El blog de 道


Flores de sangre
23/02/2020, 7:07 am
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“Este sueño nunca terminará” dijiste
“Este sentimiento nunca desaparece.
Nunca llegará el momento de irse ”
“Esta ola nunca rompe” dijiste
“Este sol nunca se pondrá de nuevo.
Estas flores nunca se desvanecerán ”
“Este mundo nunca se detiene” dijiste
“Esta maravilla nunca se va.
Nunca llegará el momento de decirnos adiós ”
“Esta marea nunca cambia” dijiste
“Esta noche nunca caerá
Estas flores nunca morirán ”

Nunca morirán.
Nunca morirán.
Estas flores nunca morirán.

“Este sueño siempre termina” dije
“Este sentimiento siempre se va.
Siempre llega el momento de irse”
“Esta ola siempre rompe” dije
“Este sol siempre se pone de nuevo.
Y estas flores siempre se desvanecerán”
“Este mundo se detendrá” dije
“Esta maravilla siempre se va.
Siempre llega el momento de decir adiós”
“Esta marea siempre cambia” dije
“Esta noche siempre cae.
Y estas flores siempre morirán”

Nunca morirán.
Nunca morirán.
Estas flores nunca morirán.

Entre tú y yo,
es difícil saber realmente
en quien confiar
cómo pensar
que creer

Entre yo y tú,
es difícil saber realmente
a quien elegir
cómo sentir
qué hacer.

Nunca se desvanecerán.
Nunca morirán.
Me das flores de amor.

Siempre se desvanecen.
Siempre mueren.
Dejó caer flores de sangre.



La manta

En el metro, de vuelta de la clase de sumi-e tras la jornada laboral, ya algo cansado, ligeramente pegajoso, música en los oidos, suena Antistar. Me encanta.

Mucha gente, muchos turistas, un ambiente cargado lleno de desconocidos apretándose contra ti, un lugar en el que ningún animal puede sentirse a gusto respirando. Incomodidad.

Pero la ausencia atenta vuelve con fuerza, quizá por la música. Entonces esa atención depurada, estable, inamovible, tan fina que es más ausencia que presencia, lo envuelve todo, pensamiento, sentimiento, intención, visión, oido, tacto, calor, energía. Todo diferente, legión, pero todo patente, nada inconsciente.

A ratos los ojos se cierran y desaparece el universo sumergido en la música.

Pero a ratos miras alrededor y un pensamiento en tu mente dice “mira, la manta”, un chiste privado. Y miro y veo de nuevo La Manta. Lo visto es a la vez totalmente vivo y profundo, brillante y claro, pero sin distancia. Miro una niña y es mi inocencia, a un personaje rudo y es mi rudeza, a una anciana y es mi vejez, miro a un perro algo asustado y es mi indefensión y mis miedos. Todo intimamente propio. Dentro, fuera, mio, tuyo, yo, otro, bueno, malo, simple, complicado, fuerte, débil, bello, feo. Nada deja de ser mío, oh, digo mal, no es mío, no es ajeno, no soy yo, no soy todo, no soy nada tampoco ¿cómo podría? ¿no son todas esas, finalmente frases sin sentido? Es La Manta, porque somos La Manta, porque no somos La Manta. Y me hace sonreir esa estúpida broma privada. Y ahora…

Es mi parada.

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Feliz dia de letras y flores




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