El blog de 道


El quinto patriarca Zen nunca tuvo naturaleza búdica
26/02/2021, 7:07 am
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El cuarto Patriarca saludó al chico diciendo: ¿Cuál es tu apellido?

El niño respondió: Aunque tengo un apellido, no es un apellido convencional.

Entonces el Patriarca preguntó: ¿Y cuál es ese nombre?

Respondió: Es la naturaleza de Buda.

El Patriarca dijo: Tú no tienes la naturaleza de Buda.

El niño respondió: Debido a que la naturaleza de Buda no tiene nada que pueda ser poseído, por tanto, dices que yo no la tengo.

El patriarca sonrió.

– Extracto del Shobogenzo


El niño tenía siete años y acabó siendo el quinto patriarca.

Y es también la respuesta conceptual al problema del koan Mu (pero no la resolución del koan)



Uji: Ser-tiempo (I)
25/10/2020, 7:07 am
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Uji, Ser-tiempo de Eihei Dogen

A veces de pie en la cima de la más alta cúspide,
A veces moviéndose en el fondo del más profundo océano,
A veces tres cabezas y ocho brazos,
A veces los diez y seis pies o los ocho pies del cuerpo dorado,
A veces un báculo, o un matamoscas,
A veces un pilar, o una linterna de piedra,
A veces el tercer hijo de Chang o el cuarto de Lee,
A veces la Tierra y el Espacio.

“A veces” significa el tiempo es existencia y la existencia es tiempo. Un cuerpo dorado de diez y seis pies es tiempo; y porque es tiempo, posee el brillo resplandeciente del tiempo. Debemos de entender esto como las doce horas del día, simplemente. Las tres cabezas y los diez y ocho brazos son el tiempo mismo. Y porque son el tiempo son inseparables de las doce horas del día.

Aunque no calculemos las doce horas del día como cortas o como largas, próximas o lejanas, de todos modos las llamamos las doce horas del día. Porque el ir y venir del tiempo son obvios, nadie duda de ello. Nadie duda pero esto no significa que entienden. Nuestras dudas como seres sintientes, acerca de esto o de aquello, no son nunca las mismas. Por lo tanto, el tiempo pasado de nuestras dudas no siempre coincide con lo que dudamos ahora. Aún así, las dudas no son más que tiempo. (1)

La manera en que uno mismo se forma es la forma del universo entero. Cada cosa en el mundo es un “momento del tiempo” (ji-ji: tiempo-tiempo). Las cosas no se obstruyen entre sí, los momentos del tiempo nunca son un obstáculo el uno para el otro. Hay mentes hechas en el mismo momento del tiempo y hay momentos del tiempo en los que la misma mente se hace. Lo mismo sucede con la práctica y la realización. Es así como uno mismo formándose a sí mismo se ve a sí mismo. He ahí el entendimiento de que uno mismo no es más que tiempo. (2)

Hay que entender que de esta manera hay innumerables formas y cientos de hierbas a través de la Tierra entera; y que, sin embargo, cada forma y cada hierba es la Tierra entera. Esto hay que entenderlo, pero en la práctica, desde la práctica. Cuando se está en el ámbito concreto de eso, sólo hay hierba y forma, sólo hay entendimiento de la forma y “no entendimiento de la forma”, entendimiento de la hierba y “no entendimiento de la hierba”. Y puesto que no hay nada más que justo este momento, ser-tiempo es el tiempo del universo entero. Ser-tiempo y ser-forma no son más que tiempo. La totalidad de la existencia, la totalidad del universo existen en cada momento del tiempo. Nada se aparta ni se queda fuera del universo en este preciso momento. Observad y meditad profundamente en eso. (3)

Aún así, una persona que no entiende el Buddha-dharma y oye hablar de la expresión “ser-tiempo”, piensa para sí de esta manera: A veces llego a ser un demonio furioso de tres cabezas y ocho brazos; y otras llego a ser los diez y seis pies u ocho pies del cuerpo dorado del Buddha. Es como habiendo cruzado los ríos y subido las montañas: aunque las montañas y los ríos existen todavía yo pienso que los he dejado atrás, y que ahora resido en el “preciado palacio” y en la “torre de bermellón”. Y me digo que aquellos ríos y aquellas montañas están tan lejos de mí como el cielo de la tierra. Pero resulta que las cosas no son tan simples. En el tiempo en el que las montañas fueron escaladas y los ríos atravesados vosotros estabais presentes. El tiempo no está separado de vosotros. Y así como ahora existe, el tiempo jamás se aleja; así como el tiempo no está marcado por el ir y venir, el momento en el que ascendisteis a las montañas es el ahora mismo de lo que el tiempo es. ¿Acaso este ser-tiempo no se engulló el momento de ascender la montaña y el momento en el que residisteis en el preciado palacio y la torre de bermellón? ¿Acaso este ser-tiempo no devolvió, al modo de un vómito, este mismo ahora del ser-tiempo? (4)

Tres cabezas y ocho codos son el tiempo de ayer. Diez y seis u ocho pies son el tiempo de hoy.

De todas maneras, la verdad de ayer y hoy se manifiesta, simplemente, en el momento en el que entrando a las montañas, yo veo en torno a mí los miles y miles de picos de las montañas.

Y es así como lo que pasa nunca pasa. Por tanto, seis cabezas y ocho codos son también mi ser-tiempo en un mismo momento. Aunque parezcan lejanos, ellos son el ahora mismo. Diez y seis u ocho pies son también mi ser-tiempo en un mismo movimiento. Aunque parezcan muy, muy lejanos, ellos son el ahora mismo. Del mismo modo, el pino es también tiempo, el bambú es también tiempo. (5)

Seguimos


(1) “A veces” implica que “otras veces no”, luego significa cambio. El tiempo es cambio, no hay otro símil más conciso.

(2) Pero a la vez, uno mismo, solo puede ser definido por sus cambios, luego es tiempo.

(3) Una interesante formulación del “ahora”

(4) El tiempo no está separado de vosotros, vosotros sois tiempo.

(5) Existe un flirteo continuo del texto con la idea del “universo-bloque”, pues lo razonable es que todos los tiempos pasados, dado que fueron ser-tiempo, siguen ahí, en su momento, a falta de una forma mejor de decirlo.



EL “TRUCO” DE LA LIBERACIÓN (y II)

Y eso haciendo referencia solo a estadios de madurez.

Si valoramos otros aspectos respecto a las tendencias de cada individual, como por ejemplo la disyuntiva “yo” vs. “no-yo”, dado el camino medio budista, el maestro que vea en su discípulo tendencias al nihilismo le hablará de su ser, el maestro que vea en su discípulo tendencias al eternalismo o conceptualidad, le hablará del “no-ser”.

Y es perfecto, así debe ser.

Sin embargo al leer, el nihilista solo quiere leer sobre el no-ser y el eternalista sobre el ser, pervirtiendo completamente, dando completamente la vuelta, a lo que el maestro  intentaba. Y todo eso por escoger las respuestas que no son para ti… porque al escoger tú, escoges las respuestas que más te encajan y descartas las demás…

Es totalmente humano y comprensible, pero te mantiene dando vueltas en el Samsara.

El maestro va a darte las respuestas que no quieres oir… Es su función, detectar tus desviaciones y corregirlas. Pero tú, dejado a tu criterio pre-existente, vas a elegir las que quieres oir… e ignorar las otras… incluso aunque las leas de su puño y letra… es muy habitual.

Esa es la razón por la que se ha dicho de Ramana, que “no era coherente, que le decía cosas diferentes a cada persona”.  Y de hecho existen multitud de razones para ello. Es correcto que le diga cosas diferentes a personas diferentes. Reitero, la “queja” parte de un axioma incorrecto y es que todo el mundo debe recibir el mismo consejo en todo momento… Y eso como hemos visto es falso aunque es una idea muy extendida. Es otra prueba más de la progresiva pérdida del camino espiritual en una sociedad, disculpadme, cada vez más desorientada por el exceso de información y más simplista, en plena decadencia mental…

Una prueba de la degeneración del Dharma es ser capaz de ver que en el siglo XI en el Tíbet se escribían tratados Mahamudra de una complejidad y profundidad que hoy día pocos son capaces siquiera de entender, no ya escribir. Pero no es una carencia del budismo sino de la sociedad en general, ocurre exactamente igual con el Advaita Vedanta, la complejidad, detalle y riqueza de los textos de Shankara (siglo IX) está a años-luz de los modernos maestros neoadvaitas. Y el Dzogchen ya ha iniciado su declive de  hiper-simplificación hacia el neo-dzogchen, lo vamos a ver en los próximos años, como siempre ha empezado por USA… pero no se va a detener; y el Zen Soto no anda muy boyante, con la auto-complacencia en la ausencia de resultados del “nada que liberar” y “ya somos Buddhas“.

Las vías directas (Advaita, Dzogchen y el Zen de Dogen) tienen un gran potencial de degeneración, pues parecen ofrecer todo por nada, y finalmente, por ser los vehículos más sutiles, más elevados, si no se tienen las condiciones kármicas adecuadas suelen dar como fruto nada a cambio de nada.

Pero claro, hoy día ¿quién va a renunciar a los vehículos más elevados por otros menos directos y humildes? ¿acaso no estamos todos seguros de que somos seres excepcionales? 🙂

Volviendo al tema, quizá la doctrina que más trabajó está diferenciación de diferentes prácticas según los tipos de personas fue el budismo Vajrayana, con multitud de prácticas intentando adaptarse a todos los tipos de personas, por ejemplo distingue tres subcategorias de individuales: los seres ordinarios, los que se adelantan continuamente y saltan fases no consolidadas, y los extraordinarios de tipo instantáneo.

El error en la aplicación de las vías directas, es que solo son aplicables a individuales instantáneos o notablemente excepcionales, y de esos hay pocos. El éxito de uno, atrae a miles que probablemente no lo son.

El individual exitoso tampoco entiende la situación y, ascendido a maestro (cuando no lo es, pues un maestro no es alguien que ha despertado, sino alguien que sabe hacerte crecer espiritualmente), informa a todo el mundo de que no deben hacer nada concreto… y nada concreto cambia en los otros miles.

Por citar alguna cosa más, en Mahamudra podrás ver que se distinguen hasta doce estadios (4 yogas con 3 subdivisiones) muy concretos de evolución y aunque las prácticas no cambian radicalmente en cada estadio, sí que hay cambios, y es relevante conocerlos.

Y creo que ya se ha agotado lo que quería comentar al respecto.

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Los ocho principios vitales de los grandes seres ( y V)
14/06/2016, 7:35 am
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[…]

Estas fueron las últimas palabras del gran maestro Sakyamuni Budha; este es el corazón de la enseñanza Mahayana. En la medianoche del quinceavo día del segundo mes, dijo:

Monjes, buscad siempre la liberación con todo vuestro corazón. Todas las cosas en el mundo, se muevan o estén quietas, son impermanentes y están destinadas a la destrucción. Guardemos un momento de silencio. El tiempo pasa rápidamente. Ahora voy a entrar en el parinirvana. Estas son mis últimas palabras.

Después de haber pronunciado estas palabras, no proclamó ningún dharma más. Entonces entró en el parinirvana.

[…]

En las eras del Dharma correcto y del Dharma aparente todos los discípulos de Buddha conocían estas enseñanzas y las practicaban. Pero, hoy día, los monjes que las conocen no llegan ni siquiera al uno o al dos por mil. ¡Qué lamentable! No obstante el verdadero Dharma prevalece en los mil millones de mundos y la enseñanza pura de Buddha sigue intacta, sin  haber sido erosionada por el tiempo. Por lo tanto deberíais empezar a practicar inmediatamente estos ocho principios.

[…]


Terminado de copiar el segundo día del quinto mes lunar del año del mono de fuego. Pirineo de Andorra.



Los ocho principios vitales de los grandes seres (IV)
12/06/2016, 7:40 am
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El séptimo principio es el cultivo de la sabiduría. La sabiduría surge de la práctica del Dharma que uno ha oído, contemplado, practicado y realizado.

El Buddha dijo:

¡Monjes! si alcanzáis la sabiduría, os liberaréis de la codicia. Practicando la auto-observación evitaréis errores y alcanzaréis la libertad en el Dharma que os he enseñado. Si no cultiváis la sabiduría, no podréis ser considerados practicantes budistas, seáis monjes o laicos.

La sabiduría es una sólida nave que os permite atravesar el océano de la vejez, la enfermedad y la muerte; es una excelente medicina para todos los que están enfermos; es un hacha afilada que corta el tronco de la ilusión. Podéis profundizar en el despertar gracias a la sabiduría que surge de la escucha, de la consideración y de la práctica del Dharma. La luz de la sabiduría os permite tener una visión clara, aun utilizando los ojos físicos. Este es el sentido de “cultiva la sabiduría”.

El octavo principio consiste en evitar las discusiones vanas. Esto significa trascender el pensamiento discriminatorio y buscar seriamente la comprensión de la verdadera naturaleza de todas las cosas. A esto se le llama “evitar las discusiones vanas”.

El Buddha dijo:

¡Monjes! Si entráis en discusiones vanas, vuestra mente se nublará. De esta forma no alcanzaréis la liberación aunque seáis monjes. Por lo tanto, dejad inmediatamente de confundir vuestra mente con discusiones vanas. Si queréis alcanzar el gozo de la serenidad, tenéis que curaros las enfermedad de las discusiones vanas. A esto se le llama “evitar las conversaciones vanas”.

(continua)




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