El blog de 道


La auto-consciencia y el espejo (y II)

Cambiamos un poco de tema, pasamos al espejo 🙂

La prueba del espejo  es un experimento creado por la ciencia en un intento  de determinar qué animales tienen auto-consciencia y cuales no. Es decir, diciéndolo según teoría de este blog, qué animales saben que existen y cuales no.

Lee primero el enlace si no sabes en qué consiste la prueba del espejo, por favor. Sino, no entenderás nada.

Pues bien, la prueba del espejo como prueba para determinar eso, tiene serias limitaciones y debido a ellas va a dar resultados erráticos, cosa que es justo lo que ocurre (por ejemplo determina que las urracas tienen auto-consciencia pero seres con un cerebro mucho más desarrollado como los gatos, no).

La principal carencia es que confía totalmente en el aspecto visual para el reconocimiento propio.

Eso no está mal en nuestro caso, pero se puede tener constancia de tu propia existencia y no saber reconocerse visualmente en un espejo. Veremos que hay dos limitaciones que existen en el reino animal para reconocerse visualmente:

1. Es que muchos animales no tienen como principal sentido la vista. Por ejemplo en un gato el principal sentido esel olfato, y para él “tú eres tú” porque hueles a “tú”. Podrías poner ante mi gato un clon mio, pero no lo iba a reconocer si no huele igual que yo. El aspecto visual para él no es el más relevante.

Así pues el equivalente de un espejo para un gato, es “su mismo olor”. Si detecta su mismo olor en algo sabe “que es suyo” (por eso se restriegan contra las cosas que les gustan, están ejerciendo posesión sobre ellas). Pero si ve su misma imagen sin su olor, no le dice nada. Es un extraño. No, peor, es un objeto sin interés, porque no huele a ser vivo alguno…

En este tipo de animales la prueba del espejo fallará siempre o casi siempre. Y no existe “el espejo del olor”. No se ha inventado…

Un gato normalmente no se reconoce en un espejo… pero es por las razones anteriores, no porque tenga o no tenga “conocimiento de su existencia”. Eso no podemos saberlo con la prueba del espejo aunque intuyo que saben de sobras que existen… Cosa, que por cierto, insisto, es muy diferente a que intelectualmente creemos la idea de un “yo”. Muy, muy diferente.

2. Para reconocerte en un espejo, también has de ser capaz de un cierto nivel de cognición, de inteligencia. Has de ser capaz de establecer “teorías” sobre lo que está pasando.

¿Te das cuenta de que has de “deducir” que si “aquello” se mueve exactamente como tú debe ser que estás ante una superficie reflectante? Porque es imposible que alguien te imite los movimientos de forma tan perfecta… Has de deducir una teoría y luego confirmarla para dar respuesta a la realidad actual.

No te confundas, tú ahora te reconoces en el espejo porque recuerdas tu cara, pero no pudo ser así la primera vez pues no naciste conociéndola. La primera vez tuviste que deducir que eso era tu cara y también que existían las superficies reflectantes (o te lo chivaron todo). Y para eso hace falta inteligencia.

Esa deducción puede parecernos trivial pero requiere cierto nivel de inteligencia que no es trivial y que está a años luz de, por ejemplo, una mosca, que tiene inteligencia, pero no la suficiente para ello…

Los animales sin ese nivel de inteligencia no se reconocerán ante el espejo pero eso no implica que no hayan deducido que existen… Esta deducción también requiere de inteligencia pero no necesariamente la misma. No sabemos, o al menos yo no sé si hace falta más o hace falta menos o depende del caso…

Es decir, que la prueba del espejo puede determinar que quién se reconoce en el espejo tiene que haber “deducido que existe” pero si no se reconoce no podemos afirmar demasiado.

Creo que eso es todo por ahora. 🙂

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