Filed under: Contes | Etiquetas: Compasión, Cuentos, Espiritualidad, Texto propio
Toc, bzzz, toc, bz bzzz. Oyes ligeros golpes y vibraciones.
Miras y ves una pequeña polilla, intentando salir por la ventana, cerrada.
Se golpea una y otra vez contra el cristal que no sabe ver, que no entiende, que escapa a su comprensión.
Se golpea y vuelve a intentarlo, ansía la libertad. Ve el sol y el cielo del atardecer tras el cristal, tan cerca, tan lejos, tan inexplicable… Vuela de nuevo, toc, bzzzz.
La ventana de al lado está abierta pero la mariposilla no la ve, no es que no encuentre el camino a ella, sino que está demasiado cegada por la luz del sol para pensar en ir en otra dirección.
Atrapada en su ignorancia vuela de nuevo y choca con el cristal: toc, bzzzzz, toc, bzzz…
La compasión emerge de forma espontánea al ver la tristeza y el patetismo de la situación, el sufrimiento del ser que en su ignorancia no sabe encontrar el camino a la libertad, tan evidente, tan cerca y a la vez tan inalcanzable. ¿Cómo podría no surgir compasión viéndolo con claridad?
Dos golpes amables envían la polilla apenas un palmo más allá, hasta la ventana de al lado. La mariposilla quizá recrimine la agresión pero ¿a quién importa?
Se despeja del golpe, atraviesa la ventana abierta y libre, la ves perderse en el espacio rápidamente.
Y, seguramente irritada, no da las gracias, no mira atrás.
¡Puedan todos los seres sintientes ser felices!
Filed under: Uncategorized | Etiquetas: Buddha, Cuentos, Experiencias, jnani, Liberación, Prosa, testo propio
Donde lo individual toca lo universal
sin ser ninguno de ellos.
No el hogar del Buddha sino el propio campo búdico.
No el hogar del Jnani, sino el Jnani mismo.
El sabio no es que viva en
el horizonte de sucesos.
Sino que es
el horizonte de sucesos.
En un extremo la persona,
en el otro lo absoluto.
Recorrer ese camino entre extremos
es espiritualidad.
En un lado lo manifestado
en el otro su origen.
Recorrer ese camino entre extremos
es trascendencia.
El jnani ve lo manifestado
allí, tan lejos, tan onírico…
Cómo una perla brillante en la distancia.
Y siente la atracción de lo absoluto
con la fuerza de un agujero negro
infinitamente dichoso
pero en el que nada puede ser.
En esa singularidad, en tierra de nadie,
el tiempo ni existe ni no existe
el espacio ni existe ni no existe.
Da un paso más allá del horizonte de sucesos
y desaparecerás.
Da un paso alejándote
y eres samsara.
Entre ellos la eterna y continua
disolución de la individualidad.
Sin desaparecer nunca del todo.
Eternamente llegando al límite
como eternamente cayendo, pero sin tiempo
y sin moverse en absoluto.
El último aliento
de la existencia
congelado eternamente.
Y sin embargo vivo.
Es la vida
en el horizonte
de sucesos.
Es la vida
en el filo
de un cuchillo.
Bajo del vagón y me dirijo al trabajo mientras termino de escuchar la canción en el ipod.
Filed under: Contes | Etiquetas: Cuentos, Espiritualidad, Katmandu, Nepal, Texto propio, Thamel, Viajes
Es mi última noche en Nepal, duermo en un hotelucho del barrio de Katmandú entregado a los turistas, Thamel.
El hotel es modesto, aunque la habitación es grande, la sensación no es de limpieza precisamente y el aislamiento acústico (y térmico) repecto a la calle es nulo.
Katmandú no es una ciudad silenciosa ni limpia y Thamel lo es aún menos. El ruido de personas, música, comercio de todo tipo (todo tipo) y coches, sobretodo pitidos, dura casi toda la noche apenas quizá hay una pausa entre las tres y las seis de la madrugada.
No es la primera vez que duermo en este hotel pero esta noche es especialmente poco apacible sea por causas ajenas o propias. Toda la noche la paso en ese estado entre dormido y despierto, sin parar de moverme en la cama, en un estado de vigilia ausente o de sueño consciente, nunca ni aquí ni allí. Estas noches no son raros los sueños lúcidos, pero de esta vez no recuerdo ninguno.
Más tarde se me ocurrirá pensar que igual la mente estaba ocupada en demasiados cambios.
A las seis pasarán a recogerme para llevarme al aeropuerto y volver a casa. En cualquier caso no va a ser una noche larga.
Me levanto media hora antes y acabo los preparativos. Algo antes de la hora prevista pican a la puerta y es hora de partir.
El aire de la mañana es fresco y agradable a pesar de la contaminación. De camino al aeropuerto veo a los conductores de rickshaws durmiendo en su carros, tapados con una manta, y pienso en que quizá no tienen nada más en esta vida. Eso es todo.
Ya en Tribhuvan, existe un extraño samadhi del aburrimiento de volver a casa: colas para facturar (nada que hacer), colas en el control de seguridad (nada que hacer), esperar el vuelo (nada que hacer), sentarse en tu asiento y volar horas y horas (nada que hacer), aterrizar en Dubai y repetir el proceso hasta la nausea. Uno puede buscar entretenimiento o sencillamente sumergirse en la no actividad de forma totalmente entregada.
Si entiendes que las 18 horas van a ser 18 horas si tienes prisa y van a ser 18 horas si no tienes prisa, uno puede caer en ese dolce far niente aunque sea necesaria cierta acción mínima de tanto en tanto. 18 horas de no acción son bastantes, apenas es necesario nada, ni hablar si vas solo, ni pensar, ni ansiar, planificar, ni rechazar… solo conectar con tu presente en cada momento. Y estar relajado mientras te mueven de un momento al siguiente.
Pero probablemente no es hasta el desembarco del primer avión que me doy cuenta de que algo ha cambiado de nuevo.
Estos días de trekking por la noche la absorción ha sido notablemente fuerte. Y esos cambios, esos cambios siempre ocurren por estas fechas, y especialmente de vacaciones, así fue aquel 11 de Septiembre también. El día de la primera muerte.
Y ahora se presenta una solidez inamovible que es la unión de la presencia y el universo representado, en su forma más natural y estable hasta ahora.
En el control de seguridad de Barcelona, las cabinas automáticas me rechazan y voy a la cola manual. Cuando me atiende el agente miro atrás y no queda nadie. Soy el último. Es un espacio tan y tan amplio y lleno de cintas de plástico para establecer las colas… Preparado para cientos de personas, y ahora está vacío. Es como el final de una fiesta, donde en la sala vacía solo quedan los platos y vasos de plástico sucios y las servilletas de papel usadas por el suelo. Todo el mundo se ha ido ya a casa.
Tras dar las buenas noches al agente, cierro el pasaporte y lo guardo, ya no lo volveré a utilizar en unos meses.
Mientras salgo recuerdo a Tao y mi corazón se ilumina de gozo.
Tras tanto tiempo, quizá infinitas vidas, quizá un segundo…
…finalmente he vuelto a casa.
Vuelvo al almacén (alaya) de las nieves (hima).
No se me ocurre mejor inicio que este, que escribió alguien bajo mi nombre hace 5 años. Y me ha parecido muy bello. Entonces viajaba a la isla de las esponjas…
De alguna manera un viaje es como una vida, sabes exactamente cuando termina pero no sabrías decir exactamente cuando comienza. Así que un dia de repente te haces consciente de que tu cabecita hace tiempo que está dándole vueltas a la idea de volver a la isla de las esponjas y sabes que el viaje ya ha comenzado.
Entonces tu cabecita que no sabe estar parada empieza a construir un rompecabezas de libros, números, fechas, horarios, monedas, papeles, amigos, trabajo y familia. Si completas el puzzle, sólo has empezado el camino.
Incluso con el rompecabezas completo (que no es fácil) hay muchos que nunca llegaron a la isla de las esponjas pues requiere sacrificios. No es fácil decidirse.
Pero si finalmente te decides y firmas sobre el puzzle una promesa, empieza otra etapa, también difícil, que consiste en ir repartiendo tu vida entre los que se quedan: “para ti un bonsai, para ti la comida de la nevera, a ti te dejo mi trabajo, lo siento… hermano ¿cuidarás la familia?, ¿y mi ángel? ¿quién se queda mi ángel de la guarda? ¡ah! gracias mil, estará bien con el tuyo, sin duda, no creo que se peleen”.
Sabes que es el momento de partir porque entonces miras tu hogar y te das cuenta de que ya es sólo una casa, tan desnuda de todo, excepto objetos, que casi pareciera que está en venta. Tú hogar ya te espera en otro sitio. Por eso sabes que es el momento de partir.
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He recopilado en un PDF los cuentos del blog.
Queda enlazado en la sección de minilibros y aquí.