El blog de 道


¿Dónde está mi mente?
05/09/2020, 7:07 am
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Con tus pies en el aire y tu cabeza en el suelo
prueba este truco ¡y gira!, sí
Tu cabeza colapsará
pero no hay nada en ella.
y te preguntarás
¿Dónde está mi mente?
¿Dónde está mi mente?

Estaba nadando en el Caribe,
los animales se escondían detrás de las rocas, sí.
Excepto ese pequeño pececito
pero me dijeron, él jura que está
tratando de hablar contigo, koy, koy…
¿Dónde está mi mente?
¿Dónde está mi mente?

Está por el agua
Mírala nadando.

Con tus pies en el aire y tu cabeza en el suelo
prueba este truco y gira, sí
Tu cabeza colapsará
si no hay nada en ella
Y te preguntarás
¿Dónde está mi mente?
¿Dónde está mi mente?

Por el agua.
Mírala nadando.

OooooOh
Con tus pies en el aire y tu cabeza en el suelo
OooooOh
prueba este truco y gírate, sí.
OooooOh
OooooOh
OooooOh

Versión original (Pixies)

-No tengo paz en mi mente. Por favor, pacifícala.
-Muéstrame esa mente que tantos problemas te da.
-Es imposible, no puedo localizarla y enseñársela.
-Entonces ya la he pacificado.

Bodhidharma



Ron Burbea: Origen interdependiente (y V)
03/09/2020, 7:07 am
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La enseñanza de los agregados

Para que pueda exponerse precisa y totalmente las formas en las que tendemos a concebir la relación del yo con el cuerpo y la mente, puede ser valioso dividir “cuerpo y mente” en constituyentes. Una de las maneras es utilizando la formula de Buda de los “cinco agregados” o skandhas, que se enumeran a continuación:

 rūpa – cuerpo, materia, materialidad, cualquier objeto percibido con forma.
 vedanā – sensación, pero específicamente el tono de esta, su calidad de placentera, no placentera o ni lo uno ni lo otro.
 saṃjñā – percepción
 saṃskārā – formaciones mentales e invenciones, incluyendo pensamiento, intenciones y voluntades, así como factores mentales como la atención, que juegan un importante papel en fabricar la experiencia.
 vijñāna – conciencia, cualquiera de los cinco sentidos y la de los fenómenos mentales.

No siendo una definición del yo, se considera que permiten una mejor aproximación a la complejidad de nuestra existencia. Hay dos ventajas en esta elaboración: una es que podemos lidiar mejor con las partes en la meditación que con el conjunto, y la segunda que previene el agobio y la confusión de su discernimiento y permite disminuir el grado en el que los agregados se retroalimentan en círculos viciosos. Esta segunda ventaja es de gran interés, ya que nos provee de un compendio de las posibles combinaciones de las diversas concepciones del yo para entonces aprender de ellas. Y esto se debe a que en esta lista de los cinco agregados se encuentra todo tipo de fenomenología experimentable que podamos identificar o poseamos. Cualquier cosa que se pueda experimentar cae dentro de alguno de los agregados.

De forma algo más amplia, el Buda mencionó cuatro formas básicas en las que el yo se concibe en relación con los agregados, y todas ellas incluyen sufrimiento:
De igual forma que un perro atado a una estaca mediante una cuerda da vueltas y vueltas alrededor de la misma, una persona ordinaria, no versada en el Dharma, considera la forma (el cuerpo) como yo, o al yo como poseedor de forma, o como forma en un yo o como yo en
una forma.

Considera la sensación como el yo, o un yo que posee sensación, o una sensación en un yo o un yo en una sensación.

Considera la percepción ….

Considera las formaciones mentales ….

Se considera consciencia como yo, o un yo que posee consciencia, o conciencia en un yo o un yo en una conciencia.

Y así sigue dando vueltas alrededor de esta forma, esta sensación, esta percepción, esta
formación mental, esta conciencia. Y debido a esto, no se libera de la forma, de la sensación,
de la percepción, de la formación mental, de la consciencia. Ni tampoco del nacimiento, vejez
y muerte; de la tristeza, lamentación, dolor, angustia y tribulación; ni se libera del sufrimiento.

En otras palabras, típica y casi incesantemente nos identificamos con las variables permutaciones de las cuatro clases de concepción del yo, bien explícitamente o de forma más inmediata en nuestra forma habitual de percibirnos. A veces nos sentimos o concebimos el yo como uno o varios agregados. Nos identificamos con el cuerpo, con la mente, con un aspecto de la mente como emoción o inteligencia, sentimos que eso es lo que somos. O, a veces es posible que concibamos el yo como algo distinto de los agregados, pero poseyendo los mismos, el cuerpo, la mente, emociones, percepciones u otros factores mentales.

Alternativamente, otras veces creemos o sentimos que el yo está de alguna forma en el cuerpo o la mente, e incluso es posible concebir, sentir o creer que los agregados son algo que está en el yo, que es algo más vasto y contiene los agregados.

Estas concepciones previenen la liberación. El Buda enseñó que debemos librarnos de dichas concepciones para conocer la libertad. Aquí hay dos cosas importantes a resaltar. Una, que, aunque la concepción o sensación del yo no cuadre exactamente con las cuatro posibilidades, no debe asumirse que cualquier otra posibilidad es más real o certera. Cualquier identificación con cualquier teoría del yo nos limitará y causará sufrimiento, por lo que es fundamental ser consciente de la concepción adoptada e investigarla. La segunda es que, aunque estemos dispuestos a deshacernos de cualquier formulación filosófica o intelectual del yo que hayamos adoptado, lo más difícil es exponer aquellas concepciones que hemos asumido que operan a nivel más intuitivo.

Vamos a echar un más detenido vistazo a algunas de las formas intuitivas en las que el yo tiende a ser concebido en nuestra experiencia. Podemos percatarnos de que con frecuencia tendemos a suponer intuitivamente al yo como el controlador de los agregados del cuerpo y de la mente. El yo existe en el interior del cuerpo-mente como parte de los mismos, pero de alguna forma separado, y es quien se encarga de dirigir la orquesta, tomar las decisiones y manejar los componentes. Esta es la comúnmente referida como concepción innata del yo, la forma más común de imaginarlo. Se da el caso de que cuando de alguna manera una creencia mantiene una posición antagonista a esta, se mantiene como posición de por defecto en caso de conflicto.

De forma bastante relacionada puede considerarse que los agregados, de alguna forma, son dependientes del yo. Primero soy yo, y luego el cuerpo o la mente de los que tomo control. De forma vaga se asume que el yo es de alguna forma remotamente independiente de los agregados.

Por ejemplo, cuando imaginamos que, con un diferente cuerpo, más joven, más saludable, o una mente diferente, nuestro yo permanecería el mismo fundamentalmente.

También puede darse que concibamos el yo como la totalidad de los agregados, la suma de sus partes, o que es el continuo en el tiempo de estos, un proceso. Aunque esto es un poco más sofisticado y difícil de sostener.

Y como adición a estos modos comunes de concebir intuitivamente el yo, hay un rango de posibles variaciones que surgen y se mantienen basados en creencias, filosofías o experiencias meditativas.

Por ejemplo, concibiendo el yo como el resultado presente de una red infinita de condiciones pasadas, materiales y mentales. Entre otras cosas pueden incluir células embrionarias de nuestros padres, la comida, el aire, el agua que hemos consumido, las ideas, condicionamientos, impresiones de los sentidos desde incontables fuentes externas que hemos absorbido durante años y que nos mantienen bajo su influencia. El yo sería pues como algo que existe contingente a esta situación y como amasijo de la interacción de las condiciones.

Puede también existir la concepción, y el fuerte sentimiento que ocurre en la meditación u otros momentos, de que en realidad “todo es uno, solo hay un solo yo cósmico”. Esto puede tomar diferentes formas, pero que no hay necesidad de elaborar ahora. Posiblemente demasiadas variaciones que surgen de ciertas prácticas, filosofías o intuiciones, pero que tienen en común la concepción de un yo como siendo independiente de los agregados, algo que los agrupa y los mantiene. Una de las variaciones más comunes es aquella de que el verdadero yo es conciencia, una clase de vasta, imperturbable, permanente y universal consciencia.

Ninguna de estas concepciones fue avalada por Buda en absoluto, como la naturaleza última del yo.

Todas ellas incluyen, bien implícita o explícitamente, la asunción de un yo con existencia inherente no importa lo cósmico o rarificado que sea. E igualmente, asumen y afirman que esta o aquella formulación o percepción es la verdadera naturaleza del yo.

Todas estas perspectivas y puntos de vista de las concepciones son extremadamente útiles y brindan un profundo grado de libertad, pero debe servir como peldaños en la escala de liberar nuestros aparentemente inamovibles puntos de vista. Pero igualmente tenerse en cuenta sus limitaciones.

Donde quiera que existe una concepción del yo habrá asunción de existencia inherente, con la consecuente ignorancia subyacente, y que, a pesar de su sutileza, mantendrá la semilla del espejismo fundamental y dukkha.

  • Rob Burbea traducido por Juan


Ron Burbea: Origen interdependiente (IV)
01/09/2020, 7:07 am
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Siempre hay sensación del yo de alguna manera

Al familiarizarse con este continuum llegamos a una importante segunda conclusión, que es la de que hay siempre una sensación del yo (1) , hasta cierto punto, siempre que existe una experiencia de cualquier tipo. ¿Y por qué esto es importante?

La primera razón compete a las conclusiones que rápidamente se derivan de estados aflictivos emocionales y su necesidad de respuesta. El auto criticismo, por ejemplo, puede conducir a una creencia de que la persona carece de un yo, que debe desarrollarlo, cuando en realidad es un yo construido sobre puntos de vista negativos acerca de uno mismo. En vez de desarrollar uno, pudiera ser más conveniente la falta de coherencia de ciertas auto definiciones y puntos de vista, un mayor equilibrio en una dirección más positiva y amable. Las prácticas de la vacuidad no buscan destruir el yo, sino entender su vacía naturaleza, como se ha comentado claramente.

La segunda razón es debida a la necesidad, a fin de comprender la vacuidad, de entender hasta cuan profundos son los cimientos de la construcción mental. No es suficiente exponer las burdas manifestaciones y construcciones del yo. Cuando pareciera que el yo no está siendo construido, por ejemplo, cuando observamos de forma simple y neutral, o en una profunda quietud y espaciosidad, en realidad sigue siendo fabricado de alguna manera.

Puede no estar relacionado con la personalidad, no acarrear sufrimiento apreciable, pero si no extendemos nuestra investigación meditativa para incluir estas sutiles manifestaciones del yo, las profundas semillas de la ignorancia permanecerán sin ser desafiadas. Algo necesita ser entendido: cualquier sensación de sujeto (o de objeto) será sentida y asumida, generalmente sin darnos cuenta, como poseedor de existencia inherente, a menos que consciente y deliberadamente sea vista como vana. Y si no se percibe su total vacuidad, servirá como semilla para más ignorancia en curso.

Tsongkhapa en su Great Treatise of the Stages of the Path, comenta: Uno debe trazar la distinción entre no comprometer su mente con los dos yoes, y el comprometer su mente con los dos no-yoes (2).

Explica que hay veces de aparente ausencia de yo y del mundo de los fenómenos, pero donde no hay contemplación o entendimiento de la vacuidad de los mismos. Por ejemplo, cuando uno está inconsciente o profundamente dormido, y también en estados de profundo shamadi.

Todos estos estados son igualmente inefectivos en despertar la visión de la carencia de su existencia inherente que es el núcleo de la ignorancia. No obstante, cuando el movimiento entre los diferentes estados es acompañado de una investigación productiva en el correcto entendimiento de la naturaleza de la fabricación y sus implicaciones son entendidas en mayor medida, todos esos estados fructifican en la contemplación de la vacuidad.

¿Cómo se mueve esta sensación de ser a lo largo del espectro, y qué significa este movimiento con relación a la vacuidad?

La concepción del yo

Al igual que el espectro, hay otro aspecto de la experiencia del yo del que importante darse cuenta: el rango de posibles perspectivas en las que concebimos habitualmente el yo, y particularmente en su relación general con el cuerpo y la mente. Aparte de explorar la formación de los puntos de vista del yo a nivel personalidad, más fundamental de lo que pensamos es investigar la clase de puntos de vista y definiciones que operan en un nivel más existencial, en términos de elementos más básicos de existencia, cuerpo y materialidad, mente y conciencia.

A veces estas concepciones son conscientes e involucran pensamiento: alguien puede adoptar intelectualmente una posición filosófica acerca del yo y su relación con el cuerpo, con la mente y la consciencia, o puede crear como asunto de fe, una cierta naturaleza del yo. Pero con frecuencia, esta concepción no es consciente ni involucra pensamiento. Existe y opera como un sentimiento intuitivo, vago y soterrado. Como la sensación del yo discutida, esta concepción está presente en cualquier momento y experiencia. E igualmente es variable, cambia con el tiempo. Y cuando comenzamos a percatarnos de ello, necesita ser atendido.


1. Salvo en la cesación

2. Los dos yoes son el yo de una persona y el yo de cualquier fenómeno, significando en ambos cases la equivocada percepción de su existencia inherente. Igualmente, los dos no-yoes corresponden a la vacuidad del yo personal y a la vacuidad de los fenómenos, y de esto es de lo que hay que darse cuenta.



Ron Burbea: Origen interdependiente (III)
30/08/2020, 7:07 am
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La experiencia del yo mas allá de la personalidad

La sensación del yo

Hasta ahora se ha discutido principalmente los medios a través del los cuales el yo es construido a través de auto definiciones y puntos de vista operando en el nivel de pensamientos acerca del yo. No habiendo sido suficientemente enfatizada la necesidad de darse cuenta de dichos pensamientos en la investigación de como nos construimos a nosotros mismos, es sin embargo vital desarrollar sensibilidad a otros aspectos en los que podemos experiméntalo.

Independientemente de qué pensamientos estén presentes o ausentes, con cada estado mental sentimos y percibimos, junto con el cuerpo y la emoción un diferente yo, humor, talante o disposición de ánimo. A este aspecto de la percepción del yo se le denomina sensación del yo.

Cuando nos sentimos avergonzados, esta sensación tiende a ser más contraída, más solida y separada del mundo; por el contrario, en un estado relajado nos sentimos más ligeros y conectados.

Generalmente, este sentido o sensación del yo suele ir acompañado de una sensación corporal que será más o menos contraída, sólida o separada.

El espectro o continuum

Prestar atención a esta sensación del yo, dentro o fuera de la meditación, en un amplio abanico de estados mentales y experiencias, rinde innumerables beneficios y capacidad de penetrar las apariencias. Nuestra primera conclusión es que existe un espectro o escala en la percepción variando de un extremo a otro. En un estado de irritación o enfado, esta sensación puede apreciarse como contracción, solidez, separación; es uno de los extremos de la escala.

En un estado más habitual, la intensidad de la rigidez es menor e incluso mucho menor en estado de meditación o relajación cuando la mente no está alborotada. A veces, estando más en contacto, o en esos momentos de samadhi o cuando metta (felicidad) es intensa, la sensación del yo es todavía mucho menos rígida y separada. Y en todos estos estados los grados varían: un poco, bastante, mucho o totalmente. En el otro extremo del espectro, hay ocasiones en profunda meditación que pareciera existir tan solo una sensación de consciencia que se percata de los fenómenos, sin apenas la más leve identificación con dicha consciencia. Totalmente más allá de la personalidad, estas experiencias no parecen producir ninguna aflicción y son ligeras y espaciosas. Pero incluso aquí hay una extremadamente sutil sensación de un yo que está vivo como la mera sensación de conciencia, un sujeto muy tenue que reconoce los fenómenos como objetos de experiencia.

El movimiento de esta sensación del yo a lo largo de este espectro nos brinda una oportunidad para entender la vacuidad. Puede tomar su tiempo de práctica, pero reconociendo dicho espectro, familiarizándose con los diferentes intervalos y las manifestaciones correspondientes, desarrollando sensitividad para las sutiles diferencias, investigando y entendiendo como surge y en qué circunstancias, nos proveerá de una importantísima herramienta para abrirnos a nuestra realización.

Seguimos



Ron Burbea: Origen interdependiente (II)
28/08/2020, 7:07 am
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Otra vuelta de tuerca

Trabajar situaciones, construcciones mentales y sufrimiento desde la perspectiva del origen interdependiente, es una enorme ayuda y debe tomarse el tiempo necesario para comprender el tema. Sin embargo, mediante la práctica llegamos a advertir importantes limitaciones restringidas a este nivel de entendimiento.

Por ejemplo, considerando el mapa según lo expuesto, y respecto a la dependencia de la sensación de ser con el fenómeno, podemos reconocer la importancia del hecho de que la identidad no existe, y no puede encontrarse fuera de la red de relaciones existente. Podemos incluso observar que esta identidad no puede identificarse con ninguna de las relaciones de forma aislada, ni siquiera originarse de ella. Puede ser tentador asegurar como descripción de su naturaleza, que la identidad “es un proceso”. Pero eso no ha sido nunca una afirmación de Buda, ni siquiera ha sido avalada. Por tanto, esta forma de verlo puede ser útil temporalmente, pero está limitada en su comprensión y por lo tanto en la liberación que puede producir.

Esto se debe principalmente a que el origen interdependiente discutido hasta el momento solo abarca un cierto grado de fabricación mental, dejando la existencia inherente de muchos elementos sin cuestionar. Por ejemplo, este nivel de explicación describe algunas formas en las que el ansia producida debido a una experiencia sensorial (vedana) es un factor importante en la construcción mental, pero la misma existencia de esta experiencia se considera como verdadera, como existiendo inherentemente. Lo mismo ocurre con respecto a la percepción y a la realidad externa de una situación.

En este nivel inicial de investigación, los elementos que constituyen el proceso parecen suficientemente reales en su mayoría, por lo que concebir un proceso sugiere que ya es válido por sí mismo. Y más aún cuando aceptamos la incuestionable realidad del tiempo. Éste, que parece de sentido común considerarlo, es una de las presunciones y percepciones aceptadas más comunes. Por tanto, la noción general de un proceso y su comprensión descansa en la premisa de que el tiempo – como base, contenedor y despliegue de un proceso- tiene existencia inherente.

En muchas ocasiones, podemos observar procesos en el tiempo, como un elemento afecta a otro y este a su vez retroalimenta al primero. Pero debemos ser cautos si queremos concluir que esta es totalmente la enseñanza del origen interdependiente. Hemos de percatarnos de que podemos estar asumiendo cierta secuencia en bucles que son demasiado rápidos para ser observados.

Normalmente existe la tendencia de considerar la causalidad como un proceso en el tiempo, lo que es un espejismo, es ignorancia, avijja. La misma consistencia de la presentación del mapa de la secuencia parece representar ciertas realidades acerca del proceso, pero una investigación más cuidadosa muestra que dicha asunción no es precisa.

También lo es la concepción de la causalidad como un proceso en el que causas reales y condiciones producen efectos reales. Podemos asumir fácilmente que el origen interdependiente consiste en un velocísimo adelante y atrás, o ciclos o sus relaciones en una red que, aunque conectada, son diferentes unos de los otros y claramente separados. Sin embargo, de la misma forma que podemos ver que la identidad no existe y no puede descubrirse como algo diferente de su red de relaciones, y que no puede ser aislada como una de ellas, podemos igualmente descubrir que pasa lo mismo con la causalidad. Cuanto uno más experimenta e investiga, más se da cuenta de que las relaciones no son entidades separadas o fenómenos, sino que se interpenetran y superponen sin existir por sí mismas. Y este hecho es parte de la realización de niveles más profundos de vacuidad.

Con el tiempo seremos capaces de apreciar que, aunque es inmensamente provechoso abordar el origen interdependiente como un proceso en el tiempo y como una descripción de las complejas interacciones entre elementos reales y discretos, no es la verdad última de este origen interdependiente. Es una enseñanza con diferentes niveles de comprensión. Más que como explicación, este conocimiento fue ofrecido por Buda como la herramienta definitiva para la deconstrucción total de cualquier tipo de punto de vista, ya que proporciona la más profunda liberación.

Continua.

 




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