El blog de 道


Un camino espiritual no-dual: el yoga de no-conceptualidad, sencillez (y II)

El primer yoga puede ser completado sin considerar en absoluto en los principios de vacuidad budistas o de “el mundo es un sueño” del hinduismo. Solo requiere cierta capacidad de atención, mindfulness, meditativa, prajna y una buena orientación sobre lo que debe hacerse.

Entender que existimos más allá de los pensamientos no suena tan raro y ni siquiera te obliga a renunciar a nada o tener una determinada ética, tampoco te obliga a creer más planteamiento teórico que “soy algo más que un pensador”, lo cual suena hasta de sentido común.

Los subsiguientes yogas son diferentes y es en ellos (en el segundo y tercero) donde deberemos trascender todo el universo conocido nada menos. No es poco.

Así que deberás tener las condiciones kármicas adecuadas para que eso se dé pues no es ni mucho menos habitual que alguien se sienta capaz de hacerlo (vamos, que no quiere hacerlo). De hecho cuando hablo del yoga de no-conceptualidad con practicantes noveles suelo obtener respuestas de rechazo pues para ellos “su intelecto es muy importante”.

Bien, en esas condiciones no habrá progreso alguno en este yoga. Es una mera cuestión de apego, no hay elemento (qualia) alguno que pueda ser trascendido mientras no haya una completa, o al menos muy avanzada, ecuanimidad a su respecto. Ni el intelecto ni ningún otro. Y por desgracia no hay categorías, no puedes trascender el intelecto que te molesta y no hacerlo con aquel que tanto te gusta y que te hace sentir tan listo o sabio.

Así, el bloqueo en este yoga puede ser o bien el apego al intelecto o bien, no lo hemos dicho aún, que nos empeñemos en seguir con las prácticas del primer yoga, es decir parando el pensamiento intelectual (esto aparentemente me costó algún que otro año entenderlo bien, algún que otro año perdido… porque no conocía Mahamudra aún).

Todo surgimiento intelectual debe ser trascendido y para ello debe retirársele toda relevancia. Podríamos decir que debe haber un “abandono” del intelecto. No una negación del intelecto, mucho menos una represión, no ha, ni tan siquiera, de aparecer menos. Y si tu vida es agitada, no lo hará… seguirá apareciendo a menudo.

Es decir, uno no puede trascender algo que no está, no puede trabajar la trascendencia del intelecto en su ausencia. Sin intelecto no hay práctica del segundo yoga, por paradójico que parezca. Por supuesto en cada sesión, seguramente, acabaremos finalmente también en esa mente silenciosa, gozosa y presente, pero el trabajo de trascendencia del intelecto se realiza mientras este está presente.

Todo esto que hemos dicho, no es necesario forzarlo especialmente pues es la práctica en sí misma si se hace correctamente. Ocurre de forma natural si “nosotros” no pretendemos influir en exceso.

Cada vez que abandonamos (auto-liberamos) un pensamiento debe haber compromiso y sinceridad, no lo abandono porque sí o porque quiero ser un Buddha o como un autómata porque me lo han dicho, sino porque veo con claridad que ahora mismo es irrelevante para mi y cualquier conexión emocional con él es fuente de sufrimiento. Esto es parte de la vertiente vipassánica en las prácticas de solo-ser. Ver en tu experiencia, que lo que se dice es cierto.

Es decir, el contenido, la semántica de ese pensamiento también debe ser trascendida, no solo el pensamiento como tal (forma y contenido han de ser trascendidos).

La situación no es “Me descubro pensando en como resolver tal problema que me preocupa por N-sima vez, lo dejo ir pero el tema no es poco importante, me preocupa y me preocupa aún más no estar pensando en él”.

Eso no será suficientemente efectivo. Esa situación puede ser suficiente en el primer yoga, pero no será suficiente en el segundo.

En cambio: “Me encuentro pensando en como resolver tal problema que me preocupa por N-sima vez, lo dejo estar a su aire porque soy consciente de que no me aporta nada pensar por N-sima vez en ello, puedo abandonarme con tranquilidad a lo que deba pasar y seguir adelante solo-siendo”. Será efectivo. Ha de haber confianza en los principios elegidos pues ahora nos lanzamos al vacío, y no lo vamos a soportar a menos que haya confianza. Es la situación de saltar al abismo y esperar que nos crezcan las alas, hace falta mucha confianza en ello.

Es decir, no es suficiente con cumplir con cualquier práctica que se nos dé como si fuéramos un robot. Si los principios a aplicar no son vistos o realizados (y creídos), el progreso no ocurrirá. Por tanto en este yoga y subsiguientes, tu situación kármica será aún más relevante, tus creencias deberán alinearse si no lo estaban. Y para ello la herramienta es visión clara (vipassana). Ver realmente que eso es cierto y convencerte de ello. No es necesaria ninguna práctica formal vipassana al estilo Goenka, lo que es necesario es que te auto-observes y descubras si eso es cierto.

En algún momento cuando hablábamos de la meditación de no acción hemos dicho que en realidad estamos entrenando la desconexión de la emocionalidad reactiva respecto a la fenomenología, es decir la ecuanimidad absoluta. En este yoga debe consolidarse la ecuanimidad absoluta respecto al intelecto, para que en el siguiente se consolide la ecuanimidad completa (es decir respecto al resto de la fenomenología).

Durante este yoga también empiezan a ocurrir otros cambios relevantes. El principal quizá es que la fenomenología ya no se dividirá en “interna y externa” (por ejemplo pensamiento y lo visto) sino que esa frontera cae a mitad de este yoga más o menos.

No cae el teatro cartesiano porque sigue habiendo fenomenología por un lado y sujeto por el otro, pero cae la sensación construida de que hay fenómenos fuera y fenómenos dentro. Lo visto no me parece mas interno que el dolor de barriga, ambas cosas están ahí y no son ni internas ni externas.

No hay fuera ni dentro, pues todo es mente y eso se ve a mitad de este yoga porque (supongo) era también una sutil construcción intelectual.

La completitud de este yoga sí que ocurre con el colapso del teatro cartesiano, justo ese sujeto que “mira” los contenidos fenoménicos que ya no tienen dentro ni fuera, es el que desparecerá para dar lugar al yoga de no-dualidad o un-sabor.

En terminología Mahamudra es realizar la naturaleza o características de la mente (no su esencia que ya ha sido realizada, sino como es realmente: no-dual).

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Un camino espiritual no-dual- Los inicios: de la mente reactiva a la mindful

Usaremos un pequeño mapa que se inspira en las diez fases de la doma del buey zen para explicar el progreso a través de los distintos estadios de este posible camino espiritual. Aquí están sus dos primeras líneas:

 

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En nuestro mapa explicativo, la mente inconsciente se representa con el color rojo suave o rosa.

Y la mente consciente o mindful en amarillo.

El tamaño de las esferas pretende representar el tiempo que pasas en esa mente.

Es dudoso, que tal como pretende indicar la primera línea del gráfico, exista una persona que viva el 100% de su tiempo en la mente inconsciente. Sobretodo, porque como decíamos los aprendizajes complejos los hace la mente consciente o mindful, por tanto sin que esta se active aunque sea muy de tanto en tanto, parece difícil que una persona pueda ser funcional en nuestra sociedad.

Pero sí ocurre que antes del inicio del caminos espiritual esa mente mindful jamás se usa para evolucionar espiritualmente. Sino para temas puramente operativos mundanos.

Como hemos comentado antes, la mente inconsciente o reactiva es nuestro piloto automático. No es que tenga nada de malo, es rápida y consume pocos recursos, pero no facilita en absoluto la evolución, más bien al contrario, es una garantía de no evolución (ni espiritual ni del tipo que sea a nivel mental).

La mente inconsciente es aflictiva porque nuestros patrones automatizados de reacción son aflictivos. Ella no tiene la culpa, simplemente ejecuta el programa de Alaya, el programa que se ha ido construyendo a lo largo de nuestra vida y que nos dirige, pues inicialmente pasamos gran parte del tiempo en esta mente.

Si nuestro Alaya fuera perfectamente puro, nuestra vida inconsciente y reactiva (nuestra vida en la mente inconsciente) sería también pefectamente pura. Reactividad no implica nada más que reactividad… no tiene nada intrínsecamente malo.

Si nuestro almacén kármico (Alaya) posee patrones de reacción auto-destructivos y tremendamente aflictivos, así será nuestra mente inconsciente.

Y ella misma no puede cambiar Alaya. Para eso necesitamos la mente consciente.

Es por eso que el inicio del camino espiritual ocurre cuando, por algún azar (causas y condiciones realmente) se ha creado en Alaya una corriente que nos pide iniciar una evolución espiritual.

Y como tras leer u oír sobre espiritualidad, asumimos que debemos estar más conscientes de lo que hacemos, entonces la mente consciente o mindful empieza a aparecer más a menudo en nuestras vidas, porque revertir de la mente inconsciente a la consciente también es debido un patrón reactivo en Alaya. Cada vez que “recuerdas” que has de estar mindful, eso también ha sido Alaya.

Fíjate, mientras estamos en la mente inconsciente solo un patrón de reacción adecuado nos puede “enviar” a la mente mindful. Nunca lo hará la propia mente mindful pues no está (esta situación será similar con respecto a la mente despierta más adelante). Y para que la mente inconsciente o reactiva lo haga, tienes que haber creado patrones reactivos que provoquen eso…

Por eso hay quién usa anclas mentales o campanitas o notas personales para recordar que hemos de estar mindful. Es usar el mismo truco pero con anclas externas, pero Alaya hace lo mismo realmente… Y es mejor que lo haga Alaya, por eso no recomiendo las campanitas.

Con el tiempo, formal o informalmente se van estableciendo cada vez más anclas de ese tipo y eso nos enviará más a menudo a la mente mindful. Tú no te das ni cuenta pero lo haces. Quizá nunca estás mindful al despertarte y casi siempre lo recuerdas en la ducha. Si ocurre algo así, es que hay un ancla establecida en la ducha, pero no antes…

Es básicamente asociación, no de ideas en este caso, sino de un estímulos (la ducha) con una reacción (pasar a estar mindful). No diferente de lo que pasa cuando ves las llaves en la mesa antes de salir de casa y reaccionas para cogerlas (aunque en este caso puedes seguir en la mente inconsciente).

Y de la mente mindful a la inconsciente normalmente revertiremos por absorción en un estímulo externo, incluyendo especialmente el intelecto que aquí siempre se considerará externo pues es percibido.

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Un camino espiritual no-dual descrito en el marco conceptual del sistema-mente

Para aprovechar mejor este texto, aparte del propio Sistema mente, es recomendable leerse “La evolución de las tres mentes“, pues el objeto de estas entradas será armonizar ambos textos, o dicho de otra manera rehacer esa “Evolución de las tres mentes” ampliándola y adaptando la terminología al Sistema-Mente.


Empezando por el principio, ¿qué son esas tres mentes?

Pues en realidad son tres formas de trabajar del Sistema-mente y no tres mentes diferentes, solo hay una mente. Pero tiene varias formas de funcionamiento, algunas disponibles ya desde ahora y otra forma más adelante.

En los tres modos de funcionamiento, todo lo visto en el Sistema-Mente aplica igual, la mente sigue teniendo esas funciones, solo cambia sutilmente cómo estas funciones se relacionan o qué hacen.

Es decir, se asume que la mente de un Buddha tiene esas mismas funciones mentales que hemos visto, igual que tú o yo o Messi. Solo lo que hemos dado en llamar “el sujeto” desaparece, sería la única excepción, que no lo es, porque ya dijimos que ni tan siquiera es una función concreta, sino más bien un resultado co-emergente de una Alaya sin purificar y una inteligencia ignorante (de ciertos aspectos de la realidad).

Más aclaraciones, se dice en el título “un camino espiritual no-dual”, la hipótesis es que si se aplican doctrinas no-duales y meditación de no-acción (ver su descripción) los resultados son bastante comparables, incluso entre religiones enfrentadas, por eso no se concreta más allá de esto.

Así que en realidad si quisieramos decirlo bien sería “Un camino espiritual basado en planteamientos no-duales y cuya práctica meditativa fundamental sea la meditación de no-acción” pero era largo.

Los planteamientos no duales son aquellos en los que se afirma que la separación sujeto-objetos es ficticia (o solamente mental) y la liberación completa del sufrimiento requiere de la realización completa de esa realidad. Y adicionalmente, la práctica principal (a veces exclusiva, como en el Zen Soto que sería el caso más radical) es la comentada.

En ese ámbito cae también el Advaita Vedanta tradicional (pero no todo el neoadvaitismo, a pesar de su nombre) y las doctrinas mahayanas: Zen, Mahamudra y Dzogchen (sin exclusión de que hayan otras muchas que desconozco).

Seguimos.



La sutil diferencia entre disociación y trascendencia (y II)

Como hemos comentado en los apuntes sobre el sujeto (hace cuatro días) solo puede gestionarse algo cuando “se ve”, es decir cuando adquieres un pto de vista más elevado que permita a la inteligencia ponderarlo (que no al intelecto), y eso si os fijáis es básicamente el significado literal de trascendencia tal como hemos visto.

Para ponerse “más allá”, una técnica posible es la disociativa, ciertamente, pero ya hemos visto sus peligros o peculiaridades. Además siempre implicará “atman” pues no puede haber algo “no mío” sin que quede algo que posee.

Sin atman nada es tuyo, ni no tuyo, no aplica. Por eso en el budismo aplican nada o muy poco técnicas disociativas. Lo cual no significa que no haya budistas aplicándolas erróneamente. Los hay.

Una técnica más indirecta y sutil que la disociación, es la auto-liberación, que es la técnica favorita budista Mahayana (Zen, Dzogchen y Mahamudra la usan bajo este u otro nombre). Casi se podría decir que a nivel práctico la auto-liberación es la gran propuesta Mahayana, igual que los Jhanas concentrativos más la visión vipassana lo son en Theravada.

Por auto-liberación entendemos detectar el surgimiento de aquello que queremos trascender y “dejarlo ir” de la forma más ecuánime posible, es decir, sin darle carga emocional alguna, como si no existiera. Sin darle importancia alguna. El valor de la práctica aumenta cuanto menor carga emocional se añada a la auto-liberación.

Durante el proceso no concluimos que el pensamiento no sea mío, ni lo contrario tampoco. Solo lo auto-liberamos. Según la propuesta doctrinal budista porque “está vacío” (cuestión también muy discutible, pero cada doctrina tiene sus axiomas).

Así pues, la auto-liberación es un continuo “intentar ponerse más allá” del pensamiento. Y este es uno de los trabajos claves del primer yoga Mahamudra o los inicios de Dzogchen o el famoso Zazen, y debe hacerse hasta que ocurra el “click” (habrán diversos clicks menores antes) y quedes establecido de forma natural “más allá del pensamiento” cada vez que estés mindful. De hecho estrictamente en los inicios nunca estaremos más allá de ese pensamiento, pero se construye el espacio que nos permitirá estarlo poco a poco.

En ese momento el yoga de no-conceptualidad podrá ser ejercido y consistirá solo en mantenerse mindful sin bloquear ningún pensamiento, mientras que el yoga anterior, el de concentración solo permitía auto-liberarlos todavía no nos permitía trascenderlos (quizá a veces en meditación profunda ocurra) sino que cuando aplicamos mindfulness los bloqueamos, paramos la cadena argumental de forma brusca.

Es importante recalcar que aunque el pensamiento casi con seguridad parará al ser auto-liberado (si no lo hace, mejor) el objeto de la práctica no es pararlo (eso sería una técnica concentrativa) sino justo lo contrario, auto-liberarlo con ecuanimidad y si no para, mejor. Eso sí, siempre recordad que la atención ha de estar presente (mente mindful), el gran riesgo de la auto-liberación es que a veces se confunde con dejarnos ir con nuestros pensamientos y eso es justo no-meditar, es justo lo opuesto a lo que se propone, es sumergirnos en ellos y perder todo pto. de vista sobre ellos.

Pero trascender sigue teniendo un problema teórico para un budista, porque si buscamos un pto. de vista superior, ¿quien lo busca? ¿atman? ¿quién observa?

La respuesta no-budista es la inteligencia, que no es un atman (armada con su herramienta favorita, la atención) y es por eso que en la doctrinas Mahayanas en mucho ptos parece estar hablándose de un atman, como cuando se habla de “la base” o el “fondo” o incluso el Dharmakaya. Pero no debe olvidarse que para el budismo todo eso no es eterno, es compuesto, no es divino, etc… Y lo que puede afirmarse con la experiencia es que tampoco es el sujeto del teatro cartesiano (mucho menos el pensador de los pensamientos).

Como puede intuirse (y también se trató en los apuntes sobre el sujeto) a medida que trasciendas elementos cognitivos y perceptivos, “lo que queda” como pto de observación más elevado, se reduce, se va volviendo más profundo y sutil porque debes ir “más atrás” mentalmente para adquirir ese pto de vista.

Y ese mismo proceso es el que hace extremadamente sutil la sensación de un sujeto hasta que finalmente ya no puede aplicarse, lo que queda observando es tan sutil y tan desprovisto de la complejidad de un sujeto que solo podría llamarse sujeto por insistencia doctrinal (y hasta el Adv. Vedanta le cambia el nombre a Brahman).



Tres definiciones para karma (y II)

3. El karma son solo las marcas y patrones de comportamiento fijados en Alaya (llamado almacén kármico) que son generadas por las conclusiones obtenidas respecto a las situaciones que vivimos. Podríamos llamar a este karma, karma mental (o subjetivo).

Por tanto una acción o situación con contenido kármico sería una acción que “toca” y cambia a Alaya. Entonces tu karma actual es solo la situación de tu almacén kármico en un momento dado. Si haces algo que te haga sentir culpable, ese es tu karma, porque te sientes así. Da igual si finalmente fue algo bueno o malo para el receptor, lo único relevante es tu marca kármica que además tiene como única influencia los cambios en tus patrones de comportamiento a partir de ese momento.

Purificar el karma no sería tanto hacer buenas acciones como seguir la disciplina mental adecuada para limpiar a Alaya o como se dice aquí, ser íntegro, para evitar generar esas marcas en Alaya.

En este caso el libre albedrío no queda excluido aunque tampoco es necesario. Esta definición de karma no dice nada respecto a su existencia.

Los renacimientos, caso de existir, y tal como indica el Bardo Thodol, se guiarían más por nuestra actitud durante el bardo de la muerte que por otras cuestiones. Esa actitud será una consecuencia de nuestras marcas kármicas al morir, es decir de como es nuestro Alaya al morir. Así que los renacimientos no se guiarían tanto por nuestro karma ético (según en Bardo Thodol) como por la pureza de nuestra mente que en el bardo de la muerte elige no renacer o renacer de una manera u otra en función de sus tendencias kármicas. Así que curiosamente implícitamente el Bardo Thodol usa esta definición de karma y no el karma ético. Lo cual puede parecer sorprendente.

También es en este paradigma donde se puede decir que “un Buddha no genera karma (haga lo que haga)” puesto que por su situación mental no genera marcas nuevas en Alaya. En los otros dos casos no tendría demasiado sentido, incluso podría parecer insultante que en el escenario de un karma ético el Buddha quede excluido, por algún privilegio universal, de recibir castigo a pesar si hiciera el “mal”.

Cuando se habla de karma en el blog y no se dice nada más, se estará hablando normalmente de esta tercera opción (karma mental, subjetivo o situación de Alaya)

En diferentes sutras budistas se cambia la orientación entre karma ético, universal y mental, a veces incluso dentro de un mismo texto inadvertidamente… Aunque es cierto que el que predomina es el ético (sobretodo en el budismo primigenio) y luego los otros dos aparecen con más fuerza en los sutras y textos posteriores (Mahayanas) pero sin renunciar al karma ético y siempre tratándolos de forma más indirecta (no se dice explícitamente que el karma sea eso pero queda claro que no es solo el ético).

En todo caso, cuando hablemos o leamos sobre karma, es interesante tener claro a cual de las tres opciones se está hablando o si se están mezclando todas ellas.




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