El blog de 道


La lucidez y el sueño (III)

Aunque el sueño aparece en todas las ramas del budismo, como cuando Dogen dice al cocinero del monasterio que si no puede meditar de dia, lo haga mientras duerme, principalmente es el budismo Vajrayana el que ha dado relevancia al sueño en sus doctrinas y lo ha refinado notablemente, quizá por herencia hindú, pues las instrucciones tántricas al respecto de los sueños provienen todas de la India.

Un ejemplo serían los Seis yogas de Naropa (de los cuales uno trata de los sueños).

Pero incluso en ese caso la idea de ese yoga no es tener sueños lúcidos, al menos no es ese su foco principal.

¿Entonces?

La idea es llevar el samadhi, la absorción, al sueño, cosa que si hemos entendido lo anterior es una cosa muy diferente. Es llevar un tercer estado o bardo al sueño, no tiene nada que ver con lo hablado hasta ahora.

A eso se le llama “sueño de luz clara” (y otros muchos nombres).

Ha de quedar claro, que si no hay ese tercer bardo en la vigilia, muy probablemente es imposible que haya samadhi en el sueño, pues es mucho más difícil.

Así que quién no tenga al menos cierta experiencia mínima com ese “tercer estado” (o familia de “otros estados” más o menos cercanos a samadhi) no va a poder practicar un sueño de luz clara.

En ese dormir básicamente no hay sueños tal como se conocen habitualmente sino que toda la noche es un bardo ininterrumpido, con consciencia, y presencia, y gozo, y luz clara, pero sin sueños samsáricos (es decir sueños sobre el Samsara que es nuestra vida).

Además durante el paso de las fases REM (con sueños) al sueño profundo, donde apenas podemos decir que “somos”, la disolución mental que ocurre se usa como entrenamiento para cuando llegue el bardo de la muerte, pues se considera una situación equivalente.

Y de esa manera se entiende que en el momento de la muerte también mantendremos la adecuada compostura durante esa disolución de nuestra mente logrando con ello control sobre nuestro renacimiento.

Esa es la diferencia entre sueño lúcido y yoga del sueño.

(continua)

 

 



La lucidez y el sueño (II)

Pero en la vigilia es relativamente fácil reaccionar, aunque no dure mucho esa reacción, y pasamos a estar presentes. Entonces podemos decirnos a nosotros mismo “ahora soy plenamente consciente de mi y de lo que estoy haciendo o viviendo”.

Esos raros momentos de lucidez pueden ampliarse poco a poco en el tiempo (no sin esfuerzo) y eso es la presencia tal como se suele entender inicialmente o el mindfulness.

A este bardo es al que llamamos (por ponerle algún nombre) observador consciente. Y es lo que mucha gente cree que se quiere decir por “el testigo” del A. Vedanta.

El entrenamiento de ese bardo en condiciones de laboratorio es a lo que suele llamarse inicialmente meditar aunque en este punto aún tampoco lo es realmente, igual que no es el testigo del A. Vedanta.

Es decir, en un principio, meditar, es buscar un entorno calmado en el que me sea más sencillo permanecer en este segundo bardo más tiempo, al no tener tantas distracciones que activen pensamientos reactivos que puedan absorberme.

En ese punto, la situación mental, eso que llamamos bardo, no es demasiado diferente a la de tu mente cuando tienes un sueño lúcido, es decir te haces consciente de ti mismo en el sueño y consciente de lo que haces.

La diferencia, es que al estar en un sueño, la realidad que te rodea es modelable a tu antojo con cierto entrenamiento. En la vigilia no ocurre tal cosa. Eso diferencia la vigilia del sueño.

Por eso la vigilia puede ser “como un sueño” pero nunca “es un sueño”, mal que le pese a las doctrinas más nihilistas que fallan en explicar el por qué de esta diferencia.

Pero por lo demás, el estado mental o bardo es equivalente, es equivalente estar presente en la vigilia o estar presente en el sueño. Y de hecho como hemos visto también son equivalentes los estados o bardos de inconsciencia de la vigilia y del sueño, siendo respectivamente de absorción en nuestras fantasias mentales en la vigilia o en las fantasías nocturnas (mucho más vívidas pues incluyen a la percepción externa).

Y tal como, por hacernos presentes un ratito durante el día no decimos que hemos Despertado. Tampoco hay Despertar alguno por tener un sueño lúcido. Y eso nos conecta con el siguiente punto:

Si ansías tener un sueño lúcido para poder hacer “lo que te de la gana en él” eso es Samsara y es apego, y es fuente de sufrimiento, y buscarlo y lograrlo puede ser una notable desgracia desde el punto de vista budista.

Y desgraciadamente casi todo el mundo que busca esa experiencia, ese sueño lúcido, lo busca para eso… para “disfrutarlo” y eso no sería demasiado diferente a querer tomar LSD para tener alucinaciones, o ir al cine.

Entiende que si tienes ganas de tener un sueño lúcido eso es igual de apego que si quieres cualquier otra cosa. Y si los logras y luego te pasas la vigilia deseando que llegue “el sueño” para inhibirte de una realidad no modicable para hundirte en otra que sí lo es, entonces eres un adicto a ellos.

Ahora bien, ¿cual es el papel de los sueños en la espiritualidad? Si es que tienen alguno…

Veremos un poco de ello en budismo y en V. Advaita.

(continua)

 



La lucidez y el sueño (I)

Derivado de un texto en forobudismo:

El tema de los sueños es interesante, a continuación expreso solo mi opinión al respecto de ciertos aspectos de los mismos. En algunos casos basados en la experiencia, en otros casos en indicios científicos y en otros en mera opinión.

Un sueño lúcido, como se sabe, es un sueño en el que uno es consciente de estar soñando. Un aspecto interesante del sueño lúcido es que si eres capaz de vivirlos, con el tiempo vas aprendiendo a modificar el sueño a tu antojo, de tal manera que puedes hacer lo que quieras durante el mismo.

Eso ha hecho que mucha gente se haya interesado por el tema, pues al final, es como poder vivir una película de realidad virtual a tu antojo y eso es notablemente atractivo.

Es viable entrenarse para tener sueños lúcidos en base a ciertos tipos de ejercicios y anclas nemotécnicas. Es un entrenamiento bastante especializado (npoco que ver con la meditación realmente).

Para tener sueños lúcidos no es necesario tener contacto alguno con la espiritualidad, ni haber meditado, ni ser especialmente sabio, ni ninguna otra cosa más que haber entrenado adecuadamente para tenerlos.

Es por eso que se me hace raro que a menudo se relacione el sueño lúcido con cualquier tipo de logro espiritual. En realidad es justo lo contrario y paso a argumentarlo a continuación.

En nuestro dia a dia, una persona ordinariamentedurante la vigilia se encuentra oscilando entre dos estados mentales  en función de su capacidad para estar presente.

A este tipo de estados mentales los llamamos por aquí “bardos” haciendo un uso abusivo del lenguaje espiritual.

Normalmente una persona pasa la mayor parte de su tiempo sin estar presente en absoluto en lo que hace. Se mueve reactivamente y sin presencia. Como cuando conducimos como robots del trabajo a casa sin apenas reparar en lo que hacemos. Normalmente por absorción excesiva en el contenido de sus pensamientos.

A este bardo lo llamamos de observador inconsciente.

Esa situación no es demasiado diferente a la que ocurre en los sueños. Por eso a menudo se usa esa metáfora para referirse a una vida sin presencia. Decimos que vivimos dormidos.

En este caso la inconsciencia surge de la inmersión en el pensamiento conceptual, no como en el sueño. Pero la situación es notablemente equivalente.

(continua)

 



Sin arrugas (fijado y sellado)
05/11/2017, 7:50 am
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Tinta china sobre papel de arroz fijado en cartulina DIN A4

Os debía la versión completa 🙂 Aquí se ve como queda finalmente, tras su fijado y sellado y aquí como queda justo tras pintarlo.



Las sensaciones (y V)
03/11/2017, 7:18 am
Filed under: Reflexions | Etiquetas: , , , , , ,

También hay prácticas guiadas por emociones, y como la emoción incluye sensación en cierta manera trabajamos con sensaciones, por ejemplo de inmenso gozo, pero como la base es una emoción (por ejemplo Metta) tampoco las trataremos ahora en profundidad.

Pero en todos los casos la idea tras ellas es parecida: desencadenar la emoción como una chispa y fundirse con ella para hacerla crecer y asociarla de forma cada vez más intensa a nuestra propia presencia. De tal manera que en su estadio maduro, por ejemplo si trabajamos con metta, llegamos al punto en que : Ser, es ser metta. Estar presente, es estar presente con metta. Y ambas cosas son inseparables. Presencia y metta pasan a estar indisociablemente unidas.

Volvamos a la sensación de ser para acabar.

Es paradójico que la “idea de yo” queremos reducirla (o más bien matizarla) y la “sensación de ser” sin embargo, tal como aciertan algunas doctrinas es una tesoro a cultivar.

De confundir ambas cosas puede nacer un tremendo lio espiritual, pues como se ve el tratamiento que deberían recibir es antagónico. Y es habitual confundirlas porque realmente, como siempre decimos, la literatura espiritual es un desbarajuste notable.

La práctica sobre la sensación de ser o existir o estar o como queráis es una práctica especialmente interesante.

El principal problema para que esta práctica dé sus frutos, ya lo hemos dicho otras veces, es que el practicante sea capaz de identificar qué se quiere decir por la sensación de ser, qué, dentro de su mundo interior, cuando se observa a sí mismo, es la sensación de ser de estar, de existir.

Esto es paradójico como han repetido los maestros, pues es la sensación más obvia de todas. Nadie duda de su propia existencia… y no como teoría de la mente, sino de forma absolutamente directa. Estoy aquí y ahora.

El pienso luego existo de Descartes no es la base. Sin pensar también estás seguro de existir, ¿o no?

Más bien debería decirse:

Siento que existo, haya o no pensamiento presente, pero ¿de dónde surge esa sensación?

Bien, decimos que debemos identificar la sensación de ser. Pero es tan cercana a nosotros mismos, tanto, tanto que es básicamente “nosotros mismos” y por eso suele pasarse por alto o incluso, sin pasarla por alto concluimos que el maestro no puede referirse a “eso tan ordinario”. Pero sí, es eso y es ordinario. 🙂

La atención no puede llevarnos realmente a la sensación de ser. Al menos no inicialmente. Está incluso demasiado cerca de la atención para que pueda hacerse eso. Quizá por eso decir que “debemos identificar esa sensación” no es del todo correcto.

Solo puedes ser la sensación de ser. ¿No suena obvio?

Luego lo que debe aprenderse realmente es a ser de una determinada manera.

A sentir, a ser realmente un ser sintiente. Y nada más.

¿Y que se siente al estar consciente descartando todo estímulo sea externo o interno?

Se siente que uno es. Que existe.

Siéntete, siéntete a ti mismo una vez descartado todo estímulo sea interno o externo y ya está.

Eso es. Eso eres.

 




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