El blog de 道


El Tao que puede fotografiarse…
15/05/2017, 7:48 am
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… no es el verdadero Tao.

Cámara compacta Lumix FT30, sobre-exposición +1EV



La manta

En el metro, de vuelta de la clase de sumi-e tras la jornada laboral, ya algo cansado, ligeramente pegajoso, música en los oidos, suena Antistar. Me encanta.

Mucha gente, muchos turistas, un ambiente cargado lleno de desconocidos apretándose contra ti, un lugar en el que ningún animal puede sentirse a gusto respirando. Incomodidad.

Pero la ausencia atenta vuelve con fuerza, quizá por la música. Entonces esa atención depurada, estable, inamovible, tan fina que es más ausencia que presencia, lo envuelve todo, pensamiento, sentimiento, intención, visión, oido, tacto, calor, energía. Todo diferente, legión, pero todo patente, nada inconsciente.

A ratos los ojos se cierran y desaparece el universo sumergido en la música.

Pero a ratos miras alrededor y un pensamiento en tu mente dice “mira, la manta”, un chiste privado. Y miro y veo de nuevo La Manta. Lo visto es a la vez totalmente vivo y profundo, brillante y claro, pero sin distancia. Miro una niña y es mi inocencia, a un personaje rudo y es mi rudeza, a una anciana y es mi vejez, miro a un perro algo asustado y es mi indefensión y mis miedos. Todo intimamente propio. Dentro, fuera, mio, tuyo, yo, otro, bueno, malo, simple, complicado, fuerte, débil, bello, feo. Nada deja de ser mío, oh, digo mal, no es mío, no es ajeno, no soy yo, no soy todo, no soy nada tampoco ¿cómo podría? ¿no son todas esas, finalmente frases sin sentido? Es La Manta, porque somos La Manta, porque no somos La Manta. Y me hace sonreir esa estúpida broma privada. Y ahora…

Es mi parada.

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Feliz dia de letras y flores



Experiencia personal
04/06/2015, 5:23 pm
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Me dice Kobo que escribo poco sobre mis experiencias personales. Aquí va una, aunque no sé si es lo que esperaba:


Cada día cuando llego del trabajo ocurre siempre lo mismo.

Abro la puerta y nadie viene a recibirme, no se oye nada en casa. Hay un gran y agradable silencio pero veces, si se escucha con atención parece intuírse algo aún más bello que el silencio, como un levísimo ronquido. Entonces, como siempre, me dirijo a la habitación.

En los pies de la cama, hecho una bolita blanca esta Tao.

Duerme y suele roncar suavemente, algo raro en un gato, pero claro él no se oye, no lo sabe. Transmite una paz que llena de alegría todo mi cuerpo, como si lo recorrieran corriente eléctricas.

Entonces me arrodillo ante la cama y lo observo muy de cerca, en silencio, como rezando, aguantándome las ganas de abrazarlo con todas mis fuerzas para no despertarlo y que ocurra la magia.

Y siempre ocurre la magia. A pesar de su sordera, no sé si porque me huele o siente mi respiración en el aire o simplemente porque yo soy él y él es yo, a los pocos segundos levanta la cabeza como un relámpago, con la velocidad de su naturaleza felina. Mira a un lado y a otro rápidamente, reactivado y semi-dormido a la vez. Me ve y maúlla fuerte, como solo los gatos sordos maúllan: MaaAAaaau, y yo siempre pienso que me dice “Ya era hora, te he echado de menos”

Se levanta y se despereza haciendo un arco con su espalda y luego echándose atrás para estirar las patitas delanteras.

Entonces nos ponemos a hacernos caricias. Primero sus mejillas contra mi mano.  Se restriega con fuerza como si no nos hubiéramos visto en años, y si paro aunque sea un segundo, me persigue por la casa y se queja maullando.

Luego tocará rascar tras las orejas, en el lomo, bajo la barbilla…

Al final siempre acabamos igual, tirados los dos en el suelo haciéndonos caricias. A mi me gusta subirlo sobre mi barriga y a él le gusta bajarse y hacer la croqueta, girando por el suelo con las patas estiradas como un supermán blanco y acabando boca arriba para que le rasque.

Nos miramos a los ojos de cerca y en la profundidad de su nebulosa azul, veo lo que echo en falta en los ojos de las personas que trato cada jornada. Me veo a mi mismo y a todos, puros y en silencio. Y la felicidad es tan grande y se siente tan fuerte en el hara que uno podría creer que acabaré con úlcera de estómago y esa felicidad trae un cariño que se extiende a todos. Y en ese momento ya no hay samsara, porque ves que incluso aquel que te daña anda perdido y sufre, y en ese entendimiento ya solo puede haber cariño y cuando el cariño se extiende a todos, no puede haber sufrimiento.

Y así nos estamos un buen rato en el suelo tirados haciéndonos caricias.

Eso es lo que ocurre cada tarde al volver del trabajo.

Y si hay tiempo, luego se medita.




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