El blog de 道


El sistema-mente v2020: La atención (I)
01/02/2020, 7:07 am
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La atención, el enlace de la consciencia y la inteligencia

La atención es un proceso mental meta-consciente, es decir que actúa sobre el campo de consciencia, seleccionando partes de esta y excluyendo otras.

Existen diferentes niveles de atención, igual que podemos ejercer más o menos fuerza con una mano, aparentemente podemos ejercer más o menos atención a cualquier qualia o conjunto de qualia existente (y solo a los qualia) descartando el resto de ellos.

En cierta manera se percibe (y la neurociencia opina igual) como si pudiéramos dedicar más o menos recursos-mente a atender. Podemos ejercer una atención suave o intensa, y notamos como eso hace que se movilice y canse nuestra mente más o menos.

Puede o puede no haber atención pero no puedes atender a dos cosas a la vez. Es como enfocar la mirada, puede estar enfocada en un sitio u otro o desenfocarla del todo (con cierta práctica), pero no puedes enfocar dos espacios a la vez.

Lo cual no significa que no puedas hacer dos cosas (o seis) a la vez, son cosas diferentes. Pero la atención solo estará en una de ellas o… en ninguna… y cambiará de una a otra muy deprisa, eso es observable.

De todo esto se deduce (quizá te parezca una obviedad pero prefiero ir paso a paso) que podemos hacer cosas y las hacemos continuamente, sin prestarles atención. Porque solo atendemos a una cosa.

Entonces, si podemos hacer las cosas sin prestarles atención. ¿Para qué diantres debe servir la atención?

Demos la vuelta a la pregunta.

¿Cómo se hace una cosa sin prestarle atención? Aplicando lo que la mente ya sabe hacer de antemano. Hemos aprendido algo y ya podemos hacer eso sin atención y junto con otras mil cosas, por ejemplo charlar mientras patinamos.

No podemos hacer, sin prestar atención, algo nuevo, algo que aún tenemos que dominar como se hace, aprender a hacerlo.

Entonces parece que empezamos a verle el sentido a la atención. Esa focalización de recursos-mente, que además no es infinita y se cansa (como se agota cualquier cosa) permite, quizá entre otras cosas, aprender.

No puedes hacer nada nuevo sin prestarle atención, por eso no aprendes en clase si no atiendes, o incluso puedes leer y no enterarte de nada si no estás atento (normalmente es porque te pones a fantasear y tu atención va allí).

Cuando quieras aprender a patinar verás que estás muy, muy atento a todo, pero cuando sepas patinar, será como caminar, la atención ya no será necesaria y disfrutarás del aire en tu cara…

La atención es focalización, pero puedes focalizar en algo conceptual (leer, atender en clase) o no conceptual (aprendiendo a patinar).

Entonces, la atención es la cualidad dinámica de la inteligencia que nos permite aprender, es decir modificar nuestros patrones de reacción y respuesta al mundo exterior (para mejorarlos, si todo va bien).

La atención permite a la inteligencia observar, entender, cambiar y adaptarse. Y en cierta manera es la única expresión si no perceptible (pues estrictamente la atención no aparece en la consciencia), al menos detectable, de la inteligencia.

Un hecho anecdótico (o quizá no) de la atención, pero que resulta apasionante, es que no aparece en la consciencia como tal pero es claramente perceptible cuando está dónde está “mirando” y con qué intensidad.

Como miembro del selecto club de lo no-nacido o no-manifestado que llamamos inteligencia, no tiene forma alguna ni aparece en la consciencia. No es un objeto de la consciencia.

Y sin embargo somos perfectamente capaces de “apercibir” (a falta de mejor palabro) a qué está atendiendo.

Es sin duda el eslabón perdido (y re-encontrado) entre lo manifestado y lo no manifestado. Y por eso la atención es un elemento fundamental.

Sin atención a la consciencia no hay aprendizaje (al menos no de alto nivel). Dime a qué atiendes y te diré qué aprendes… Eso lo saben bien quienes tienen cerca alguien con déficit de atención…

Por eso se decía en el texto sobre la atención que cualquier práctica sin atención no provoca cambios duraderos, no importa lo que vivas, no te va a ayudar demasiado a cambiar.

No habrás aprendido nada de cualquier experiencia sin atención, con suerte quizá aprendas algo cuando la recuerdes más tarde con atención… eso es lo máximo, pero ya será un aprendizaje de segunda mano, pues es sabido que la memoria no es demasiado fiable.

Así pues la atención es la herramienta de aprendizaje basada en los contenidos de la consciencia (basada en qualias).

Aunque ese aprendizaje de la inteligencia, al igual que el total de la inteligencia, nos está vetado, no sabemos cómo aprendemos, pero sabemos que si atendemos, aprendemos… La inteligencia cambia sus patrones de reacción. Se adapta.

Igual que podemos leer una página de un libro despistados y no enterarnos de nada, así es una vida sin atención. Aparentemente vives, pero realmente como dicen en el zen “echamos nieve a un pozo de agua”. Apenas nada queda y nada cambia.

Sin atención no es posible cambiar nuestros patrones de reacción habituales, y eso, en referencia a los patrones de reacción aflictivos, es especialmente importante en espiritualidad.

Por eso el mindfulness es tan importante (más tarde veremos qué es exactamente el mindfulness pero ya intuís que la atención es su base). Y más importante todavía es saber “para qué hacemos mindfulness”, y es porque hacemos que la atención aprenda en determinada dirección.

No es lo mismo atender a un cuadro para memorizar todos sus colores que para disfrutar de su belleza sin mayores complicaciones ¿verdad?

En ambos casos atendemos a un cuadro pero lo que hacemos será muy diferente. Por eso es bastante naive cuando una instrucción de meditación es simplemente “estar atento”.

No es que sea mentira, es simplemente demasiado poco concreta. Está ejerciendo su atención el meditador samatha y también el que hace vipassana,  el que hace shikantaza y el que simplemente está mindful en el trabajo.

¿Cuáles son pues las diferencias? ¿por qué son prácticas diferentes?

La atención en nuestra vida ordinaria, siempre está dirigida a un fin.

Dirigida a un objetivo concreto, tal cosa como la atención no dirigida no existe (bueno, existe en samadhi, luego lo veremos). Normalmente, cuando atiendes, atiendes a algo y para algo y eso en lenguaje budista es La visión.

No es lo mismo que atiendas a tus procesos mentales para ver la ausencia de yo, que atender a tus procesos mentales para ver si alguno de ellos es, por ejemplo sobre fútbol… En ambos casos hay atención y aprendizaje pero los resultados de esa atención serán muy diferentes.

Y en general, en nuestro día a día, atendemos demasiado a nuestro intelecto (nuestra voz en la cabeza) y demasiado poco al resto…

Seguimos



El Sistema-mente v2020: Consciencia-Qualia (y II)
30/01/2020, 7:07 am
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Existe una patología neurológica muy interesante que es la visión ciega. En esa patología el enfermo afirma estar ciego a pesar de no tener defectos en los ojos, pero sometido a ciertas pruebas puede determinarse que sí ve.

¿Entonces?

En el cerebro aparentemente hay dos canales de procesado de la visión, es algo curioso, ¿por qué dos?.

Este tema ha sido tratado en mayor detalle en otro texto ad-hoc pero baste con decir ahora, que pareciera como si uno de esos canales fuera muy rápido y no manifiesto o inconsciente (“zombie”) y otro más lento y manifiesto.

Este segundo sería el que percibimos como consicencia-qualia del ver.

Y es este segundo sería el que tiene dañado la persona con visión ciega, pero como mantiene el otro, puede seguir viendo sin “ver”, aunque relamente su capacidad de ver no es perfecta, ha quedado reducida, se limita a poder esquivar obstáculos y otras funciones relativamente básicas pero ¿no es apasionante?

Cambiamos de tema.

Es habitual asignar a la consciencia ciertas capacidades de acción pero como bien afirma el Vedanta Advaita con su concepto del no-hacedor tal cosa no es así.

Ese espacio multidimensional formado por qualias de diferentes tipos y que llamamos consciencia, no “hace” nada concreto, solo muestra. Son qualias, son mera representación.

Pero algo aporta… lo veremos pronto.

El por qué surge la consciencia como algo representativo (qualia) es un misterio por ahora como hemos dicho, pero el para qué sirve la consciencia se ha hecho más claro con el tiempo y puede abrir los ojos el experimento Molineux.

Este experimento demostró, gracias a ciegos de nacimiento que fueron curados, que “el ver” recién adquirido por el ex-ciego debe sincronizarse con los otros sentidos como el tacto, antes de poder integrarse.

Igual se entiende mejor con un ejemplo: a esas personas se les enseñaba algo redondo, y luego con los ojos cerrados les decían que palparan algo redondo y luego algo cuadrado y que dijeran si lo que habían visto anteriormente era lo uno o lo otro. Una trivialidad ¿no?

Pues no pudieron responder. Ninguno de ellos. No podían en el 100% de los casos.

Qué raro ¿no? Con lo obvio que es para ti.

Pero ellos todavía no sabían qué aspecto visual tenía “el tacto redondo” (tacto que sí conocían desde niños), lo tuvieron que aprender.

Eso significa que no hay “una consciencia” sino múltiples dimensiones diferentes que hay que sincronizar con la ayuda de (¿aciertas?) la inteligencia.

La consciencia es pues, ese espacio de alto nivel multi-dimensional donde se coordinan las diferentes dimensiones-percepciones-qualia (internas y externas) junto con el otro bicho raro: el intelecto. Para crear una realidad sólida integrada. Es decir pasamos de una situación de diversas dimensiones desconectadas (lo visto, lo oido…) a un espacio integrado que reconocemos como “mi mundo”, tanto externo como interno.

Y al añadir el intelecto, esta será además una realidad conceptualizada (es decir, donde se han asignado “etiquetas” conceptuales a las percepciones-qualia sincronizadas).

Es un entorno lento por ser de alto nivel, se sabe que los fenómenos muy rápidos son gestionados por el cerebro (o inteligencia si quieres) pero no da tiempo a que sean considerados de forma consciente. Y por eso nos parecen “ajenos a nosotros”.

Como cuando explota un petardo y saltas automáticamente, ¿has decidido saltar tú? Difícil respuesta… tan difícil como decidir qué se quiere decir por “tú” (por “yo”).

Tal como explica el experimento Molineux, para obtener una idea holística de “lo redondo” ojos y manos (visión y tacto) deben coordinarse, entender que ambas percepciones aplican al mismo objeto. Eso es ver y coordinar que “el tocar redondo” aplica a lo mismo que “el ver redondo”. Esta coordinación implica un espacio de procesado y coordinación de percepciones, de alto nivel y eso es la consciencia o el espacio multidimensional de los qualia, por no usar tanto esa palabreja tan manida.

La presencia allí también del intelecto, de “lo conceptual” permite asignar conceptos a agrupaciones de percepciones, por ejemplo “el ver redondo” y el “sentir redondo” se asocian además al concepto verbal “lo redondo” y así se va construyendo nuestro universo… el universo personal no es solo una serie de percepciones puras, es una serie de percepciones interpretadas, coordinadas y a las que se les ha dado un sentido conceptual como objetos y conceptos, percepciones agrupadas con un significado.

Así pues el aprendizaje holístico, integrado, el aprendizaje que surge de integrar diversas percepciones más (en el caso humano) el intelecto, en cierta manera, parece ser la razón de la existencia de ese espacio consciente formado por qualias heterogéneos, o al menos es una de sus utilidades: es en ese espacio que llamamos consciencia donde se produce esa coordinación de altísimo nivel.

Otra idea más: uno no debería ver la consciencia como un espejo sino como un mar.

No solo porque no refleja nada o incluso porque todas las olas (percepciones-qualia) están formadas por la misma substancia global (mente). Sino porque además no es una superficie sólida, a medida que entrenes la atención y calmes la mente verás a mayor profundidad, verás cosas que antes no podías ver… que estaban sumergidas…

Así pues el espacio mental que llamamos consciencia, es ampliable (y ese no es un dato en absoluto irrelevante). El campo de consciencia es ampliable con entrenamiento-atención.

Pero si la consciencia es solo el espacio y no hace nada ¿cómo aprendemos exactamente? ¿quién “usa” la consciencia si esta es solo una “representación”, como una pizarra de alto nivel y hemos dicho además que el intelecto no piensa? ¿quién coordina?

Eso nos llevará al siguiente elemento: la atención.



El Sistema-mente v2020: Consciencia-Qualia (I)

Consciencia-qualia, el espacio multidimensional

La palabra consciencia en castellano tiene un problema y es que apunta tanto a “lo visto” (la representación) como a aquello que procesa “lo visto” y lo entiende. Es decir a Samantabhadra y a Samantabhadri según terminología tibetana.

En inglés tienen las palabras consciousness y awareness, y eso les permite (si así lo acuerdan) asociar a cada palabra uno de los dos polos (objetos-sujeto) y poder distinguirlos.

A estas alturas, ya se puede intuir que “el procesado” en este modelo, es la Inteligencia+atención (que veremos luego), así que reservaremos siempre la palabra consciencia para el otro polo: la representación.

Así que consciencia tal como la entendemos aquí es el conjunto de qualia de la neurociencia. Qualia (o qualias, da igual) es la palabra técnica para referirnos a la representación que aparece en la mente.

No es que la consciencia, tal como la definimos aquí, contenga o posea qualias, sino que es solamente qualias, es solo mundo interior auto-representado (de la mente y para la mente).

Incluso cuando hablamos de la consciencia como “espacio” estamos exagerando, pero es cómodo para expresarnos. Esa sensación espacial, por ejemplo como cuando oimos un ruido por la derecha, es construida, simulada. Pero a efectos de expresarnos sí que asociaremos el conjunto de qualias a un “espacio”.

Es decir es un conjutno de representación explícito, auto-visible (por tanto no dual, incluso ahora mismo, aunque no te lo parezca). Y no es otra cosa.

Esa es la definición que se usará aquí.

La forma de ver nuestros qualias es como el surgimiento autónomo de una manisfestación que puede ser o no ser procesada por los procesos cognitivos de la mente que vamos viendo.

Es decir, un ruido, te pase desapercibido o no, ha surgido en tu mente como qualia. Aunque no le hayas hecho el menor caso consciente, incluso aunque no tengas ni el recuerdo de que tal ruido se ha producido porque no has atendido a él y tu memoria no lo ha registrado.

En cierta manera, parece evidente que la mente genera mucho más qualia del que es capaz de procesar la inteligencia. Por eso no puedes estar atento a todo en todo momento. Así la atención también puede verse como la “selección” dirigida (intencional) de qué qualias son procesados por la inteligencia y cuales no. Pero me adelanto… la atención aún no la hemos visto.

Eso de no atender a qualias ocurre continuamente en tu experiencia, de hecho la mente es especialmente hábil para ignorar los ruidos, pero no es que no oigas, es que no escuchas. O dicho en nuestra terminología, no es que el qualia no surja, es que la atención no se dirige a él y por tanto la inteligencia no lo procesa.

Distinguir la sutileza entre oír y escuchar, es saber distinguir la sutileza de lo que en budismo a veces se llama “el contacto”. Hemos hablado sobre eso en el pasado.

Y cuando no escuchas (pero si oyes, pues no eres sordo), ¿cuál es el sujeto de ese ruido que se ha producido? ¿ninguno? ¿Y cómo podemos entender un ruido que aparece por y para sí mismo? ¿lo puedes imaginar?

La respuesta a esas preguntas definirá muchas cosas en tu camino espiritual si este tiende a la no-dualidad. La respuesta budista o de doctrinas no-duales será: no había sujeto porque el sujeto es una construcción mental y en ese caso estaba ausente. O mejor dicho ocupado en otras cosas…

Esta disyuntiva, por si te lo preguntas, es diferente a la de Berkeley cuando preguntaba si un árbol que cae, cuando nadie lo oye, genera ruido.

Obviamente no genera ruido, porque el ruido solo existe en nuestras mentes.

A partir de aquí los idealistas dirán que ni siquiera ha caído (hasta que lo mires).

Y los no idealistas dirán que no genera ruido, porque ruido es qualia y por tanto substancia mental (y ninguna mente estaba allí), sino que genera vibraciones en el aire. Pero ruido no genera en ningún caso, ruido solo genera tu mente a partir de los oidos.

Como decía Hui Neng (sexto patriarca zen) ante la discusión de dos monjes sobre si lo que ondeaba era la bandera o el aire, lo que ondea realmente son vuestras mentes.

Este “ Gran espejo” de la espiritualidad clásica (espejo que realmente no refleja nada) que llamaban a la consciencia-qualia de forma bastante inocente, es todo nuestro mundo interior, toda percepción sea del tipo que sea.

Si lo percibes “es qualia” y “es consciente”. Es decir toda experiencia sea interna o externa es qualia.

Por ejemplo: el intelecto es qualia y es consciente porque “aparece”. La inteligencia ni es qualia ni es consciente porque “no aparece”, no se ve por sitio alguno y sin embargo sabemos que existe porque percibimos sus resultados en forma de qualia.

La consciencia es la creación (no el reflejo) de un universo a partir de los sentidos internos y externos, añadiendo además algo un poco diferente: el intelecto, que ya hemos visto. La sexta consciencia que dicen los budistas. El sexto tipo de qualia (simplificando).

Todo ello crea nuestro universo interno (interno sobra, pues no hay otro en tu experiencia, pero ayuda a entendernos) formado por percepciones, intelecto, memorias, sensaciones, emociones, etc… cualquier cosa que percibas, sientas, veas, notes, etc… es consciente y es qualia.

El por qué existe la consciencia, es un misterio para todos (científicos y místicos). Hay creencias, pero no hay nada claro.

Aparentemente podría hacerse todo procesado mental conocido, sin que aparecieran qualias, sin que surgiera esa representación explícita.

Esa es la llamada teoría neurocientífica de los zombies, seres sin representación interna alguna pero aparentemente podrían ser totalmente “normales”. ¿Existen tales personas? No sé sabe… aparentemente no… aparentemente todos tenemos representación interna ¿o no?

Un ejemplo de procesado “zombie” es la inteligencia (ya vista), que trabaja constantemente (y mucho) pero que no aparece por lado alguno, solo aparecen sus decisiones y acciones…

¿Por qué en cambio aparece el resto?

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El Sistema-mente v2020: La inteligencia (y II)
26/01/2020, 7:07 am
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Así tenemos que concluir que existe una esfera conceptual o simbólica consciente que llamaremos intelecto y una esfera no conceptual holística invisible que llamaremos inteligencia.

Entiende esto bien, no es que una parte de nuestra inteligencia nos esté oculta, es que toda clase de inteligencia nos resulta invisible. Solo vemos resultados. Solo somos conscientes de resultados.

Repetimos: el subproducto lingüístico al que llamas “pensar” y que aquí llamamos intelecto, no piensa, porque es un resultado, un subproducto (luego veremos de qué), como cuando imaginas algo o cuando hablas.

Pero te identificas con él porque es visible, perceptible, ruidoso, acaparador, obsesivo, reiterativo cosa que la inteligencia no es.

El intelecto “no piensa”, el intelecto es el resultado de haber pensado, proceso que es invisible a la consciencia.

Más adelante veremos como el intelecto puede afectar a la acción aunque sea poco y tarde, y sobretodo de forma indirecta.

Al contrario que con el intelecto, nuestra identificación con la inteligencia es algo menor o a veces mucho menor, y a menudo nula.

Como decíamos, a menudo nos parece que las intuiciones “nos vienen de fuera” e incluso si se da una acción demasiado rápida nos parecerá que “no la hemos hecho nosotros”. Lo cual es extremadamente paradójico pues como hemos visto el intelecto tiene poca influencia sobre el mundo real y la inteligencia básicamente es lo que nos mantiene funcionando en el mundo. Pero explica por qué antaño se atribuían tales cuestiones a musas, divinidades, demonios, brujos…

Solo con estas dos definiciones claramente asentadas y entendidas, solo entendiendo la diferencia entre intelecto e inteligencia, eso ya nos da para descifrar algunos conceptos de la espiritualidad que se han discutido hasta la saciedad como muy misteriosos o confusos, y que en realidad con estas bases son muy sencillos de entender.

Por ejemplo, en espiritualidad cuando decimos que debemos “abandonarnos/entregarnos” (surrender en inglés) en cierta manera en brazos de quién nos abandonamos es básicamente en brazos de la inteligencia… La inteligencia es nuestra conexión más pura con la realidad en acción.

Debemos confiar en que ese “ente” invisible actuará adecuadamente en cada situación. Eso es “abandonarnos”.

Ese abandonarnos es un simple ejercicio para convencernos de que el intelecto no dirige nada o casi nada, y que es la inteligencia (invisible) quién nos mueve dentro de la realidad.

Dejamos el intelecto de lado y milagrosamente, como dicen los sabios, la realidad nos sostiene y todo lo que debe ser hecho, es realizado.

Convencidos de que esto es así realmente, podemos relajar el intelecto y hundirnos en cierta no- acción (del intelecto). Convencernos de que el intelecto no nos hace falta casi nunca (sorprendente, pero cierto), nos ayudará a que éste pierda peso.

Esa acción sin interferencia del intelecto es espontaneidad, ese valor tan preciado en el zen de la edad de oro. No-mente (Hishiryo).

Esa acción inteligente si no hay aparición alguna del intelecto es fluir en terminología moderna.

Desde este modelo teórico, algunas anécdotas zen que se han mareado durante siglos se vuelven evidentes y directas.

Por ejemplo esta:

Una vez, cuando el maestro estaba sentado un monje le preguntó:

¿En qué piensas tan fijamente?

El maestro respondió “Pienso en no pensar (o sin pensamiento)” [Fushiryo]

El monje respodió: “¿Cómo piensas en no pensar?”

El maestro respondió: “Sin pensar” [Hishiryo]

-Yaoshan

Es decir el monje pregunta e insiste teniendo en cuenta solo el “pensamiento” conceptual o intelecto pues es el único pensar que entiende o conoce, y el maestro continuamente le habla de inteligencia, pues ya ha comprendido que hay un “no pensamiento” que es el que “piensa”.

Traducido al lenguaje de estos textos el diálogo sería:

Monje: ¿En qué piensas [intelectualmente] tan fijamente?

Maestro: En no pensar [intelectualmente] o casi mejor: No estoy pensando [intelectualmente]

Monje: ¿Cómo puedes pensar [intelectualmente] en no pensar? (cosa que ciertamente no es posible)

Maestro: Hishiryo (la inteligencia) no requiere de pensamiento [intelectual]

Más conceptos espirituales vistos desde este modesto modelo teórico:

La suspensión del intelecto, el silencio mental de la espiritualidad, durante largo tiempo es lo que podríamos llamar no-conceptualidad (y no no-dualidad como a veces se dice). Porque es la suspensión del intelecto, de los conceptos, durante cierto tiempo. Quizá sería más correcto llamarlo aquí no-intelectualidad porque lo que está ausente es solamente el intelecto.

Y esa situación produce cambios incluso en la forma en que se percibe el exterior (más brillante y menos particionado en objetos).

En esas condiciones de silencio interior, lo habitual es que la sensación de identidad se vaya moviendo del intelecto a otros procesos mentales más sutiles, porque éste al estar ausente deja de ser una opción.

Típicamente esta migración de la identida va a la atención, aunque erróneamente se suele decir que va a la consciencia y cuando se estabiliza se dice que “soy consciencia”.

Pero la otra forma de expresarlo: “ser el observador o testigo” ya nos da una idea más clara de que realmente la identidad “migró” a la atención, pues “el observador” es precisamente aquello que, de todos los contenidos mentales decide cual “observa” pues está más allá de la capacidad de la mente el poder atender a la vez a todos ellos.

Así que casi todo el mundo que dice “soy consciencia” en realidad cree ser “la atención”.

La identificación con todos los contenidos mentales también puede ocurrir, pero suele ocurrir más tarde y hablaremos de no-dualidad, pues cuando ocurre tal cosa, el sujeto ya está ausente.

Más adelante hablaremos largo y tendido de la atención. Por ahora basta entender someramente que está ocurriendo cuando profundizamos notablemente en el silencio mental.

Bien, visto que intelecto es un proceso consciente y la inteligencia no, vamos a ver qué es eso de la consciencia y para qué podría servir.



El Sistema-mente v2020: La inteligencia (I)
24/01/2020, 7:07 am
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La inteligencia, capacidad de acción no manifiesta

Así como el intelecto, entendido como explicamos anteriormente, aparentemente es algo bastante exclusivo del ser humano, al menos con tal complejidad y relevancia, la inteligencia está presente en todos los seres vivos con sistema nervioso en mayor o menor grado.

Es la capacidad de realizar acciones a partir de ciertas percepciones y orientadas a cierto fin. Y es obvio que tal cosa existe más allá de la forma de pensar de los seres humanos (esa vocecilla famosa).

En el mundo animal hay diferentes niveles de inteligencia. Y no es intelecto. Luego hay que distinguirlo.

Todos sabemos que una mosca es menos inteligente que un delfín y éste seguramente más que un lagarto, las acciones que es capaz de hacer para conseguir cierto fin a partir de la realidad cambiante que se le presenta son más limitadas en la mosca que en el delfín.

El ser humano, suena sensato, también tendrá esa forma de inteligencia además de intelecto, pero típicamente se ve al intelecto como “el cúlmen de la inteligencia” cuando no la única inteligencia. Es decir, el resultado final y de mayor nivel, de toda nuestra capacidad de ser inteligentes.

Es por eso que valoramos grandemente toda esa capacidad intelectual e incluso puede verse con rechazo el pretender “hacerla menos preponderante”. Veremos aquí que esta forma de ver el intelecto es, como poco, ligeramente errónea.

Una forma de ver con claridad que el ser humano es inteligente más allá de la conceptualidad es ver todo lo que podemos hacer sin ella, por ejemplo aprender a ir en bici, pero incluso podemos verlo de forma más radical en las personas que desgraciadamente no aprendieron un lenguaje en su infancia (hay algunos casos muy conocidos) y como eran absolutamente funcionales en el mundo pero de una forma mucho más parecida a los lobos o los osos que a las personas. Y sin embargo inteligentes (a veces muy, muy listos).

Es creencia común que “el intelecto piensa”, cuando en realidad “el intelecto es habla”.

Lo cual no significa que sirva para deducir cosas, pero solamente posee la capacidad de pensamiento simbólico. Deduce cosas, al igual que en matemáticas y al igual que los ordenadores, el intelecto puede deducir nuevos conceptos a partir de los existentes, por ejemplo formando con palabras y conceptos cada vez más complejos, pero no puede cruzar la frontera hasta la realidad. Solo trabaja con símbolos, los llamamos palabras e ideas, conceptos y teorías, y les damos valor de realidad. Pero son símbolos.

El intelecto tiene sus piezas, como un lego, esos símbolos, esas palabras y con ellos puede construir verdaderas maravillas de complejidad pero solo son piezas de lego, todo lo que construya por complejo y bello que sea, será solo un símbolo, un juguete. Lego.

¿Qué se quiere decir con eso de que el intelecto no puede cruzar la frontera hasta la realidad?

Pues aquello tan típico de que por mucho que lo describas no puedes enseñar como es un color a un ciego, o aquello tan repetido de que por mucho que leas sobre como patinar eso no te hace mejorar ni un ápice tu equilibrio sobre ruedas, o que por mucho que pienses sobre espiritualidad… sí, eso… ni un paso adelante…

Es decir lo conceptual o simbólico aplica solo en el ámbito de lo conceptual o simbólico y apenas afecta superficialmente al resto de tu experiencia. Si le afecta, lo hace de forma indirecta, gracias a que el intelecto aparece en la consciencia, pero eso lo veremos más adelante.

Creer que lo conceptual, que lo intelectual, es real, es como construir una manzana con piezas de lego y pretender que nos quite el hambre. La manzana de juguete no se puede comer y el intelecto solo sabe hacer cosas de juguete (simbólicas). Lo cual no significa que no sea útil ser capaz de construir modelos aproximados de la realidad, deducir cosas de esos modelos y sugerir cursos de accién mejores… es muy útil.

Pero en cambio la inteligencia es no-conceptual, no usa conceptos, no es simbólica y es holística. Es lo que te permite aprender a patinar, a nadar o a meditar… o a vivir sin sufrimiento…

Y la inteligencia tiene además una propiedad fascinante: es absolutamente invisible a la consciencia…

Pues sí, a tu inteligencia jamás la has visto funcionando. Has oído a tu intelecto deducir cosas dentro de tu cabeza, pero jamás has podido percibir como funciona tu inteligencia y de hecho solo conoces de su existencia por sus resultados: las acciones que realiza y los aprendizajes que consolida.

Puedes oirte pensar o hablar, pero no sabes “cómo piensas”, no sabes por qué mecanismo concreto se realiza esa acción. Pero esto tampoco es nada nuevo, no sabes en detalle ni cómo caminar… Es muy poco lo que se sabe en el nivel consciente, realmente…

Podemos decir que la inteligencia es inconsciente aunque quizá sería más correcto decir subconsciente. En todo caso está siempre funcionando excepto en el sueño profundo y sus resultados son más que perceptibles (incluso en tus sueños tienes inteligencia y reaccionas de forma inteligente).

Su activación también es parcialmente perceptible con entrenamiento pues se basará en la percepción de intencionalidad cada vez más sutil. Pero entre su activación y sus resultados, es absolutamente invisible (inconsciente).

Es sabido en neurociencia que las decisiones (curso de acción) en algunos casos se toman antes de que la consciencia lo muestre. Esto que parece tan sorprendente, es razonable si abandonamos la idea de que “la consciencia piensa” lo cual también es falso.

Por tanto “lo que piensa”, que es la inteligencia y es no-manifiesta, primero decide y luego (no puede ser antes) se hace consciente una sensación de autoría a menudo junto con la propia acción ya en ejecución cuando no hay tiempo que perder…

Hago un paréntesis para decir que eso no demuestra ni la ausencia ni la presencia de libre albedrío como a veces se cuenta en los artículos de neurociencia, sino que solo indica donde se toman las decisiones e indica que ese lugar no siempre es consciente. Pero no muestra si esa decisión es condicionada o fruto de alguna otra maravilla de origen desconocido que llaman “libre albedrío”.

Es decir que nuestra inteligencia permanece en lo no manifiesto, en esa Mente (con mayúsculas) que no podemos ver y que lo permea todo. Como también por ejemplo “aquello” que genera “lo visto”, sea lo que sea…

Las intuiciones, las ideas geniales, la inspiración, el arte, esas palabras olvidadas que no te vienen a la cabeza hasta que el intelecto deja de “intentar recordarlas” (porque tampoco tiene ni idea de cómo se recuerda), todo eso surge también de la inteligencia y por eso parece como si eso nos fuera ofrecido desde un plano superior, sin saber cómo ha ocurrido o a través de qué proceso deductivo hemos llegado a esas conclusiones.

Porque no hemos llegado a ellas por ningún proceso deductivo. Eso sería intelecto.

Ese fenómeno es conocido en neurociencia y se le llama “efecto Eureka”. Es real, está comprobado, es obvio y demuestra que existe una inteligencia notable no manifiesta (o eso o existen realmente las musas).

Cuando ocurre un kensho o una realización o despertar o cualquier experiencia trascendental, adquirimos un nuevo entendimiento pero es tan sutil que a menudo no sabemos ni expresarlo con palabras (y entonces tampoco con pensamientos intelectuales, lógicamente).

Eso nos despista y descoloca, pero entendido todo esto es obvio lo que pasa. Nuestra inteligencia ha dado un paso en la dirección correcta, ha aprendido, pero nuestro intelecto no tiene palabras para expresarlo. ¿Cómo podría expresarse algo para lo que no tenemos palabras?

Normalmente el caos comienza cuando lo intentamos explicar… porque no nos entienden… o peor creen que nos entienden…

Seguimos




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