El blog de 道


Las teorías del caos y el origen interdependiente budista (I)

Derivado de un comentario.

La teoría del caos en física y el origen interdependiente budista están estrechamente ligados.
Casi podría decirse que la teoría del caos es un paso de la física hacia el origen interdependiente budista, como un acercamiento a esa forma de ver la “causalidad”.

Igual que a veces hemos comentado que la mecánica cuántica también puede verse como un acercamiento a los postulados budistas, tanto de vacuidad (las partículas no son sólidas, no está claro ni qué son y pueden surgir del vacío sin problemas), como de, también, el origen interdependiente (como con el entrelazado cuántico).

Veamos ahora como la física del caos nos aproxima a los postulados budistas.

Lo primero que hay que entender es lo que es la física del caos, y que no tiene nada que ver con el caos puro o la aleatoriedad.

Vemos por ejemplo la definición de Teoría del Caos de la Wikipedia:

La teoría del caos es la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias (biología, meteorología, economía, entre otras) que trata ciertos tipos de sistemas complejos y dinámicos no lineales muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo. Esto sucede aunque estos sistemas son en rigor deterministas.

Es decir hablamos de:

  • Sistemas deterministas (es decir, nada de caos o aleatoriedad).
  • Pero muy complejos o dinámicos.
  • En los cuales un cambio muy pequeño en las condiciones iniciales provoca un gran cambio en el resultado final.

De ahí que el “efecto mariposa” se haya usado para caracterizar estos sistemas.

El efecto mariposa es ese que nos dice que una mariposa moviendo sus alas en Japón puede provocar un tornado en Kentucky.

Hablamos de un sistema determinista pero muy complejo (el clima) en que un cambio pequeño (una simple mariposa aletea) puede provocar un gran cambio finalmente (un tornado).

¿Y por qué se llaman caóticos? Bueno, porque actualmente están en la frontera de lo que sabemos calcular y por tanto nos parecen regidos por el caos, pero no lo están. Simplemente son complejos.

Existen muchos modelos de simulación del clima, pero ninguno da resultados perfectos (por eso hay muchos).

Ahora centrémonos en la palabra “sistema” para entender cómo funciona la física (a diferencia del o-i-d).

La física siempre, siempre trabaja con modelos simplificados de la realidad.

Cuando decimos que algo cae a 9,8m/s2 deberíamos decir siempre “en condiciones ideales”: sin rozamiento, en cierto lugar del planeta y no en otro donde igual varía un poquito, etc…

O dicho de otra manera las cosas no caen a 9,8 m/s2 en este planeta, no es cierto, pero en condiciones ideales ese sería su ritmo de aceleración gravitatoria. Y casi siempre caen con una aceleración muy cercana a esa, al menos hasta que van tan deprisa que el rozamiento con el aire adquiere relevancia. Entonces ya no aceleran así…

Es decir, la física asume que puede centrarse solo en los elementos causales más destacados de un sistema cerrado y obtener conclusiones extrapolables al resto de la realidad, ignorando los factores causales menos destacados.

Es importante destacar eso: se ignoran los factores causales menos destacados.

Pero ¿qué ocurre si los factores causales menos destacados pueden cambiar radicalmente el resultado final?

Imaginad que según el lugar del planeta las cosas cayeran a 9,8, en otro a 15 o 6,3 m/s2 debido a que la densidad de la tierra variara mucho de un lugar a otro (esto pasa realmente, pero en un grado muy, muy pequeño).

Entonces las fórmulas habituales para calcular la aceleración gravitatoria no valdrían… pues no tienen en cuenta dónde estás…

Seguimos

 



El Sistema-mente: esquema resumen

Se amplía al picar.



El Sistema-mente v2020: Consciencia-Qualia (I)

Consciencia-qualia, el espacio multidimensional

La palabra consciencia en castellano tiene un problema y es que apunta tanto a “lo visto” (la representación) como a aquello que procesa “lo visto” y lo entiende. Es decir a Samantabhadra y a Samantabhadri según terminología tibetana.

En inglés tienen las palabras consciousness y awareness, y eso les permite (si así lo acuerdan) asociar a cada palabra uno de los dos polos (objetos-sujeto) y poder distinguirlos.

A estas alturas, ya se puede intuir que “el procesado” en este modelo, es la Inteligencia+atención (que veremos luego), así que reservaremos siempre la palabra consciencia para el otro polo: la representación.

Así que consciencia tal como la entendemos aquí es el conjunto de qualia de la neurociencia. Qualia (o qualias, da igual) es la palabra técnica para referirnos a la representación que aparece en la mente.

No es que la consciencia, tal como la definimos aquí, contenga o posea qualias, sino que es solamente qualias, es solo mundo interior auto-representado (de la mente y para la mente).

Incluso cuando hablamos de la consciencia como “espacio” estamos exagerando, pero es cómodo para expresarnos. Esa sensación espacial, por ejemplo como cuando oimos un ruido por la derecha, es construida, simulada. Pero a efectos de expresarnos sí que asociaremos el conjunto de qualias a un “espacio”.

Es decir es un conjutno de representación explícito, auto-visible (por tanto no dual, incluso ahora mismo, aunque no te lo parezca). Y no es otra cosa.

Esa es la definición que se usará aquí.

La forma de ver nuestros qualias es como el surgimiento autónomo de una manisfestación que puede ser o no ser procesada por los procesos cognitivos de la mente que vamos viendo.

Es decir, un ruido, te pase desapercibido o no, ha surgido en tu mente como qualia. Aunque no le hayas hecho el menor caso consciente, incluso aunque no tengas ni el recuerdo de que tal ruido se ha producido porque no has atendido a él y tu memoria no lo ha registrado.

En cierta manera, parece evidente que la mente genera mucho más qualia del que es capaz de procesar la inteligencia. Por eso no puedes estar atento a todo en todo momento. Así la atención también puede verse como la “selección” dirigida (intencional) de qué qualias son procesados por la inteligencia y cuales no. Pero me adelanto… la atención aún no la hemos visto.

Eso de no atender a qualias ocurre continuamente en tu experiencia, de hecho la mente es especialmente hábil para ignorar los ruidos, pero no es que no oigas, es que no escuchas. O dicho en nuestra terminología, no es que el qualia no surja, es que la atención no se dirige a él y por tanto la inteligencia no lo procesa.

Distinguir la sutileza entre oír y escuchar, es saber distinguir la sutileza de lo que en budismo a veces se llama “el contacto”. Hemos hablado sobre eso en el pasado.

Y cuando no escuchas (pero si oyes, pues no eres sordo), ¿cuál es el sujeto de ese ruido que se ha producido? ¿ninguno? ¿Y cómo podemos entender un ruido que aparece por y para sí mismo? ¿lo puedes imaginar?

La respuesta a esas preguntas definirá muchas cosas en tu camino espiritual si este tiende a la no-dualidad. La respuesta budista o de doctrinas no-duales será: no había sujeto porque el sujeto es una construcción mental y en ese caso estaba ausente. O mejor dicho ocupado en otras cosas…

Esta disyuntiva, por si te lo preguntas, es diferente a la de Berkeley cuando preguntaba si un árbol que cae, cuando nadie lo oye, genera ruido.

Obviamente no genera ruido, porque el ruido solo existe en nuestras mentes.

A partir de aquí los idealistas dirán que ni siquiera ha caído (hasta que lo mires).

Y los no idealistas dirán que no genera ruido, porque ruido es qualia y por tanto substancia mental (y ninguna mente estaba allí), sino que genera vibraciones en el aire. Pero ruido no genera en ningún caso, ruido solo genera tu mente a partir de los oidos.

Como decía Hui Neng (sexto patriarca zen) ante la discusión de dos monjes sobre si lo que ondeaba era la bandera o el aire, lo que ondea realmente son vuestras mentes.

Este “ Gran espejo” de la espiritualidad clásica (espejo que realmente no refleja nada) que llamaban a la consciencia-qualia de forma bastante inocente, es todo nuestro mundo interior, toda percepción sea del tipo que sea.

Si lo percibes “es qualia” y “es consciente”. Es decir toda experiencia sea interna o externa es qualia.

Por ejemplo: el intelecto es qualia y es consciente porque “aparece”. La inteligencia ni es qualia ni es consciente porque “no aparece”, no se ve por sitio alguno y sin embargo sabemos que existe porque percibimos sus resultados en forma de qualia.

La consciencia es la creación (no el reflejo) de un universo a partir de los sentidos internos y externos, añadiendo además algo un poco diferente: el intelecto, que ya hemos visto. La sexta consciencia que dicen los budistas. El sexto tipo de qualia (simplificando).

Todo ello crea nuestro universo interno (interno sobra, pues no hay otro en tu experiencia, pero ayuda a entendernos) formado por percepciones, intelecto, memorias, sensaciones, emociones, etc… cualquier cosa que percibas, sientas, veas, notes, etc… es consciente y es qualia.

El por qué existe la consciencia, es un misterio para todos (científicos y místicos). Hay creencias, pero no hay nada claro.

Aparentemente podría hacerse todo procesado mental conocido, sin que aparecieran qualias, sin que surgiera esa representación explícita.

Esa es la llamada teoría neurocientífica de los zombies, seres sin representación interna alguna pero aparentemente podrían ser totalmente “normales”. ¿Existen tales personas? No sé sabe… aparentemente no… aparentemente todos tenemos representación interna ¿o no?

Un ejemplo de procesado “zombie” es la inteligencia (ya vista), que trabaja constantemente (y mucho) pero que no aparece por lado alguno, solo aparecen sus decisiones y acciones…

¿Por qué en cambio aparece el resto?

Seguimos



Práctica diaria
22/03/2017, 10:46 am
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Preguntaron en forobudismo y aunque no suelo comentar este tipo de cuestiones, dejo aquí el mismo texto arreglado por si es de utilidad o motivación para alguien:

Mi práctica actual es primordialmente “solo estar/ser”.

En función del dia varía entre 1 sentada o 5 (en festivos), raramente más, raramente ninguna, varía según el tiempo libre disponible, pues soy un empleado como todos, no un monje. Pero la media deben ser 2 o 3. Que nadie piense que vivo meditando, a veces son meditaciones de 10 minutos, otras de 30, muy raramente de más de 45…

¿Sensaciones durante la práctica? Es difícil de explicar, cuando se entra muy profundamente en el reino de lo sin-forma, es muy complicado transmitir… por eso hay tan pocas descripciones.

Algunas existentes como de los jhanas sin-forma, pueden dar una idea, pero son generalidades… no dan idea demasiado clara. Y yo tampoco voy a poder hacerlo.

En un estado de samadhi no estás ni aquí ni allí, no hay espacio y solo hay ahora, no hay tiempo, normalmente el bienestar es notable pero no es imprescindible, pues ir desde estar “normal” a tener que parar por el exceso de “gozo”, depende de muchos factores, pero es irrelevante, se debe estar más allá de ello igual que debe estarse más allá de todo apego o rechazo. No por ocurrir en meditación son “más nobles”, los placeres…

Tampoco hay “tú” porque para que existas necesitas tiempo (no tanto espacio), y en todo caso ese “tú” no tendría demasiado que ver con el “tú” habitual, no tiene nada que ver con el intelecto y no tiene centro ni nucleo.

En referencia a lo que llamamos “yo” o donde recae nuestra identidad, existen al menos dos transformaciones que pueden ocurrir (aunque seguramente han de llegar más) y que serán estables y sin esfuerzo durante todo el día… no solo en meditación.

La primera, ese despertar o satori o kensho definitivo o lo que quieras llamarlo te sitúa más allá de tu pensamiento intelectual. Pero todavía eres un “algo”, un centro que observa el mundo y el ir y venir de los pensamientos.

La segunda deshace ese centro ilusorio y ya no se recrea, ni reconstruye un observador concreto, simplemente eres, sin centro. Lo más parecido que queda al “observador” sería la atención pero puede estar o no estar. Simplemente eres lo que eres, es compuesto e impermanente y es indescriptible. Quizá se podría relacionar estar situación con la descripción del tercer yoga Mahamudra un-sabor, one-taste, pero todas las descripciones son necesariamente ambigüas y es difícil ser categórico.

Todo es mente y todo es parte de ti y tu no eres nada concreto, sino el global. Todo tiene el mismo sabor… No es más aflictivo un pensamiento intelectual que el ruido de una moto en la calle.

Si tu práctica es “solo ser/estar”, pueden haber pensamientos o no haberlos, pues tras esas realizaciones es irrelevante, tu profundización va a ser la misma porque “estás más allá de ellos”, molestan igual o menos que el ruido de fondo. La aparición de más o menos pensamientos dependerá sobretodo de tu nivel de excitación durante el dia (por ejemplo el té ) o de temas “intelectuales” pendientes por resolver pero ya te digo, es irrelevante.

También puedes decidir que hoy no quieres pensamientos presentes y con un toque de atención dejarán de estar, pero la situación siempre será algo más forzada, ligeramente más concentrativa, aunque hace falta muy poca atención para excluir al intelecto en un dia “ruidoso” o ajetreado.

Cuando se llegue a determinado punto de absorción desaparecerán completamente pero no es excesivamente relevante. Alguna vez incluso permanecen en ese punto aunque escasamente, pero no afectan en absoluto a la profundidad de la absorción.

La sensación en ese momento en Zen la llaman “Montaña de diamante” y me parece una buena metáfora, eres eso, una montaña de diamante de claridad perfecta, estable, e inamovible, clara y brillante. Sin yo, sin tiempo, sin percepción ni no percepción. La percepción existe, pero no es atendida salvo algo muy notable, por ejemplo una explosión. Ocurre similar a como cuando duermes, de hecho si relajas la atención en cierto punto de absorción aparecerán ensoñaciones.

Estarás ahí in esfuerzo. Al igual que una montaña no se esfuerza por estar, tampoco hay esfuerzo por estar, el samadhi es sólido, no requiere apenas de nada por tu parte, simplemente estás. Pero estás totalmente lúcido, despierto y presente.

De hecho puedes distinguir las “meditaciones correctas” de los trances o meditaciones incorrectas precisamente por la presencia, claridad y lucidez que vivas. No importa tu experiencia, por magnífica que sea, si no estabas totalmente presente y lúcido no es meditación, es trance o sueño, o un punto intermedio….

El tiempo pasa sin notarlo, da igual un minuto que treinta.

Pero no hay que intentar reproducir nada de esto, solo continuar humildemente con nuestra práctica. Si un dia deseas reproducirlo, no ocurrirá, aunque ya lleves cinco años haciéndolo, porque precisamente quién lo bloquea es “aquel que quiere cosas”, lo que se llama “el sujeto” en el Sistema-Mente. La práctica de “solo ser/estar” entre otras cosas incluye “no querer nada/no rechazar nada” y eso puede llevarse a extremos de sutileza que parecen no tener fin.

Otro aviso final, precisamente lo que ocurre durante la práctica es lo más irrelevante de todo. No debemos cegarnos con eso. Recordemos que se llama práctica, porque es para justo eso… practicas… ensayos… lo relevante es como cambia tu vida el resto de horas que no estás practicando.

Ese es el indicador directo y real de como van realmente las cosas, más allá de estados placenteros o experiencias nuevas e interesantes en condiciones “de laboratorio”. Y una buena descripció de esto (que no es mia) la veremos en el próximo texto del blog.



¿La mente no existe? (y II)
04/03/2017, 8:08 am
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>Impresionante la visión de que sólo lo subjetivo es Real. Nunca antes me lo había planteado así. Pensando en
>ello no puedo verlo de otra manera, es como tu dices.

Es parte de la adicción al intelecto. Hace que veamos más real nuestra teoría incompleta y provisonal sobre las manzanas que el sabor de una manzana. Pero al final para ti solo es real lo segundo.

>Pero siento que le falta algo. Quiero decir, lo subjetivo es una interpretación condicionada, (por todo lo que
>hablábamos, genes, drogas, cultura, etc)

¿Y si lo real fuera siempre una interpretación y no pudiera ser otra cosa? Que no hubiera ese “algo más” que es más real que lo interpretado. Que tal cosa no fuera alcanzable… que La Interpretación es La Realidad, y el origen de la interpretación no pudiera ser nada concreto que tú o yo podamos entender o captar…

El sabor de la manzana no existe separado de tus papilas gustativas. Simplemente no existe sin ellas, ni sin el cerebro que procese sus pulsos eléctricos. Ni sin otros mucho elementos.

No existe tal cosa como “el sabor de la manzana” aislado de todo eso que decíamos anteriormente. No existe en forma alguna. Es fundamental ser capaz de ver esto.

Así pues llegamos a la conclusión que “lo más real”, que ya hemos visto que es el sabor de la manzana, es una interpretación que depende de forma intrínseca de muchísismos elementos. Si falta cualquiera de ellos no hay “sabor de la manzana” en forma alguna.

Recuerda que en cuántica una partícula solo se define como algo concreto cuando es observada, ¿qué es antes? No lo podemos entender… potencialidades… ¿puedes ver la analogía? ¿Dónde está lo “real” de la partícula antes de ser observada? ¿seremos algún dia capaces siquiera de entender eso completamente?

> y podríamos decir que sólo es Real cuando no hay esa interpretación, cuando se percibe sin  sujeto, puritita experiencia de los sentidos, entonces es Real.

Es Real siempre. La experiencia pura es real y tu intelecto engañándote también es real.  Porque también es experiencia directa de una interpretación falsa. 🙂

Aunque algunas doctrinas plantean el viaje espiritual como un tránsito de lo no-real a lo real, como el hinduísmo, el budismo Mahayana (y especialmente Vajrayana) te invita a disfrutar de lo real desde ahora mismo. Pues toda tu experiencia es real. O al menos lo más real que jamás vas a captar.

La percepción es cierto que es manipulada por multitud de capas de cognición, el meditador entrenado puede llegar a “verlo” y convencerse, pero no hay una forma de percepción más real que la otra, simplemente está más procesada y podemos asociarle más o menos ignorancia (o sabiduría) al respecto de lo que significa.

Igual que si ves una cuerda y la confudes con una serpiente, la percepción no deja de ser real, pero su interpretación ha sido fruto de la ignorancia.

Tal como una alucinación es igual de real si la interpretamos como tal (alucinación) que si nos la creemos. Su realidad no cambia, nuestra interpretación sí, en un caso contiene más ignorancia que en el otro.

La carencia existencial que nos agobia (dukkha dicen en budismo) no surge de la irrealidad sino de la ignorancia. De ver la realidad desde el punto de vista incorrecto en prácticamente todos sus aspectos.

No sería por tanto una cuestión de “encontrar la esencia real” (como sí lo es en el hinduismo) sino de interpretación o entendimiento correcto de lo que está ocurriendo. Pero no un entendimiento solo intelectual sino vivencial y holístico.

En cierta manera se debe reaprender a vivir.

En el proceso, es cierto, profundizamos en nosotros mismos hasta llegar a lo más profundo de nuestras mentes, hasta eso que podríamos llamar “base” (ground en inglés) que creo que es mejor palabra que “esencia”, dados los postulados budistas.

Pero no es para encontrar algo más real que lo que teníamos en la superficie sino para harmonizar la mente en todos sus ámbitos con esos nuevos puntos de vista, y podernos entender como el todo (o la nada, es lo mismo) y no la parte.

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