El blog de 道


La vida en el horizonte de sucesos
15/02/2018, 7:07 am
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Donde lo individual toca lo universal
sin ser ninguno de ellos.

No el hogar del Buddha sino el propio campo búdico.
No el hogar del Jnani, sino el Jnani mismo.

El sabio no es que viva en
el horizonte de sucesos.

Sino que es
el horizonte de sucesos.

En un extremo la persona,
en el otro lo absoluto.

Recorrer ese camino entre extremos
es espiritualidad.

En un lado lo manifestado
en el otro su origen.

Recorrer ese camino entre extremos
es trascendencia.

El jnani ve lo manifestado
allí, tan lejos, tan onírico…
Cómo una perla brillante en la distancia.

Y siente la atracción de lo absoluto
con la fuerza de un agujero negro
infinitamente dichoso
pero en el que nada puede ser.

En esa singularidad, en tierra de nadie,
el tiempo ni existe ni no existe
el espacio ni existe ni no existe.

Da un paso más allá del horizonte de sucesos
y desaparecerás.

Da un paso alejándote
y eres samsara.

Entre ellos la eterna y continua
disolución de la individualidad.
Sin desaparecer nunca del todo.

Eternamente llegando al límite
como eternamente cayendo, pero sin tiempo
y sin moverse en absoluto.

El último aliento
de la existencia
congelado eternamente.

Y sin embargo vivo.

Es la vida
en el horizonte
de sucesos.

Es la vida
en el filo
de un cuchillo.

Bajo del vagón y me dirijo al trabajo mientras termino de escuchar la canción en el ipod.



Una mala noche en Thamel
14/11/2016, 7:14 am
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Es mi última noche en Nepal, duermo en un hotelucho del barrio de Katmandú entregado a los turistas, Thamel.

El hotel es modesto, aunque la habitación es grande, la sensación no es de limpieza precisamente y el aislamiento acústico (y térmico) repecto a la calle es nulo.

Katmandú no es una ciudad silenciosa ni limpia y Thamel lo es aún menos. El ruido de personas, música, comercio de todo tipo (todo tipo) y coches, sobretodo pitidos, dura casi toda la noche apenas quizá hay una pausa entre las tres y las seis de la madrugada.

No es la primera vez que duermo en este hotel pero esta noche es especialmente poco apacible sea por causas ajenas o propias. Toda la noche la paso en ese estado entre dormido y despierto, sin parar de moverme en la cama, en un estado de vigilia ausente o de sueño consciente, nunca ni aquí ni allí. Estas noches no son raros los sueños lúcidos, pero de esta vez no recuerdo ninguno.

Más tarde se me ocurrirá pensar que igual la mente estaba ocupada en demasiados cambios.

A las seis pasarán a recogerme para llevarme al aeropuerto y volver a casa. En cualquier caso no va a ser una noche larga.

Me levanto media hora antes y acabo los preparativos. Algo antes de la hora prevista pican a la puerta y es hora de partir.

El aire de la mañana es fresco y agradable a pesar de la contaminación. De camino al aeropuerto veo a los conductores de rickshaws durmiendo en su carros, tapados con una manta, y pienso en que quizá no tienen nada más en esta vida. Eso es todo.

Ya en Tribhuvan, existe un extraño samadhi del aburrimiento de volver a casa: colas para facturar (nada que hacer), colas en el control de seguridad (nada que hacer), esperar el vuelo (nada que hacer), sentarse en tu asiento y volar horas y horas (nada que hacer), aterrizar en Dubai y repetir el proceso hasta la nausea. Uno puede buscar entretenimiento o sencillamente sumergirse en la no actividad de forma totalmente entregada.

Si entiendes que las 18 horas van a ser 18 horas si tienes prisa y van a ser 18 horas si no tienes prisa, uno puede caer en ese dolce far niente aunque sea necesaria cierta acción mínima de tanto en tanto. 18 horas de no acción son bastantes, apenas es necesario nada, ni hablar si vas solo, ni pensar, ni ansiar, planificar, ni rechazar… solo conectar con tu presente en cada momento. Y estar relajado mientras te mueven de un momento al siguiente.

Pero probablemente no es hasta el desembarco del primer avión que me doy cuenta de que algo ha cambiado de nuevo.

Estos días de trekking por la noche la absorción ha sido notablemente fuerte. Y esos cambios, esos cambios siempre ocurren por estas fechas, y especialmente de vacaciones, así fue aquel 11 de Septiembre también. El día de la primera muerte.

Y ahora se presenta una solidez inamovible que es la unión de la presencia y el universo representado, en su forma más natural y estable hasta ahora.

En el control de seguridad de Barcelona, las cabinas automáticas me rechazan y voy a la cola manual. Cuando me atiende el agente miro atrás y no queda nadie. Soy el último. Es un espacio tan y tan amplio y lleno de cintas de plástico para establecer las colas… Preparado para cientos de personas, y ahora está vacío. Es como el final de una fiesta, donde en la sala vacía solo quedan los platos y vasos de plástico sucios y las servilletas de papel usadas por el suelo. Todo el mundo se ha ido ya a casa.

Tras dar las buenas noches al agente, cierro el pasaporte y lo guardo, ya no lo volveré a utilizar en unos meses.

Mientras salgo recuerdo a Tao y mi corazón se ilumina de gozo.

Tras tanto tiempo, quizá infinitas vidas, quizá un segundo…

…finalmente he vuelto a casa.

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Retorno al almacén de las nieves
23/10/2016, 12:32 pm
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Vuelvo al almacén (alaya) de las nieves (hima).

No se me ocurre mejor inicio que este, que escribió alguien bajo mi nombre hace 5 años. Y me ha parecido muy bello. Entonces viajaba a la isla de las esponjas…

De alguna manera un viaje es como una vida, sabes exactamente cuando termina pero no sabrías decir exactamente cuando comienza. Así que un dia de repente te haces consciente de que tu cabecita hace tiempo que está dándole vueltas a la idea de volver a la isla de las esponjas y sabes que el viaje ya ha comenzado.

Entonces tu cabecita que no sabe estar parada empieza a construir un rompecabezas de libros, números, fechas, horarios, monedas, papeles, amigos, trabajo y familia. Si completas el puzzle, sólo has empezado el camino.

Incluso con el rompecabezas completo (que no es fácil) hay muchos que nunca llegaron a la isla de las esponjas pues requiere sacrificios. No es fácil decidirse.

Pero si finalmente te decides y firmas sobre el puzzle una promesa, empieza otra etapa, también difícil, que consiste en ir repartiendo tu vida entre los que se quedan: “para ti un bonsai, para ti la comida de la nevera, a ti te dejo mi trabajo, lo siento… hermano ¿cuidarás la familia?, ¿y mi ángel? ¿quién se queda mi ángel de la guarda? ¡ah! gracias mil, estará bien con el tuyo, sin duda, no creo que se peleen”.

Sabes que es el momento de partir porque entonces miras tu hogar y te das cuenta de que ya es sólo una casa, tan desnuda de todo, excepto objetos, que casi pareciera que está en venta. Tú hogar ya te espera en otro sitio. Por eso sabes que es el momento de partir.



Los cuentos de Tao (2.010-2.016)
18/08/2016, 7:21 am
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He recopilado en un PDF los cuentos del blog.

Queda enlazado en la sección de minilibros y aquí.

 



El día que no despertarás
12/03/2016, 8:54 am
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Una mañana, simplemente, K. no despertó.

Oh, no me malinterpretes, nada malo pasó, el cuerpo se levantó y fue a la ducha como cada mañana…

Casi te diría que remoloneó menos que con K. despierto. A él siempre le había gustado remolonear unos minutos en la cama, concentrado en su cuerpo, bañado en bienestar.

Saliendo ya de casa algunos pensamientos fugaces empezaron a darse cuenta de la ausencia. Algo faltaba. Estaban ahí flotando como en una pecera, y sin nada que los conectara. Uno concluyó que K. seguía durmiendo, y razonó que de ahí la sensación de gran reposo tan poco usual que acompañaba al cuerpo hasta el coche.

Conduciendo al trabajo, la vista, el oído y todo el resto de pobladores del espacio-consciencia funcionaban con su habitual milimétrica precisión y sin echar en falta nada. Solo los paseantes pensamientos  se notaban algo extraños y apareció en escena también alguna sutil emoción de sorpresa, incluso una ligera preocupación, pero era realmente ligera…

En el trabajo el día transcurrió con normalidad y a pesar de la excesiva siesta de K. todo parecía ocurrir como siempre.

Al volver a casa y entrar en la habitación, una emoción juzgó que era innecesario sentarse en el zafu hoy, pues K. seguía durmiendo. Sería mejor esperar a que despertara.

Pero tras la cena llegó la hora de irse a la cama y justo antes de sumergirse en lo inmanifestado un pensamiento tímidamente se atrevió por fin a hacer “La” pregunta:

¿Y si mañana tampoco se despierta?

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