El blog de 道


El deseo (y III)
16/03/2018, 7:07 am
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Todo esto es sutil, cierto. Nadie dijo que por poner una palabra a algo lo hagamos más fácil. Cuando conceptualizamos algo, cuando le damos una palabra, creemos haber avanzado algo en su entendimiento cuando en realidad no hemos dado ni un paso en esa dirección. Incluso al contrario, hemos ocultado la complejidad de lo real bajo una sola palabra que lo simplifica artificialmente cuando nunca fue simple…

Entender la naturaleza de lo que llamamos “deseo” es relevante. Vale la pena reflexionar sobre ello y especialmente observarse a uno mismo en las situaciones en que aparezca. Viendo de la forma más ecuánime posible, cuando y por qué se genera insatisfacción…

Quizá sería incluso mejor hablar de expectativas que de deseo. Las expectativas son aflictivas.

Una expectativa es un proceso mental que prevee el alcance de un objetivo.

Y dukkha (sufrimiento) es la frustración surgida del contraste entre la expectativa y la realidad. Por tanto sin esa expectativa no hay dukkha (en este caso y por este motivo).

La ausencia de expectativas por aquí también la llamamos no-intencionalidad y de forma clásica oriental se ha llamado WuWei (no-acción).

Otro ejemplo:

Yo puedo trabajar para acabar con el hambre en el mundo sabiendo que no lo lograré. Si no genero expectativas al respecto, mi trabajo puede ser dichoso a pesar de su dureza.

Pero si continuamente genero rechazo a la situación actual de gran desigualdad en este planeta (donde el hambre no se va a erradicar a corto plazo a pesar de que hay comida para todos) entonces sufro continuamente… Es una forma de convertir una acción virtuosa en una tortura…

Conozco personas realmente devotas de ayudar a los demás que sufren mucho porque no aceptan que siga habiendo hambre y dolor en el mundo.

Y al revés, haciendo lo mismo, una persona sabia es tremendamente dichosa, pues sabe el valor de lo que está haciendo… sin expectativas…

Respecto al camino espiritual: evidentemente para transitarlo y mantener la motivación hay que “querer” liberarse o algo parecido. Y eso, cierto, es un deseo o expectativa, pero si lo dejas como una expectativa sobre el destino final del viaje, y no te preocupas demasiado de como van las cosas por el camino. sino que simplemente el objetivo te sirve como punto de referencia para seguir motivado, entonces no hay problema. No sufrirás en exceso.

Eso sí, mejor ser “humildemente perseverante” frente a “ambiciosamente perseverante”. Con ello reducirás tu sufrimiento. Es otro ejemplo de como una actitud íntegra nos ayuda durante el camino. En este caso vía el paramita de la humildad.

Pero si continuamente, te vas preocupando de crear expectativas parciales que no cumples, sufrirás en exceso. Eso tampoco es preocupante a menos que ese sufrimiento te bloquee el progreso o directamente te haga abandonar la senda. Porque el sufrimiento es una gran escuela espiritual para quién ya ha decidido que es solo responsabilidad suya liberarse de él.

Y eso también es lo que pasa cuando decimos que no debemos agobiarnos porque “nos perdamos” en los sueños dentro de la práctica. De nuevo has generado una expectativa y rechazas la realidad de tu práctica. Esa reacción emocional negativa es especialmente desequilibrante durante la práctica. Es recomendable verlo y dejarlo estar…

En cierta manera el camino espiritual excluye poco a poco la tendencias no íntegras o negativas de forma natural, pues estas bloquean la evolución y llega un momento en que tu sistema-mente está más interesado en su liberación que en cualquier otra cosa.

Cuando eso ocurre, esas tendencias negativas son vistas de forma clara como meros impedimentos a nuestra paz. Por tanto de forma natural van alineándose las tendencias no íntegras o desequilibrantes.

Ya no se es humilde, sincero, generoso, paciente, amable o ecuánime porque eso nos dicen que es lo que deberíamos ser, sino porque somos plenamente conscientes de que eso es lo más positivo para nosotros y los demás. Y hasta cierto punto ya no nos queda otro remedio, pues el precio que se paga por caer en esos venenos que nos hacen sufrir se ve como inaceptable. Y es entonces cuando la integridad o ética o paramitas adquieren todo su significado, nos damos cuenta de que no son una ayuda al camino espiritual, sino que son el mismísimo camino espiritual (y el entrenamiento mental solo una herramienta).

Somos plenamente conscientes de que esos paramitas son beneficiosos en sí mismos, de que su ausencia es directamente aflicción y de que no hay otra fuente de aflicción más que esa.



El deseo (II)
13/03/2018, 7:07 am
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Entonces: ¿qué cosas no son un deseo según esta definición y normalmente se consideran deseos? (pero no hará falta actuar o cambiar nada sobre ellos pues no lo son desde este punto de vista):

La ejecución de cualquier acción ahora mismo, sea cual sea, no es deseo si carece de las otras características que hemos comentado antes.

Por ejemplo sentarse.

Sin duda algo en tu mente ha de decidir sentarse para hacerlo, estrictamente hasta podemos decir que ha surgido una emoción pues como vimos hace tiempo para movernos, siempre hace falta una emoción. Pero no cumple con la definición de deseo anteriormente vista. Incluso aunque tengas muchas ganas de sentarte. Recordad que la emoción del tipo que sea, es un proceso básicamente fisiológico. Mientras que el sentimiento es una emoción con contenido mental añadido. El deseo cae en la categoría de los sentimientos no de las emociones (más sobre esto aquí)

Solo se creará “deseo” si estás “preveyendo” sentarte (proceso mental), pues ventonces creas una expectativa y si finalmente se te niega esa posibilidad te frustras y auto-generas sufrimiento.

Si ves una silla y tenías ganas de sentarte y te sientas, así sin añadir nada más, no es un deseo tal como se contempla aquí. Por distinguirlos, yo los suelo llamar pulsiones.

Ni siquiera es deseo tener ganas de sentarse. Igual que no lo es tener hambre.

El deseo es “prever” el placer que vas a obtener al sentarte y no lograrlo. Y la aflicción surge de ese conflicto entre realidad y alaya (o proceso mental). Lo que ocurre es que inicialmente todos estos procesos mentales están tan enrredados y nos resultan tan difícil es de ver con claridad que todo parece lo mismo.

Por ejemplo, yo quizá quiero no trabajar y pasar el resto de mi vida viajando, pintando y escribiendo, pero si no preveo que tal cosa puede ocurrir (es decir no sueño con ello). no hay deseo tal como se entiende aquí. Y la situación es inofensiva pues no sufro nunca por no conseguirlo, pues no cuento que tal cosa ocurra. Pero sigo teniendo preferencias, contradiciendo aquí a cierta frase zen, sigo prefiriendo un beso a una patada en el culo, aunque no sueñe sobre ninguna de las dos situaciones.

Incluso el mayor placer, sea sexual, drogas etc… no es un deseo cuando se ejecuta. Entonces es placer y ni siquiera tiene por qué tener proceso mental alguno asociado. De hecho en pleno orgasmo no es fácil que haya presente en tu mente proceso mental alguno. Un placer intenso bloquea los procesos mentales, también el deseo, y de hecho esa realidad es la que hay tras algunas prácticas tántricas.

Algo es un deseo solo cuando se prevee algo placentero o pisitivo, y solo es aflictivo o insatisfactorio cuando se compara lo previsto con la realidad y se encuentra insatisfactoria.

El deseo no es tomar drogas, el deseo es “querer tomar drogas” y la aflicción surge de la comparativa entre la realidad (no hay drogas) y mi proceso mental (quiero tomar drogas). Si falta uno de los dos, cualquier de los dos, no hay aflicción.

Solo hay aflicción cuando la realidad está en conflicto con una previsión mental en Alaya que nos es de interés en mayor o menor grado. Pues hay también una gran cantidad de sufrimiento de baja intensidad en nuestras vidas, tan de baja intensidad que ni sabemos que es sufrimiento hasta que es erradicado y nos encontramos más libres.

Cualquier placer previsto que no cree huella de cara al futuro (por ejemplo si sueñas ser millonario pero eso se olvida al instante) tampoco sería un deseo, o mejor dicho lo es durante ese instante, pero como se olvida, no queda en Alaya, es irrelevante y no crea aflictividad futura. El olvido lo ha borrado. Es un deseo muerto. No tiene importancia.

Me contaron en cierta ocasión una anécdota triste pero apasionante. Un fumador empedernido no pudo dejar jamás el tabaco… hasta que simplemente un dia dejo de fumar, de golpe, sin más… porque simplemente olvidó que fumaba… porque tenía Alzheimer…

Da igual el síndrome de abstinencia o cualquier otra cosa. Si no tienes un proceso mental que “quiera otra cosa que no está en la realidad actual”, no hay deseo. Y ese señor ya no quería fumar, pues lo había olvidado. Sin huella en Alaya, no hay deseo (cicatriz mental como decía Krishnamurti).

Seguramente se extrañó por sentirse tan mal esos días pero si no recuerdas lo que es fumar ¿cómo vas a desearlo? quizá lo achacó a una gripe… y pasado el síndrome, no quedó huella alguna de su adicción, pues la recaídas son guiadas por el deseo (la huella en Alaya) y no por el síndrome de abstinencia que dura dos semanas como mucho.

Hay quién dice que una vez ex-alcohólico, siempre querrás beber. Eso aquí sería equivalente a decir que la huella generada en Alaya nunca se pierde. Así siempre sentirás deseo por beber debido ello…

(continua)



El deseo (I)
10/03/2018, 7:07 am
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Ampliado de un comentario:


Entre otras acepciones la RAE tiene una acepción de la palabra deseo que es interesante aunque raramente poética para ser un diccionario. Dice del deseo que es:

Movimiento afectivo hacia algo que se apetece.

Movimiento aquí, todos entendemos que se refiere a movimiento mental. La parte de “algo que se apetece” es redundante, pues parte del proceso mental que es el deseo es precisamente convertir un objeto en algo apetecible. Así que apetecer, así en genérico, es desear, en cierta manera.

La RAE es especialmente hábil en crear definiciones circulares, pero es que el lenguaje está notablemente vacío de significado real, por tanto es fácil que a la hora de definir un término se acabe en definiciones circulares y por tanto vacías.

Para intentar evitar definiciones vacías (aunque nunca son completamente reales), vamos a intentar definir con la máxima precisión posible que se entenderá por “deseo” en este blog.

Como siempre, no con la intención de plantear una definición con pretensión de verdad absoluta o aceptable por todos, sino simplemente para que se entienda con toda la precisión posible lo que se quiere decir cuando se habla de deseo en este blog (y de como este proceso mental es uno de los creadores de sufrimiento).

Así diremos que deseo es:

Todo proceso mental que prevee futuros placeres generando en nuestra mente (en lo que llamamos Alaya) una huella o recuerdo o memoria o tendencia, que resurgirá en uno o varios momentos futuros para comparar la realidad con lo previsto y entonces generará satisfacción o insatisfacción en función del resultado de la previsión.

Cuando hable de deseo aquí, se debe entender esa definición. Es importante entender que es un proceso mental. Da igual lo que hagas, por placentero que sea, si ese proceso mental no está presente no hay deseo tal como se entiende aquí. Se han de dar todos los aspectos de la definición comentados. Si no están todos, no hay deseo.

Eso que la RAE llama “movimiento” no es algo continuo.

El deseo queda almacenado con mayor o menor intensidad en Alaya y resurge solo de tanto en tanto, cuando por alguna asociación de ideas o situación tal deseo surge en la mente. Ni siquiera eres tú quién lo hace resurgir. Resurge cuando se dan las condiciones, por ejemplo ver a la persona deseada.

A veces se confunde deseo con obtener placer y no… Obtener placer no es aflictivo, apegarse a él sí. En eso la espiritualidad aquí tratada es bastante diferente a las religiones teistas… donde a menudo se penaliza el placer, y tiene sentido, porque no se dan herramientas para no apegarse a él y por tanto sentir placer es casi equivalente a volverse adicto a él.. Esas herramientas que faltan en las religiones teistas son lo que aquí llamamos entrenamiento mental y faltan porque asumen que es tu voluntad y libre albedrío los que operan y deciden, y que si fallas y caes en la tentación es culpa tuya.

A veces también se confunde deseo con simple pulsión/acción (sea caminar o hacer la digestión) y no… pues está ausente gran parte de la definición de deseo…

(continua)

 



¿Volición o mushotoku? el fatalismo, el deseo y el libre albedrío (y IV)

Bien, ¿entonces que lugar tiene Wu-Wei(no intencionalidad) y Mushotoku en todo este embrollo ? ¿y cómo aplica todo esto a las vías directas?

¿Cómo encaja en todo esto la petición Taoista o Zen de no-intencionalidad?

La meditación shikantaza (o la contemplación Dzogchen) es práctica-realización, es decir, es una vía directa de revelación del estado de liberación aquí y ahora, tal como vimos hace unos días.

La propuesta en este caso es, que hacer shikantaza es ser un Buddha sentado (y callado), es ser un Buddha en condiciones de “laboratorio”, en condiciones “fáciles”. Por tanto mientras practiques shikantaza (correctamente) no deben haber deseos y no habrá intención alguna. Eso es muy correcto.

Pero cuando te levantes, si tienes deseos y volición aflictiva, deberás mantener tu perseverancia. No eres del tipo instantáneo… lo siento…

En otra via directa. como el Dzogchen, dado que la propuesta es mantener el reconocimiento de rigpa durante todo el día, la necesidad de volición es más que obvia… Debe re-aparecer cada vez que se pierde ese reconocimiento. Ocurre lo mismo en las propuestas Advaita vedanta que nos piden mantener el reconocimiento del “yo-soy” permanentemente. Sin volición tal cosa será imposible.

No tiene sentido que seamos radicales con la idea de “no-volición en el camino espiritual” mientras mantenermos un montón de deseos e intenciones al respecto de miles de cosas más mundanas. Esta situación es absolutamente incoherente y contraproducente: renunciamos a la volición que nos puede sacar del Samsara y nos recreamos en las voliciones hedonistas…

Es como el que tiene problemas mentales serios que le llevan a gastar todo su dinero a lo loco y cuando le recomiendas que se ponga en manos de un psicólogo dice que “mejor no, porque sería gastar más dinero”… 🙂

Una forma de formular todo esto para una doctrina directa sería: mientras eres Buddha (shikantaza, reconocimiento de rigpa etc…) toda intención está ausente y de hecho lo está porque la propia definición de lo que es la budeidad incluye esa ausencia. Pero cuando “caes” de nuevo de vuelta al Samsara, la única forma de continuar es aplicar volición. Eso será así hasta que seas siempre y a todas horas Buddha.

La paradoja es que debemos aplicar volición espiritual (y de hecho al principio bastante) que sea idealmente no-aflicitiva, para ir habituándonos y ampliando nuestro tiempo sin volición no-espiritual aflictiva en un proceso extremadamente sutil.

Hasta que nuestra única volición sea el propio camino espiritual, en ese momento estás preparado para ser realmente Buddha, solo has de dar el último paso… o no…


Epílogo:

Wuzu Fayan (五祖 法演) dijo, “Es como un búfalo de agua que pasa por una ventana enrrejada. Su cabeza, cuernos, y cuatro patas todo pasa. Pero la  minúscula cola no puede pasar ¿por qué?“

Wumen comentó: “Si pasa, caerá en una zanja, si se gira, será destruido. Esa minúscula cola ¡qué cosa más extraña y maravillosa es!!”

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¿Volición o mushotoku? el fatalismo, el deseo y el libre albedrío (III)

Sin embargo, aunque no haya libre albedrío, la volición sigue siendo vital ¿por qué?

Pues precisamente porque lo que eres “son procesos mentales vácuos, impermanentes, sin entidad y que no tienen un controlador único”.

Siendo tú tal cosa, la única manera de no cambiar cada dia de idea respecto a lo que se debe hacer es la volición. Lo que falta en aquel que no puede conseguir meditar dos días seguidos es precisamente volición, y esa carencia desgraciadamente le va a poner las cosas muy difíciles… Sus condiciones kármicas (su situación) no son adecuadas…

De hecho, es sospechoso, que muchas prácticas clásicas que hoy dia tildamos de “inútiles y puras paparruchas” lo que hacen es construir una fuerte voluntad (por ejemplo repetir mantras miles de veces). Quizá las paparruchas tenían su utilidad… La volición se entrena, y hay que decir que hoy día la tenemos más desentrenada de lo que creemos…

Seguimos…

La volición en cierta manera no es más que otra cicatriz en AlayaEs decir una forma de hacer resurgir una y otra vez una tendencia mental, en este caso de seguir un camino espiritual…

¿Es entonces la volición por un camino espiritual es parte del Samsara?

Sin duda.

¡La volición por seguir un camino espiritual habitualmente genera sufrimiento en el practicante!

Casi todos hemos experimentado tal cosa en algún momento, pero a pesar de ello, es la única (¡única!) herramienta de continuidad mental para poder poner el Dharma en acción durante largo tiempo. Por tanto es un mal necesario (excepto para sujetos del tipo instantáneo).

No se sale del Samsara sin volición pero salir del Samsara es superar la esclavitud de la volición aflictiva.

Paradójico ¿no?

La volición es una corriente mental más o menos aflictiva (idealmente nada aflictiva), pero no todas las corriente mentales son iguales, algunas no hunden en el Samsara (deseos materialista o hedonistas, creencias erróneas…) y otras, son el medio útil creado por Buddha y otros para sacarnos de él (correcta volición)

La situación es sutil:

Un exceso apego/deseo a los fines de esa volición bloqueará el proceso, generará demasiado sufrimiento en ti y renunciarás. Es el caso por ejemplo, de los que abandonan la meditación porque dicen que les estresa o agobia, suele haber ahí un exceso de querer “hacerlo bien”.

Pero un defecto de volición impedirá que apenas comiences un camino espiritual o que lo continues consistentemente.

Por tanto debe haber una corriente de volición adecuada, firme y paciente, poco apegada a objetivos (deseos). Algo bastante parecido a un buen equilibrio de lo que en budismo se llama los paramitas… si es que no hemos inventado nada nuevo…

(continua)




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