El blog de 道


Olvidando…
05/06/2019, 7:07 am
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Muchos maestros no recuerdan exactamente del todo como llegaron a su auto-realización. No son capaces de recordar todos los pasos de su desarrollo interior, bien porque simplemente lo han olvidado o porque su inteligencia no fue capaz de registrarlos. Dado que no tienen una visión multidimensional de su evolución, tienden a simplificar la memoria de su propio camino. Como resultado, sus enseñanzas se simplifican y crean un modelo irreal de camino para sus seguidores


Many masters do not fully remember exactly how they arrived at self-realization. They are not able to recall all the steps of their inner unfoldment, either because they have simply forgotten or because their intelligence was not able to register them. Because they did not have the vision of a multidimensional evolution, they tended to simplify the memory of their own path. As a result, their teachings became simplified and created an unrealistic model of the path for their followers.

-Anadi

 

 



Avalokiteshvara conoció a Manjushri
03/06/2019, 8:55 am
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En cierta ocasión la emanación de Avalokiteshvara conoció a la de Majushri.

No se encontraron de una forma convencional, claro. Avalokiteshvara vivia en la costa del mar del Sur y Manjushri en las montañas del Norte. Su contacto ocurrió en la esfera de profunda meditación, en los campos búdicos, donde dicen que existe el cielo de Tusita y la Tierra Pura.

La emanación de la compasión, Avalokiteshvara quedó encantada con el encuentro casual, pues reconoció a Manjushri: “Oh, el bodhisattva de la sabiduría”, dijo, “quizá pueda enseñarme toda la sabiduría búdica”.

– Excelso Manjushri, mi progreso está estancado, mi amor por todos los seres es infinito, pero mi sufrimiento no acaba, por favor, hazme sabio. Pues es obvio que el amor no es suficiente.

Manjushri, aún sin reconocerlo como quién era, aceptó enseñarle todo lo que sabía.

Así Manjushri enseñó a Avalotikteshvara durante eones pues el tiempo no transcurre apenas en el cielo de Tusita.

Cada día Avalokiteshvara se presentaba con una flor para Manjushri, se postraba, la depositaba suavemente en el suelo, ante él, sin tocarlo, como forma de respeto y pasaba a escuchar sus enseñanzas con absoluta concentración.

Siempre que se dirigía a él lo trataba como su maestro, con delicadeza, amor y gran reverencia. Y nunca marchaba sin agradecer profundamente su infinita generosidad. Eso a pesar de que realmente ambos eran Mahasattvas de la más alta virtud.

Manjushri comenzó sus enseñanzas como siempre había hecho con otros pues había instruido a millones y millones, pero eon a eon, algo que no había sentido nunca parecía filtrarse hacia él y se preguntaba quién debía ser aquel encantador bodhisattva del Sur. Poco a poco empezó a cogerle cariño.

Un día, cuando Avalokiteshvara ya casi había aprendido todo lo que puede ser aprendido, no apareció a su cita diaria.

Extrañado Manjushri decidió ir a verle, pues en su omnisciencia sabía perfectamente cómo encontrarlo.

Y lo encontró en un campo de amapolas, tumbado mirando al cielo con lágrimas en los ojos.

Manjushri dijo que le había venido a buscar para completar las enseñanzas.

Avalokiteshvara respondió: Excelso Manjushri, no recibiré más enseñanzas, mi sufrimiento casi ha muerto, la sabiduría ha cumplido su función, ahora ya no me hace sufrir el dolor de los otros seres sintientes, Pero siento que he perdido algo, mi compasión flaquea. así que no adquiriré más sabiduría pues me arriesgo a dejar de compadecerme de ellos.

Manjushri respondió: Mejor así, pues tu continuado amor estaba despertando en mi algo que perturbaba mi perfecta sabiduría y ahora al oir que no volverías, he empezado a sentir un ardor interior, en el corazón, que parece recordarme al sufrimiento. Es mejor que no vuelvas. Quizá es mejor que ambos sigamos nuestros respectivos caminos.

Antes de despedirse Avalokiteshvara quiso ofrecer, como muestra de agradecimiento, una última amapola a Manjushri y se la acercó, pero al hacerlo esta vez se tocaron, cosa que ocurría por primera vez.

En un instante, Avalokiteshvara entendió que la transferencia de sabiduría había sido completada con ese contacto. Y en Manjushri, la amapola de Avalokiteshvara y su corazón se unieron de forma dolorosa y permanente.

Ambos quedaron absortos en un samadhi profundo, fundidas ambas mentes en una, sentados en el campo de amapolas, con lágrimas en los ojos mirando el vacío silenciosamente.

Justo entonces, en la mente apareció El Bendito.

Y se inclinó ante el recién llegado Budhha.



La Presencia: lo más sencillo del mundo
01/06/2019, 7:07 am
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Me dice el joven más allá del océano:

Ese señalamiento que me hiciste, fue de lo más útil, quería sugerirte que cuando no tengas qué poner en el blog, capaz al resto de lectores les alumbre su percepción. 😄

Pues aquí está:

Estar presente es justo lo que haces cuando atiendes a tu oir, atiende al sentido que más te plazca. Ya eres presencia en ese momento. No hay más, no hay nada más detrás, delante, ni arriba, ni abajo, dentro ni fuera, la presencia es SER eso, el que escucha y no buscar nada más, la mínima auto-referencia no es presencia. Quién escucha sin auto-referencia, sin plantearse nada sobre sí mismo más que escuchar, es Presencia.

 



Más allá de la existencia (epílogo)
30/05/2019, 7:07 am
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Aquellos que entienden todas las cosas así,
no son movidos por la existencia o la inexistencia:
Con compasion por el mundo, luchan por la liberación.
Son descendientes del Buddha, nacidos de la Enseñanza.

– Avatamsaka sutra



Yangshuo y el río Li
28/05/2019, 7:07 am
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El río Li de fluyendo hacia Yangshuo.




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