El blog de 道


El vehículo, el conductor y el pasajero

A partir de un comentario anterior:

Diferentes doctrinas nos hablan de diferentes formas de entender lo que es realmente “el sujeto” (o lo que coloquialmente llamamos “yo”) y como se relaciona ese “yo” con lo que es exterior a él, lo que tradicionalmente podemos llamar “acción” y sobre la que todas las doctrinas han dado una propuesta sea via el concepto de “libre albedrío”, el de “no-acción”, el de “testigo eterno”, “origen inter-dependiente” o condicionado, etc…

Metafóricamente mapeando todo esto a un vehículo (la acción) y su conductor (el sujeto), tenemos que:

  • En las religiones teistas se supone que hay un coche dirigido por un conductor. Por tanto dónde llegues depende de ti, que eres el conductor. Ese conductor que es tu alma eterna se imagina como algo dentro de ti que lo conduce todo. Y a eso se le llama “yo” y se llena de características (se construye la persona o personalidad). Esa alma eterna estaría provista de libre albedrío que es una propiedad supra-terrenal (por eso la ciencia no la encuentra por lugar alguno) ofrecida por Dios a cada uno de nosotros. Y que no es un regalo, sino más bien lo contrario, porque  te convierte en responsable de todo lo que haces. De ahí que pueda existir el concepto de pecado y culpa, pues tú eres el responsable de lo que hagas. Es interesante también observar que para las religiones teistas todo tu “yo” (personalidad, defectos, ansias, traumas, etc…) es parte de tu alma eterna. Tu cuerpo no, pero todo lo mental sí… No se suele distinguir entre mente y alma, vienen a ser, si no lo mismo, casi.

 

  • En hinduismo, hay un coche pero con un pasajero en lugar de un conductor. Dios conduce el coche, y el pasajero es el no hacedor, el testigo eterno. Y a ese testigo completamente realizado se le llama Atman. Se imagina algo en tu interior que no conduce nada pero está ahí. Al menos hasta que se realice Brahman… En este caso es obvio que el libre albedrío no aplica. Si el vehículo lo conduce Dios, lo que pase es responsabilidad suya y no de Atman (aunque finalmente podrá verse que todo era lo mismo). Es por eso que en la India la idea de predestinación es tan fuerte. Está implícita en esta forma de ver el alma eterna y la acción. Finalmente para el hinduismo, tu alma eterna, atman está desprovista de tus características mentales y terrenales. Todo lo relativo es no-atman, pues el alma es pura y supra-terrenal, la mente gruesa (personalidad, defectos, ansias, traumas, etc…) son parte del juego de Dios y no de atman. En ese sentido el hinduismo tiende a prácticas disociativas (neti, neti, no soy mis pensamientos, no soy mis miedos, no soy mis alegrías, sufro pero no me afecta, etc…)

 

  • En budismo, hay vehículo y no hay nada más. El coche se auto-conduce en función de las señales de tráfico (origen inter-dependiente de la acción lo llaman), y no hay nadie dentro. Eso es Anatman. Por eso no hay “yo”, no es que no haya nada, es obvio que hay vehículo, pero es una compleja y compuesta mente/vehículo funcionando por origen inter-dependiente, es decir por lo que ocurre en cada momento más nuestro “programa” interno, que llamamos Alaya y que también se ha ido construyendo en función de las causas y condiciones pasadas (incluida la carga genética cuando aplicque). Del: “Yo soy yo y mis circunstancias”, el budismo diría “soy el resultado de mis circunstancias (presentes y pasadas) y no soy nada más”. El libre albedrío aquí claramente tampoco aplica, pero tampoco es Dios quién nos mueve. Una metáfora adecuada y habitual es la lluvia, que ni es dirigida por Dios, ni tiene “yo”, simplemente ocurre cuando se dan las circunstancias (presión, viento, humedad, relieve…). Anatman incluye todas nuestras características terrenales (personalidad, defectos, ansias, traumas, etc…) que no están ahí para ser disociadas sino purificadas. No para adaptarlas a ningún modelo ético construido por el intelecto sino para eliminar progresivamente el sufrimiento.

En estos dos segundos casos “nadie concreto, ningún sujeto hace nada”.

Según el hinduismo “en última instancia no haces nada” pues lo hace Dios, pero según el budismo esa expresión no tiene sentido porque no hay sujeto sobre el que preguntar eso, al igual que con la lluvia. Sonaría raro decir “la lluvia realmente no hace nada”… puesto que no es un sujeto activo (bueno, ni activo, ni pasivo, no es un sujeto). Pues lo mismo. Pero sí existen multitud de procesos mentales que todos juntos, actuando caóticamente y en conflicto, apareciendo y despareciendo, acaban decidiendo un curso de acción.

¿Quién decide acariciar al minino o ignorarlo? preguntas.

A estas alturas debería ser posible dar respuesta a eso tanto para el cristianismo (lo hace tu alma libre), para el hinduismo (lo hace Dios) como para el budismo (ocurre debido a que se dan las circunstancias). Para el budismo es solo un proceso mental que se impone sobre los demás, nada más… solo eso…  cuando tienes prisa o estás enfadado se impone uno y te vas, cuando estás relajado, ocioso o amoroso se impone otro y acaricias.

¿Quién decidió? Pues justo esas circunstancias comentadas más tu bagaje anterior (Alaya). Nadie concreto…

De ahí también nuestra más que conocida inconsistencia como seres humanos. Somos auto-contradictorios básicamente porque no somos. Es decir no hay capitán en este barco… (existe una anécdota zen sobre barcas a la deriva en la niebla que aplica bastante).

El concepto budista de Anatman lo que pretende revertir es esa idea que tenemos todos de que somos un alguien chiquitido que manda y gobierna, que se sienta en el trono del cerebro o de la mente, y va decidiendo qué hago y qué no hago. Ese enanito-rey no existe. No es que no sea el que creemos ser (el intelecto), esa es una verdad cierta pero parcial, es que no existe ninguno por profundo que lo busquemos.

 


Mini libro: Las tres mentes – Un modelo de evolución espiritual.

Creo que merece la categoria de mini libro pues son más de 30 páginas…

Integra gran parte de lo hablado al respecto en los últimos meses con mínimos cambios surgidos en su revisión.

Espero sea de utilidad.

Las tres mentes – Un modelo de evolución espiritual



4. La evolución de las tres mentes (y VI)

La evolución del Bodhisattva (Un-sabor y No-meditación)

 

 

 

 

Si toda nuestra senda carece realmente de mapa (a pesar de este miserable esquema), ahora además llegamos al terreno más inexplorado, menos descrito, aunque hay que decir que diversos autores Mahamudra han hecho un gran intento, quizá el más completo que existe en literatura espiritual clásica.

Poco más hay mínimamente detallado al respecto…

Aquí todo se vuelve más sutil, más desconocido y más cargado de mito.

Si tuviera que mapear algunas propuestas como los diez Bhumis del Bodhisattva o las categorias tradicionales de Sakadagami y Anagami a esta parte del modelo, que es donde en teoría corresponden, la verdad es que me costaría. No sabría hacerlo.

En el Zen no hay problema pues directamente no hay referencias escritas claras al respecto, con la posible excepción de los cinco rangos de Dongshan. El resto suele ser solo refencias poéticas, como cuando Dogen dice: Olvidarse a sí mismo es ser iluminado por todas las cosas. Que siempre me ha parecido una perfecta descripción de un-sabor o no -dualidad. Tú eres porque eres iluminado por todas las cosas. “Tú” es igual a todas las cosas.

El curriculum de koans Rinzai tampoco sabría encajarlo aquí.

Aún así, y  paradójicamente la doma del buey zen sí que incluye diversos estadios después del “buey domado” dejándonos claro, que incluso tras estabilizar totalmente el despertar, sigue quedando camino por recorrer.

Esta parte comenzaría con la viñeta de la doma del Buey que afirma “Hombre y Buey olvidados”.

Si el Buey es la mente despierta. Uno entiende su doma, incluso puede entender con facilidad la viñeta en la que se dice “Hombre olvidado”, es decir cuando nuestra identidad pasa a ser “el Buey”.

Pero ¿qué se quiere decir cuando se olvida también al Buey? ¿nos olvidamos de la mente despierta?

Sí, en cierta manera sí. La mente despierta solo existe por contraste con las otras mentes. Si fuera nuestra única mente, no necesitaríamos destacarla.

Pero es que además el proceso de auto-referencia individual compulsiva desaparece aquí. Nuestra Presencia se deslocaliza, dejamos de tener un centro y dejamos de hacer auto-referencia en gran medida pues no sabríamos sobre quién o qué hacerla… No hay centro, ni persona, ni buey. La mente despierta deja de ser un “yo”, un alguien, por sutil que sea.

Y el pensamiento reactivo deja de pertenecer a otra mente, pues la mente inconsciente desaparece también. El pensamiento reactivo, el poco que queda, ocurre dentro de la mente despierta. Dentro de La Mente a partir de ahora, pues no hay otra. Y no hay nada que no lo sea.

Que tal pensamiento reactivo acontezca no debe preocuparnos, recordad que la mente despierta no tiene por qué apegarse a él… Acontece o no en función de causas y circunstancias, lo que en budismo se llama “Origen inter-dependiente”, igual que vemos u oimos por origen inter-dependiente.

No debe preocuparnos en absoluto. En ese momento todas los contenidos mentales son de un-sabor, pues todos ocurren de la misma manera y tienen la misma capacidad de absorbernos. Deberemos acostumbrarnos a otro manera de existir, pero nada más.

La ausencia de centro y sensación de ser todo el contenido mental también son indicadores que se usan para la realización de Brahman, así que en mi opinión sería la misma. También se usa la palabra Samarasa para lo mismo.

Aquí, por primera vez podemos quizá decir con cierto criterio que alcanzamos lo que tradicionalmente se llama no-dualidad. No antes. La myoría de referencias de no-dualidad que leereis son realmente no-conceptualidad. Un análisis serio lo revela rápidamente. En las descripciones de no-dualidad habituales encontraremos referencias al testigo, espejo, consciencia pura, no implicación, etc… Todo eso no tiene sentido en no-dualidad, no hay espejo, no hay testigo, no hay centro…

Realmente ahora el sujeto apenas existe, o al menos es ilocalizable, y la situación es de igualdad de todos los contenidos mentales. Lo cual reafirma mi impresión de que realmente hablamos de la misma realización que se denomina Brahman en Vedanta.

Y nos queda el último punto: No-meditación que totalmente perfeccionada es para Mahamudra la mismísima budeidad (Arahant en budismo primigenio).

Budeidad con residuo tal como dicen en el Tíbet, pues la budeidad final, sin residuo, según la tradición solo se alcanza tras el parinirvana. Nadie es perfecto en este plano, realmente. Un Buddha tampoco… aunque vive de forma notablemente plena y gozosa…

En este punto (final en las tradiciones y final en el esquema) la Presencia absolutamente perfeccionada se impone completamente y el pensamiento reactivo desaparece.

Solo existe La Mente, La Presencia y podemos olvidar el resto, ya podemos matar al Buddha, no existe diferencia notable entre meditación y no meditación, y simplemente nos queda retornar al mercado, pues ya sabeis que tras todo esto nos dedicaremos a tareas absolutamente trascendentales:

Cortar leña y acarrear agua.

¿Acaso se podría pedir más?

 



4. La evolución de las tres mentes (V)

3. Auto-realización

Seguimos progresando en nuestro camino espiritual y de alguna manera ahora repetimos el proceso realizado con la mente mindful pero ahora con la mente despierta.

Tras un primer kensho hemos de ser, primero capaces de identificar la situación, captar el aroma de la mente despierta. Segundo, ser capaces de volver a la mente despierta. Quizá las primeras veces pasen meses entre un kensho y otro, o quizá tengas suerte, tengas una sensibilidad interior notable y tras captar la mente despierta seas capaz de volver a ella a menudo y durante bastante tiempo.

En todo caso estamos domando el buey zen. Cada uno a su ritmo.

Ahora la práctica se vuelve gozosa, pues la mente despierta, al contrario que la mindful es un lugar maravilloso en el que vivir y que, aunque se pierde, se mantiene sin esfuerzo. Solo hay que evitar ansiarla en exceso cuando la perdamos y seguir nuestra práctica de forma humilde, tierna y perseverante.

En cierta manera en algún momento hay un cambio de tendencia en nuestra práctica. Eso ocurre cuando en lugar de  guiarnos la voluntad, esfuerzo y dedicación, la práctica se vuelve algo sencillo, gozoso, que ocurre por sí mismo y que nos atrae más que la propia realidad externa.

A este punto me refiero cuando a veces comento que en un momento dado todo empieza a ir “cuesta abajo”.

Si anteriormente todo parecia costar y al sensación era de ir cuesta arriba, para llegar con esfuerzo a no se qué lugar, o caer atrás en cuanto nos despistemos, a partir de cierto punto la práctica es tan gozosa que se desarrolla prácticamente sola. Ese es el punto dulce en que, si estamos bien orientados, difícil será que no haya evolución. Y ya no habrá marcha atrás.

El momento del Kensho, en mi opinión coincide también con el “Camino de Ver” tibetano (el tercero de cinco).

De forma suficientemente homogénea coincide etimológicamente con Kensho (que recordad que es Ver nuestra naturaleza).

Y también sería equivalente a la entrada en la corriente (Sotapanna) o entrada en la corriente del budismo primigenio, que indica también bellamente ese nuevo fluir que ocurre, donde el practicante ya siente o empieza a sentir lo que es realmente fluir con la realidad sin oponerle resistencia.

Y por tanto esta realización te convierte en un Arya según nomenclatura clásica budista (pues ya no eres un ser ordinario).

La maduración total de esta fase ocurre en ese momento puntual en que la mente despierta deja de ser el estado “al que vuelves” y pasa a ser tu estado base. Ocurre un cambio identitario y sientes que pasas a ser la mente despierta, igual que antes sentías que eras la mente mindful que esporádicamente pasabas a ese otro estado o a la inconsciencia. Ahora ocurre justo al revés y tu eres la mente despierta, que revierte a la mente inconsciente muy puntualmente, y a eso aquí lo llamaremos auto-realización. Porque en nomenclatura tradicional es “reconocer quién eres”.

Esta realización coincide perfectamente con la descripción de Atman Vedanta y algunos maestros modernos como Ed. Muzika la describen de similar manera.

Así que, de ser todo esto cierto, atman vedanta y anatman budista, no solo son compatibles sino que en realidad se realizan en el mismo momento y son la misma cosa…¿increible? ¿paradójico?

Son solo opiniones, cada uno tendrá la suya…

Atman claramente apunta a que nuestra identidad es solo-ser (sat-chit-anada).

Y anatman claramente apunta a la relización de nuestra realidad más esencial.

No es raro pues que algunas ramas budistas, en concreto las llamadas Shentong, o de “otra vacuidad”, afirmen como el vedanta que esa esencia búdica no es mundana sino “de otra categoria existencial”. Aunque el planteamiento ortodoxo budista sigue siendo que esa esencia es compuesta e impermanente.

Curiosamente la mente inconsciente no desaparece del todo. Seguimos revirtiendo a ella de forma puntual, más esporádicamente pero revertimos. O al menos esa es mi experiencia y no está mi ánimo intentar hacer que las cosas parezcan més perfectas de lo que son.

Pero es que no hemos terminado.

(continua)



4. La evolución de las tres mentes (IV)

Seguimos en este segundo bloque y pasamos a la parte inferior (ver imagen en la entrada anterior).

Ahora “vemos el buey” como dicen nuestros amigos del Zen. O pasamos al segundo yoga Mahamudra el que llaman de “Sencillez” o de “No elaboración” (niṣprapāncha) en el que se nos muestra, según ambas tradiciones, nuestra esencia. Eso que llamamos aquí “la mente despierta”.

Asumo que el segundo yoga Mahamudra toma su nombre del hecho que, dado que ahora podemos existir separados de los contenidos mentales, nuestra existencia interior pasa realmente a volverse realmente sencilla, no elaborada, nos liberamos de los contenidos mentales. Solo Ser es realmente la mismísima sencillez. Bueno y porque se afirma que en este yoga realizamos nuestra esencia.

El evento en sí, del Despertar o Kensho, es y no es espectacular. No lo es porque no van a aparecer visiones de dioses, planos astrales, ni ninguna maravilla por el estilo, incluso porque a nivel del cambio mental lo que ocurre es mínimo, pero siempre que se vive por primera vez, maravilla.

Y como se comentaba hace unos días, todo cambia porque aunque seguimos estando en tierra de nadie,  quizá más que nunca, pues el Kensho se pierde, ahora sabemos con seguridad que hay otras formas de existir.

Reconocida la mente despierta como tal, que no es poco, debemos en primera instancia aprender a volver a ella.

Aquí suele surgir un problema de ansiedad, porque tal como hemos dicho, las emociones negativas nos bloquean el acceso a la mente despierta, por tanto la ansiedad por volver a ella, incluso de baja o bajísima intensidad, nos aleja de ella.

Lo que en el sistema-mente llamamos “el sujeto” aquel que desea, ansía y quiere cosas, debe apartarse para dejar surgir la mente despierta, esto sería equivalente al “dejar ir”, abandono, entrega, surrender, etc.. predicado por los maestros.

Este problema del perderlo por las ganas de llegar a él, es tan habitual que en inglés le han puesto nombre, es el síndrome de “I’ve got it, I’ve lost it” (lo tengo, lo pierdo).

Esta situación aparte de frustrante, suele sorprender porque todavía se cree en la idea de la iluminación total, súbita y permanente, aunque tal cosa no existe que me conste… y a menudo el practicante cree que falla algo en él en concreto, cuando en realidad todo va sobre ruedas y en la dirección correcta… si uno deja de ansiar objetivos… y tal como muestran los modelos tradicionales usados aquí.

Otra posibilidad habitual de esta situación es que el practicante acabe, ante la imposibilidad de revivir la experiencia, convencido de que “esto ocurre por Gracia Divina o Azar” y se relaje pues él no puede hacer nada. Esto no está mal siempre que el practicante continúe con sus prácticas pues tenemos una situación favorable: “humildad, relax, entrega y práctica diligente”…  pero si  sigue con su vida anterior porque “no depende de él” y abandona la práctica porque cree que no aportó nada al Despertar, entonces su camino espiritual termina ahí y siempre recordará con cariño esa “Gracia Divina” que una vez recibió y que nunca volvió…

No digo que no se pueda tener un Kensho sin práctica, puede ocurrir y ocurre, pero sí digo que no es posible estabilizarlo sin práctica, o al menos que así es para la mayoría de los seres humanos.

Finalmente otro escenario posible a estas alturas, sería creerse un iluminado o algo cercano a ello porque se ha pasado por esa experiencia, y por tanto puede dedicarse a hacer de maestro y abandonar esa “humildad, relax, entrega y práctica diligente” construyendo un nuevo personaje del que volverse esclavo. Un personaje que si además tiene la desgracia de no poder profundizar en su despertar, además será una estafa para todos, especialmente para él mismo.

(continua)




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