El blog de 道


Baizhang Huaihai (la palabrería)
17/05/2017, 8:18 am
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Alguien preguntó: Si interpretamos los sutras correctamente, los Budas de los Tres Mundos odian los sutras, cada palabra, como si fuera la charla de demonios. ¿Qué hay de esto?

Baizhang dijo: “Si nos ceñimos a las circunstancias, los Budas de los Tres Mundos los odian; Y si buscamos en cualquier otro lugar fuera de ellos, es la charla de los demonios”

百丈懷海 Baizhang Huaihai (720-814)



Aldous Huxley
06/12/2016, 7:51 am
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Este es el regalo más grande que el hombre ha recibido o se ha dado a sí mismo, el don del lenguaje. Pero tenemos que recordar que aunque el lenguaje es absolutamente esencial para nosotros, también puede ser absolutamente fatal porque lo usamos de manera errónea. Si analizamos nuestra manera de vivir, descubrimos que, calculo, al menos el 50 por ciento de nuestra vida se malgasta en el universo del lenguaje. Somos como icebergs, flotando en un mar de experiencia inmediata pero proyectándonos en el aire del lenguaje. Los icebergs tienen alrededor de cuatro quintas partes bajo el agua y una quinta por encima. Pero, yo diría, que nosotros estamos considerablemente peor que eso. Diría que como mucho estamos en el 50 por ciento – y sospecho que algunas personas viven por encima del 80 por ciento en el mundo del lenguaje. Prácticamente nunca tienen una experiencia directa; Viven enteramente en términos de conceptos.


This is the greatest gift which man has ever received or given himself, the gift of language. But we have to remember that although language is absolutely essential to us, it can also be absolutely fatal because we use it wrongly. If we analyze our processes of living, we find that, I imagine, at least 50 percent of our life is spent in the universe of language. We are like icebergs, floating in a sea of immediate experience but projecting into the air of language. Icebergs are about four-fifths under water and one-fifth above. But, I would say, we are considerably more than that above. I should say, we are the best part of 50 percent — and, I suspect, some people are about 80 percent above in the world of language. They virtually never have a direct experience; they live entirely in terms of concepts.

Nota: posiblemente la situación ha empeorado notablemente en las últimas décadas con la aparición de la “sociedad conectada” que básicamente es una sociedad conectada a conceptos, casi todo el tiempo del que se  dispone. Es decir una forma de vida que nos permite eludir la experiencia directa de forma casi total. Las redes sociales, desgraciadamente no tienen nada que ver con la experiencia social directa, sino con los conceptos y las palabras.



¿Soy o no soy Buddha?
19/07/2015, 3:57 pm
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Para M. T.:


Hoy día, y digo hoy día puesto que este tipo de planteamiento no lo encontraremos en textos clásicos (buscad si no me creeis), es bastante habitual sobretodo en círculos zen o de nuevos maestros espirituales oír aquello de “tú ya eres buddha” o “tú ya estás iluminado”

Esa frase hace salir sarpullidos a practicantes Theravada o incluso Vajrayana tradicionales, pero realmente, como casi siempre, no hay tantos puntos de conflicto si analizamos un poquito lo que cada parte plantea.

En realidad la discusión, como casi todas, es una confusión de términos, simplemente cada uno llama “Buddha” a una cosa diferente, ¿cómo van pues a estar de acuerdo en un debate?

Quién afirma ser ya Buddha, está llamando Buddha a su naturaleza original (sin “yo”). Es decir a lo que en textos clásicos se llama naturaleza búdica, y otros, como por ejemplo Bankei llaman lo no-nacido.

Por supuesto, con esta definición de Buddha lo que dicen es absolutamente correcto, pues no hay yo. Y no es que haya que deshacerlo. simplemente no lo hay desde el principio.

Por el contrario quién afirma que no es Buddha todavía, está llamando Buddha al ser que ha reconocido totalmente su naturaleza búdica, es decir, que de forma integral todos sus planteamientos y acciones por pequeños que sean parten del reconocimiento instantáneo de su naturaleza no-nacida y sin yo.

Por supuesto, con esta definición de Buddha lo que dicen también absolutamente correcto, pues si no reconoces la ausencia de yo, de poco te sirve no tenerlo, sigues perdido en el espejismo.

No es que una definición sea más correcta que otra, y en todo caso no suele ser esa la polémica. La polémica surge de que dos personas discutan sobre un término aplicando cada una un significado diferente al término. En ese caso la discusión no tiene fin hasta que descubran su error…

Desde el punto de vista académico (que para mi tiene poca relevancia), dado que Buddha significa “el despierto” y que tradicionalmente (pongamos entre el siglo VI a.C y el XIX) no encontrareis nunca frases del estilo “todos somos Buddhas”, incluso maestros “alternativos” como Bankei, no se atrevieron o no vieron oportuno llamar a “eso” Buddha sino lo No-nacido… creo que el significado tradicional es el segundo (es decir, que a Buddha “se llega” no se es desde el principio).

Pero dejando eso de lado, veamos pro’s y contra’s del uso de la palabra de una u otra manera.

Por un lado decir que todos somos Buddha ayuda a deshacer el típico error de “querer eliminar algo” de nuestra naturaleza. No hay nada que eliminar, ni nada que añadir, no hay nada que mejorar, solo hay que reconocer lo que somos.

Pero a cambio, si se malinterpreta, puede llevar a actitudes del tipo: como “no hay nada que lograr” puedo “no hacer nada”, es decir, como ya soy Buddha me largo al cine en lugar de meditar. Y uno puede incluso autosugestionarse para ser feliz gracias a esa idea durante un tiempo limitado, pero el sufrimiento le atrapa pronto de nuevo…

También es cierto que esta idea puede bloquear, eso tan poco de moda y tan imprescindible, que es la propia auto-investigación de lo que realmente somos y nuestros patrones kármicos negativos (“¿Para qué voy a auto-investigarme si ya soy Buddha?”)

Pero es cierto que decirle a alguien que ya es Buddha puede ser un factor motivador para perseverar humildemente, pues ver la budeidad como algo divino e inalcanzable es un factor de bloqueo.

Por otro lado, hablando ya de la otra definición, decir que “hay que lograr llegar a Buddha” plantea problemas de práctica excesivamente orientada a objetivos. En realidad precisamente el camino incluirá (pero no es la única dimensión como a veces se dice) una progresiva reducción del interés en objetivo alguno, de la mano de una reducción de los apegos, también al de ser Buddha o no.

Así pues demasiado interés en el logro es negativo y actitudes de “nada que hacer” o peor, de “ya he llegado” mal encaradas también.

Tanto una actitud de “ya soy Buddha” y sigo la Vía humildemente y con perseverancia, como una actitud de “debo obtener la budeidad” pero practicando sin objetivos ni apegos, son válidas y han dado sus frutos muchas veces y en muchos individuales (si además estaban presente el resto de dimensiones de la Vía).

Fijaos en cual es el nexo de ambas actitudes: práctica, perseverancia, humildad, progresiva reducción de apegos… nada nuevo. Eso es lo que debe haber. Lo otro es secundario.

Resumiendo, en lugar de apegarte a palabras y definiciones “de tu secta” y rechazar el resto como erróneas, simplemente entiende de lo que se habla en cada caso y reflexiona sobre ello.

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Nombre y forma

Santi, que no comenta mucho por aquí pero de tanto en tanto me escribe en privado, me pide que comente algo inspirado en la idea de “Nombre y Forma”. Pues aquí vamos:

La Forma es vacuidad, la vacuidad es forma.

En el paradigma de algunas doctrinas orientales el mundo no es real. En esas doctrinas la forma simplemente no es nada, no tiene substancia o esta es 100% mental, pero ese no es el caso del budismo.

El budismo no postula un universo inexistente, sino un universo vacuo, sin forma ¿Cómo es ello posible?

Porque forma no deja de ser percepción. Esto puede sonar extraño hasta que profundizamos en lo que queremos decir por forma.

Ya cuando revisitamos el experimento Molyneux vimos que para nosotros “lo redondo” es un concepto mental creado a partir de la sincronía de dos percepciones/consciencias: la visual y la táctil.

Es decir que la forma redonda existe debido a al combinación de varias percepciones en un solo concepto mental. Por decirlo sencillamente: Forma es solo el concepto surgido de la coherencia entre lo visto y lo tocado.

Esa coherencia, que es por cierto lo que distingue la vigilia del sueño (por tanto la vigilia nunca puede argumentarse que es exactamente igual que el sueño), desde el punto de vista filosófico es precisamente lo que aporta el noúmeno.

Y digo filosófico porque es una hipótesis, que aún siendo razonable, parece indemostrable. Por tanto aunque indemostrable parece que existe algo “externo” a nosotros aunque inalcanzable, eso es el noúmeno.

Pero el noúmeno no tiene forma, la forma la hemos añadido gracias a la cognición y a la percepción.

La forma es subjetiva, si fuéramos un neutrino consciente, no tendríamos el concepto de forma, porque el neutrino no interacciona con las partículas que forman la materia… Pero nosotros sí…

Forma es vacuidad porque no es más que substancia mental, y eso es así debido a que tanto el concepto de “lo redondo” como las dos percepciones implicadas son substancia mental.

Hasta aquí estamos en un nivel pre-conceptual y quasi-consciente. Lo que ocurre queda quasi-fuera de nuestra capacidad consciente y apenas podemos intuir todo esto incluso tras años de refinar nuestra capacidad de auto-observación. Además es igual para nosotros que para un gato…

Entonces entra en juego el lenguaje simbólico…

Nace la palabra, el nombre, y pasamos a complicar esto un poco más. Creamos la palabra “pelota” y eso tiene diversas connotaciones.

Pasamos a empezar a “vivir” en un mundo simbólico. Aunque no existe “la pelota” y cada pelota es única y diferente, empezamos a trabajar con la idea platónica de que eso no es así, de que hay “categorías universales”.

Y además, como se encargan de recordarnos los taoístas, cuando creas el concepto “pelota” creas el concepto “lo que no es una pelota” y partes el universo en piezas que en realidad nunca han estado allí estrictamente.

Esa división simbólica es más profunda de lo que solemos creer y acaba tintando incluso la percepción, que se vuelve (hemos visto que parece ser que los sordos antes de tener lenguaje incluso lo recuerdan) también una representación simbólica.

Metafóricamente miramos y vemos árboles pero no el bosque.

El nombre, la palabra, nos permite reificar, cosificar los pedazos de realidad que nos parecen más relevantes y tratar la realidad como partida en miles de pedacitos que el lenguaje sabe gestionar. Esto, es tremendamente útil y convierte al ser humano en el dominador del planeta, pero va acabar creando el Samsara…

Todo este proceso que hemos visto, en muchas doctrinas se deshace justo en el orden inverso: primero se deshace la esclavitud conceptual, la esclavitud al nombre. Es lo que aquí suele llamarse no-conceptualidad y también permite recuperar esa percepción pre-simbólica. Es ese observador silencioso (no simbólico) del que tanto se habla hoy día.

Pero no hay que emborracharse de no-conceptualidad, ambas dimensiones deben convivir a menos que quieras retirarte totalment del mundo y olvidar “el lenguaje” como un yogi indio, o un gatito, por tanto en ese punto podremos se alternarán durante el día “sentir como un gato” o “pensar como una persona”, no reprimiremos ninguna de las dos opciones que han florecido, pues el pensamiento es un buen sirviente y ya no es el amo.

Mucho más raro, pero un practicante puede llegar a realizar la percepción como materia mental (no-dualidad en la percepción tal como indica el budismo Maha/Vajrayana) y entonces, como Avalokiteshvara en el sutra del corazón, podrá ver que la forma es vacuidad.



El pensamiento (de signos)
11/05/2015, 5:15 pm
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Si, tal como se suele sostener en espiritualidad, lo que llamamos pensamiento es solo lenguaje no exteriorizado, podría ser interesante  intentar obtener algo de información sobre como piensan los sordos de nacimiento (o al menos sordos antes de aprender un lenguaje), porque lógicamente si el pensamiento es solo lenguaje y su lenguaje es absolutamente diferente al nuestro, deberían pensar de una forma también absolutamente diferente.

Al final dejo un texto más amplio (en inglés pero creo que bastante traducible por robots), pero como es razonable pensar, el sordo, para poder razonar de forma conceptual debe usar un lenguaje, y en su caso, lógicamente es el lenguaje de signos.

Es interesante leer tal como comenta el artículo, que si se retrasa unos años ese aprendizaje, el retraso cognitivo (conceptual) puede ser irrecuperable, porque esa persona no ha podido tener pensamiento conceptual en absoluto durante sus primeros años de vida, que es cuando el cerebro es más modelable y sienta las bases de su funcionamiento.

No es que no pueda pensar… pero no ha podido pensar conceptualmente… “el pensar” es algo muy amplio aunque a menudo se confunda pensar con pensar conceptualmente (lenguaje) pero el caso es que el desarrollo de su pensamiento conceptual ha quedado totalmente bloqueado por no tener lenguaje…

Otro detalle interesante es que así como en nuestro caso, el pensamiento toma la forma quasi-auditiva del lenguaje que hablamos, en el caso del sordo el pensamiento toma forma quasi-visual (o gestual) del lenguaje que usa (de signos). Es decir, que la consciencia del pensamiento lingüísti-conceptual no es rígida y se adapta a la forma de lenguaje usado, que además. lógicamente, primero se aprende exteriormente y luego interiormente (o al menos surgen a la vez).

En ningún caso se aprende primero a pensar (conceptualmente) y luego a hablar sino al contrario (o en el mejor de los casos, a la vez), lo cual puede sorprender mucho a menos que te hayas convencido ya de que “eso” que llamas pensamiento es estrictamente lenguaje. En ese otro caso todo lo explicado es absolutamente lógico y cae por su propio peso…


The folks at issue here are both (a) profoundly and (b) prelingually deaf. If you don’t become totally deaf until after you’ve acquired language, your problems are … well, not minor, but manageable. You think in whatever spoken language you’ve learned. Given some commonsense accommodation during schooling, you’ll progress normally intellectually. Depending on circumstances you may be able to speak and lip-read.

About one child in a thousand, however, is born with no ability to hear whatsoever. Years ago such people were called deaf-mutes. Often they were considered retarded, and in a sense they were: they’d never learned language, a process that primes the pump for much later development. The critical age range seems to be 21 to 36 months. During this period children pick up the basics of language easily, and in so doing establish essential cognitive infrastructure. Later on it’s far more difficult. If the congenitally deaf aren’t diagnosed before they start school, they may face severe learning problems for the rest of their lives, even if in other respects their intelligence is normal.

The profoundly, prelingually deaf can and do acquire language; it’s just gestural rather than verbal. The sign language most commonly used in the U.S. is American Sign Language, sometimes called Ameslan or just Sign. Those not conversant in Sign may suppose it’s an invented form of communication like Esperanto or Morse code. It’s not. It’s an independent natural language, evolved by ordinary people and transmitted culturally from one generation to the next. It bears no relationship to English and in some ways is more similar to Chinese — a single highly inflected gesture can convey an entire word or phrase. (Signed English, in which you’ll sometimes see words spelled out one letter at a time, is a completely different animal.)

Sign can be acquired effortlessly in early childhood — and by anyone, not just the deaf (e.g., hearing children of deaf parents). Those who do so use it as fluently as most Americans speak English. Sign equips native users with the ability to manipulate symbols, grasp abstractions, and actively acquire and process knowledge — in short, to think, in the full human sense of the term. Nonetheless, “oralists” have long insisted that the best way to educate the deaf is to teach them spoken language, sometimes going so far as to suppress signing. Sacks and many deaf folk think this has been a disaster for deaf people.

The answer to your question is now obvious. In what language do the profoundly deaf think? Why, in Sign (or the local equivalent), assuming they were fortunate enough to have learned it in infancy. The hearing can have only a general idea what this is like — the gulf between spoken and visual language is far greater than that between, say, English and Russian. Research suggests that the brain of a native deaf signer is organized differently from that of a hearing person.

Still, sometimes we can get a glimpse. Sacks writes of a visit to the island of Martha’s Vineyard, where hereditary deafness was endemic for more than 250 years and a community of signers, most of whom hear normally, still flourishes. He met a woman in her 90s who would sometimes slip into a reverie, her hands moving constantly. According to her daughter, she was thinking in Sign. “Even in sleep, I was further informed, the old lady might sketch fragmentary signs on the counterpane,” Sacks writes. “She was dreaming in Sign.”




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