimer…

Da igual el síndrome de abstinencia o cualquier otra cosa. Si no tienes un proceso mental que “quiera otra cosa que no está en la realidad actual”, no hay deseo. Y ese señor ya no quería fumar, pues lo había olvidado. Sin huella en Alaya, no hay deseo (cicatriz mental como decía Krishnamurti).

Seguramente se extrañó por sentirse tan mal esos días pero si no recuerdas lo que es fumar ¿cómo vas a desearlo? quizá lo achacó a una gripe… y pasado el síndrome, no quedó huella alguna de su adicción, pues la recaídas son guiadas por el deseo (la huella en Alaya) y no por el síndrome de abstinencia que dura dos semanas como mucho.

Hay quién dice que una vez ex-alcohólico, siempre querrás beber. Eso aquí sería equivalente a decir que la huella generada en Alaya nunca se pierde. Así siempre sentirás deseo por beber debido ello…

(continua)



El deseo (I)
10/03/2018, 7:07 am
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Ampliado de un comentario:


Entre otras acepciones la RAE tiene una acepción de la palabra deseo que es interesante aunque raramente poética para ser un diccionario. Dice del deseo que es:

Movimiento afectivo hacia algo que se apetece.

Movimiento aquí, todos entendemos que se refiere a movimiento mental. La parte de “algo que se apetece” es redundante, pues parte del proceso mental que es el deseo es precisamente convertir un objeto en algo apetecible. Así que apetecer, así en genérico, es desear, en cierta manera.

La RAE es especialmente hábil en crear definiciones circulares, pero es que el lenguaje está notablemente vacío de significado real, por tanto es fácil que a la hora de definir un término se acabe en definiciones circulares y por tanto vacías.

Para intentar evitar definiciones vacías (aunque nunca son completamente reales), vamos a intentar definir con la máxima precisión posible que se entenderá por “deseo” en este blog.

Como siempre, no con la intención de plantear una definición con pretensión de verdad absoluta o aceptable por todos, sino simplemente para que se entienda con toda la precisión posible lo que se quiere decir cuando se habla de deseo en este blog (y de como este proceso mental es uno de los creadores de sufrimiento).

Así diremos que deseo es:

Todo proceso mental que prevee futuros placeres generando en nuestra mente (en lo que llamamos Alaya) una huella o recuerdo o memoria o tendencia, que resurgirá en uno o varios momentos futuros para comparar la realidad con lo previsto y entonces generará satisfacción o insatisfacción en función del resultado de la previsión.

Cuando hable de deseo aquí, se debe entender esa definición. Es importante entender que es un proceso mental. Da igual lo que hagas, por placentero que sea, si ese proceso mental no está presente no hay deseo tal como se entiende aquí. Se han de dar todos los aspectos de la definición comentados. Si no están todos, no hay deseo.

Eso que la RAE llama “movimiento” no es algo continuo.

El deseo queda almacenado con mayor o menor intensidad en Alaya y resurge solo de tanto en tanto, cuando por alguna asociación de ideas o situación tal deseo surge en la mente. Ni siquiera eres tú quién lo hace resurgir. Resurge cuando se dan las condiciones, por ejemplo ver a la persona deseada.

A veces se confunde deseo con obtener placer y no… Obtener placer no es aflictivo, apegarse a él sí. En eso la espiritualidad aquí tratada es bastante diferente a las religiones teistas… donde a menudo se penaliza el placer, y tiene sentido, porque no se dan herramientas para no apegarse a él y por tanto sentir placer es casi equivalente a volverse adicto a él.. Esas herramientas que faltan en las religiones teistas son lo que aquí llamamos entrenamiento mental y faltan porque asumen que es tu voluntad y libre albedrío los que operan y deciden, y que si fallas y caes en la tentación es culpa tuya.

A veces también se confunde deseo con simple pulsión/acción (sea caminar o hacer la digestión) y no… pues está ausente gran parte de la definición de deseo…

(continua)

 




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