El blog de 道


La práctica reina Mahayana (II)
05/12/2019, 7:07 am
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1. Focalización o concentración o mindfulness. Correspondiendo al primer yoga Mahamudra, tras las prácticas preliminares llegamos a este momento con una mente algo más capaz de concentrarse por períodos de tiempo medios. En este punto “solo-ser” consistirá en activar nuestra mente mindful, es decir, justo la misma situación mental que cuando nos dicen que estemos “mindful” pero sentados e intentar no movernos de ella.

Lo que es la mente mindful, se ha explicado aquí a menudo. Es algo tremendamente ordinario. De hecho, desde el punto de vista del “olvido de uno mismo” (mindful proviene de recordar) solo hay dos mentes: la reactiva y la mindful. Así que siempre que no está la reactiva estará la mindful.

¿Y como reconocemos la mente reactiva? Pues es aquella en la que se activa “el olvido de uno mismo” y la mente funciona de forma descontrolada, casi como un robot, generando pensamientos en cadena.

Dado que al sentarnos hemos decidido que no vamos a seguir esas cadenas de pensamientos, su aparición nos indica claramente la pérdida de la mente mindful y la aparición de la reactiva (nos hemos olvidado de nuestro propósito). Por tanto se descartan esos pensamientos como irrelevantes y se vuelve a la mente mindful.

Como curiosidad, esta meditación, estrictamente no tiene objeto de meditación, pues estar mindful no es necesariamente estar mindful de nada concreto, y de hecho lo ideal será no estarlo (no estar mindful de nada concreto), aunque inicialmente eso es muy difícil.

Y eso es todo.

Es tan increiblemente sencilla que su sencillez es su complejidad.

No la compliques (y ensucies) añadiendo nada de tu cosecha. Es esto y no es nada más. Y si añades más, probablemente ya no será esto (y no será tan efectiva o no será efectiva en absoluto).

Cuando se dice que los pensamientos nos han de parecer “irrelevantes” se quiere decir eso, y no que te molestes por haberte perdido en ellos. La actiud emocional ecuánime, es clave (mucho más que cómo te sientas, respiras u otros detalles a los que damos demasiada importancia).

Y así, esta será la práctica fundamental en el yoga de focalización o concentración y corresponde con las miles y miles de instrucciones de práctica zen que leéreis por ahí. Es lo mismo, mejor o peor explicado en cada caso, es lo mismo.

En el día a día, la práctica será mantener el mindfulness tradicional, es decir, lo mismo.

Dejar ir todo pensamiento en el que nos encontremos perdidos sin darle relevancia alguna, y llevar nuestra atención al resto de la fenomenología. Que en realidad es hacer más que menos, lo mismo que sentados, pero sin estar sentados y aislados… por eso es más difícil. Pero no cambia nada.

El resultado emergente de esta práctica será una espacio mental vacío de contenidos mentales que podemos mantener un tiempo más o menos largo en meditación y más tarde también en post-meditación.

Cuando, debido al hábito y al reconocimiento, nuestro sentido de identidad se traslade a este espacio (seamos ese espacio) de forma estable, sin esfuerzo y permanente, habremos completado el primer yoga. Y a partir de ese punto, el “lugar de retorno”, cada vez que activemos nuestro mindfulness, será este espacio, de forma natural y sin esfuerzo. Y cuando estemos en ese espacio, sentiremos todo pensamiento como irrelevante y no existirá una conexión emocional con él (no nos absorberá).

Es importante ver que, incluso tras completar el primer yoga, cuando se pierde nuestro mindfulness podemos ser arrastrados por el pensamiento reactivo. Ocurrirá menos, pero todavía ocurrirá.

El creer lo contrario da lugar al conocido fenómeno “Lo tuve/lo perdí” que tanto estrés genera, cuando en realidad no has perdido nada, simplemente estás en una situación diferente a la que crees estar, debido sobretodo a que se ha mitificado en exceso este despertar (incluso algunos lo llaman iluminación).

Así que lo que define la completitud de este yoga no es, todavía, la autonomía permanente del pensamiento reactivo, sino su trascendencia cuando estamos mindful pero sobretodo el cambio de identidad que se produce.

A ese cambio identitario hoy día se le llama despertar. En tradición zen, los flashes de ese estado antes de su estabilización, se llaman kensho (satori podría ser su estabilizacion pero no está nada claro). En Mahamudra es reconocer la naturaleza de la mente (como espacio vacío). Kensho significa ver tu verdadera naturaleza, así que como podéis ver la literatura budista, en ambos casos, también describe este evento en términos identitarios. Y ese cambio identitario sea el resultado más claro de esta completitud.

A partir de aquí, todo lo que sigue sólo aprovechará a practicantes avanzados en esos otros yogas. Para el resto puede ser contraproducente. Leéis bajo vuestra propia responsabilidad.

Seguimos



La práctica reina Mahayana (I)
03/12/2019, 7:07 am
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Advertencia previa: Esta práctica que describiremos los próximos días, no es exclusiva, hay otras prácticas que deben tenerse en consideración para una senda espiritual equilibrada, pero sí hablamos de la práctica fundamental de un camino Mahayana.

En los dos primeros yogas Mahamudra (especialmente en el primero) es importante que la mente inquisitiva esté despierta e intente “ver”, entender, los planteamientos del budismo. Es decir, que no solamente es cuestión de realizar la práctica que se comentará debajo sino que también hemos de tener una orientación “vipassana” ante la práctica y en nuestro día a día, en general.

También, durante los tres primeros yogas pero especialmente en el segundo y tercero, será necesario, para quién no tenga la inclinación natural, realizar prácticas que despierten las emociones positivas (compasión, amor, alegría…).

Esas tres formas de meditación creo que son suficientes para cubrir correctamente la parte “meditativa” del sendero octuple según su orientación Mahayana.


En este texto hablaremos sobretodo de la práctica fundamental Mahayana, compartida por Mahamudra y Zen, en parte también por Dzogchen, y, en mi opinión, aunque en este caso aquí lo dejaría y no comentaría más, también Advaita Vedanta. Es decir, el vehículo fundamental de todos los vehículos budistas aparecidos en los dos últimos milenios.

Hablamos por supuesto de solo-ser, solo sentarse o como se le quiera llamara (residir en el ser, shikantaza,…)


Empezamos fuerte: como se ha dicho a menudo aquí, esa práctica es imposible inicialmente.

Así que vamos a hacer un esbozo de cómo varía la práctica de solo-ser a lo largo del camino desde el minuto cero a la budeidad, esbozando las fases o cambios que se perciben según el modelo Mahamudra Tibetano porque, en mi opinión, es la única doctrina que ha clarificado de forma nítida estas etapas.

En el zen debieron ser conocidas, pues existe la doma del buey que las describe de forma poética, pero nunca las he encontrado escritas de forma nítida en literatura zen y mucho me temo que se perdieron porque los maestros actuales no parecen usarlas ni conocerlas.


Fase 0. Práctica preliminar: Tan denostada y tan importante. Igual que uno puede intentar escalar una montaña toda su vida y no lograrlo nunca por falta de entrenamiento, o entrenar unos meses y escalarla a la primera. Así hoy día muchos practicantes eluden las prácticas preliminares por no “perder tiempo” y acaban perdiendo toda su vida en miles de intentos de meditación mediocre.

Las prácticas preliminares no se pueden considerar meditación ni teniendo en cuenta su definición más ámplia, pero son imprescindibles para empezar a revertir nuestro contínuo olvido de nosotros mismos. Construyen una mente que es capaz de estar “quieta” y concentrada durante los períodos de tiempo mínimos necesarios para que luego la meditación pueda dar sus frutos.

Una buena práctica preliminar sería contar las respiraciones como hacen en el zen, o cualquier otra práctica que nos indique claramente cuándo hemos perdido la atención para poder calibrar la capacidad de nuestra mente. Existen numerosas referencias sobre esta práctica, no profundizaremos en ella. Tampoco es más que eso, una forma de entrenar nuestra atención para que pueda meditar de forma efectiva.

Es factible alternar estas prácticas con el primer yoga que sigue a continuación.

Seguimos



El alpinista
01/12/2019, 7:07 am
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Conocí a J. en su juventud, era bastante aficionado a la montaña y hacía ascensiones de cierto nivel en el Pirineo.

Un día oyó hablar de una ascensión increiblemente bella, difícil y meritoria en el Himalaya. Era la montaña perfecta, no lo podía creer. La descripción del viaje y la montaña eran espectaculares. Y una montaña así, tan pocas veces ascendida, con esa reputación y esa dificultad técnica, si la lograra escalar sería uno de los alpinistas más famosos.

Aún era joven pero ya comenzaba a despuntar en las montañas locales. Decidió que lograria ese objetivo y la subiría costara lo que costara. Así que empezó a planificar su viaje. Era un viaje además de arriesgado, caro y complejo, y había que prepararlo bien. Pensó que no venía de unos meses o un año pero que tenía que asegurarse el éxito, pues quizá no podría ir una segunda vez.

Primero se informó sobre como llegar hasta el campo base, no era fácil y leyó mucho y mucho sobre cual era la forma óptima de hacerlo. La época ideal era la primavera y dado que acababa de pasar, podría dedicar varios meses a preparar el viaje pues no podría ir hasta el año siguiente. También le preocupaba llevar todo el material necesario, no dejarse nada, que nada sobrase y que el peso a cargar fuera asumible.

Y como, a pesar de haberse informado ámpliamente, dudaba de todo lo que encontró escrito, decidió que debía entrevistarse con personas que hubieran estado allí. Eso no era fácil, le llevó meses encontrarlos, e ir a verlos. Pero lo logró.

Gracias a ellos, se dió cuenta que había subestimado la dureza del asunto. Su forma física quizá no era suficiente, así que empezó a entrenar duramente en el gimnasio todos los días. Viendo claro que no estaría listo para la siguiente primavera, planificó el viaje a un año vista.

La vida da muchas vueltas y aunque la prioridad es la ascensión, no todo en la vida va a ser eso, y J. se enamoró de una chica adorable. No hay como el amor y pronto se vió con planes de convivencia en común, boda e incluso quizá, formar una familia.

Aunque ella no era alpinista, eso, por supuesto, tan decidido como era, no cambió en absoluto sus planes, pero sí tuvo que retrasarlos un poco.

Y mientras tanto profundizaba más y más en los detalles del viaje y la ascensión, la intendencia y logística, los riesgos a neutralizar, el material idóneo, la climatología, las opciones de rescate si todo iba mal, etc… Y por supuesto, cuando podía, pues ahora tenía mucho lío con la vida familiar, también entrenaba un poco.

La montaña no se iba a mover de allí, era esa una frase que venía a menudo a su mente.

Luego estaba el asunto económico. La expedición no iba a ser barata y sacar adelante una familia tampoco lo es. Así que empezó a ahorrar poco a poco, lo que se pudiera, que no era mucho. Pero el dinero para la expedición crecía lentamente.

Pasó algo de tiempo, y parecía llegado el momento ideal, su hijo ya era suficientemente mayor. Era momento de apretar con el entrenamiento para estar listo la siguiente primavera. Desgraciadamente, quizá debido precisamente al fuerte entrenamiento, una lesión de rodilla le molestaba un poco, no mucho pero era preocupante. Así que empezó a visitar médicos para que le aconsejaran al respecto. Debía dejar esa rodilla en perfectas condiciones pues el reto era tremendo.

A partir de aquí, ya no vi a J. durante una buena temporada por motivos diversos, ya sabeis a veces la vida nos une a unas personas y nos separa de otras.

Apenas me acordaba de él cuando un día me lo crucé por la calle años más tarde. Ambos teníamos ya alguna cana. Le pregunté por la montaña. Me dijo que él era algo mayor, que los médicos le recomendaban ser prudente en eso de empezar ahora con el alpinismo de élite.

Añadió que, igualmente eso no era lo grave, con eso podría arriesgar pero dijo: “lo más importante, lo que me limita, es que todavía no he conseguido tener claros todos los detalles del viaje, hay demasiadas incógnitas todavía”.

Volví pensativo a casa, creo que hice bien en no decirle que justo ese mes, pues era primavera, un equipo de jóvenes alpinistas checos habían ascendido esa misma montaña casi sin preparación. Estuvieron a punto de morir todos, cierto, pero lo lograron.

No volví a verlo más y años más tarde me enteré con tristeza de que había fallecido. No era demasiado mayor pero se lo llevó una de esas enfermedades del primer mundo que no perdonan.

Me comentaron que en sus últimos días solo lamentó no haber hecho esa ascensión, pero reconoció que amén de otras limitaciones, “era absolutamente imposible, no era viable con tan poca información”.

Jamás pisó el Himalaya, de hecho nunca salió del país.

Dedicado a Dino Buzzati.



El quinto giro de la rueda del Dharma (II)
27/11/2019, 7:07 am
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1. Alguna vez se ha hablado de que la laicidad definirá el budismo futuro. Eso es posible, pero no debemos olvidar que la “laicidad” ya está incorporada en el budismo desde al menos su tercer giro (quizá desde el segundo). Es decir, que ya se contempla una práctica completa hasta la liberación y la budeidad fuera de los monasterios y sin ser monje, ni mendicante o ermitaño. Luego esta característica puede ser relevante, pero no será una novedad, hoy día ya hay muchísimas practicantes avanzados budistas laicos. Aún así estoy de acuerdo de que el budismo futuro será eminentemente laico. Y ha de ser un budismo que nos enseñe a ser budistas inmersos en nuestra sociedad.

2. Reducción y actualización de mitos y ritos. No es que los ritos budistas deban desaparecer. El ritual es parte de la psique humana y es más relevante de lo que el hombre occidental suele pensar. Pero aún así, la ritualidad cambiará, se globalizará (actualmente es toda ella de origen asiático y surge de su folclore) y muy probablemente se reducirá. Menos rituales, y menos folclóricos. Darse una abrazo también puede ser un ritual (lo es). Respecto a los aspectos mitológicos del budismo (demonios, Buddhas que levitan o que leen la mente, etc…) dado que no es un aspecto nuclear, no es totalmente relevante la opinión de cada individuo, así que muy probablemente se desvista al budismo de ellos.

3. Relacionado con los mitos, la metafísica. Tal como hemos esbozado, la metafísica es “no nuclear” al budismo en su mayor parte. O dicho de otra manera, el budismo es compatible con muchisimas opciones metafísicas diferentes. Por tanto es previsible que profundizaremos en el camino ya marcado por el zen, donde la metafísica está casi ausente. No es que se niegue o afirme esto o lo otro. Simplemente la metafísica, es “otra cosa” igual que no hace falta tener acuerdos metafísicos para poder ser todos del mismo equipo de fútbol, tampoco hace falta para coincidir en nuestra visión de un camino espiritual.

4. Ciencia. Como dijo el Dalai Lama “donde la ciencia rectifique a la tradición budista, se debe hacer caso a la ciencia”. Seguro que las palabras literales no fueron esas pero el espíritu a transmitir es, no solo ése, sino que la ciencia y en especial la ciencia de la mente (neurociencia y otras ramas) deben ser vistas como una fuente adecuada para ayudar a evolucionar el budismo. Así pues se puede ir mucho más allá de “aceptar las verdades científicas” como pedía sensatamente el Dalai Lama, y se debe ver la ciencia de la mente como uno de los mejores aliados. La neurociencia es hermana del budismo y la física cuántica una fuente de inspiración.

5. Pragmatismo ético. En este caso, siguiendo la estela, no del Dalai Lama, sino de Thay (Thích Nhất Hạnh) el budismo debe arremangarse y convertirse en una fuerza de cambio en el mundo, como forma de ir hacia un mundo con menor sufrimiento para todos los seres sintientes. El elitismo de algún budista del “solo ayudo para liberar” (o mucho peor “dado que no hay seres da igual si los daño”) debe ser complementado con una forma de intención y acción que cumpliendo con los paramitas ayude a cambiar el mundo también en sus aspectos no trascendentales. Esta forma de ética también deberá ser actualizada para incorporar nuevas situaciones que antaño ni se contemplaban. Por ejemplo el respeto y cuidado del medio ambiente y las vidas no humanas.

6. Casi como resultado de todo lo anterior. Una actualización del lenguaje y la terminología budista de tal manera que sea más sencillo entender qué se nos está intentando transmitir. Entendiendo que la explicación precisa es imposible, pero eso no es motivo para no intentar que esa explicación sea lo más clara posible (y no justo, como parece a veces, intentar lo contrario). En cierta manera deben desmitificarse los textos espirituales. La dificultad no debería ser (y no lo es) entender lo que nos quiere decir un texto, lo cual es bien difícil a veces. Este es un escollo innecesario y gratuito. Ya es suficientemente retador llevar todo eso a la práctica y al mundo no-conceptual. Esto no debería implicar una simplificación de las enseñanzas, sino una aclaración de las mismas. Las enseñanzas, si algo han de hacer, es seguir evolucionando y haciéndose más profundas.

7. Nuevos vehículos de liberación. Conectando con lo anterior, nuevas o evolucionadas formas de enseñanza y, especialmente nuevas y evolucionadas formas de práctica y transmisión de tal manera que la liberación completa no sea una ocurrencia entre varios millones. Si en su época dorada, en el monasterio Mahamudra de Dakpo Teshi, afirmaba que un tercio de los monjes alcanzaban un-sabor (no-dualidad), no hay razón para aspirar a menos. Veremos si tal cosa ocurre.

Así obtendríamos un budismo laico, poco ritualista, poco metafísico, científico (especialmente neuro-científico), pragmáticamente ético, más claro y, si hay suerte, centrado en ser eficaz en su misión que no es otra que liberar seres.

Budismo que no excluiría creencia alguna siempre que no contradijera los principios básicos, pero que tampoco las consideraría parte integral de la doctrina. Simplemente “son otra cosa” en la que puedes creer o no.



El quinto giro de la rueda del Dharma (I)
25/11/2019, 7:07 am
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Diego me anima a hablar del quinto giro de la rueda del Dharma, y allá vamos.

Para empezar podría ser el cuarto porque algunas fuentes hablan de tres giros y otras de cuatro, pero como los números son infinitos, no hay necesidad de ser tacaños en su asignación, mejor hablar del quinto giro y reducir la confusión.

Actualmente no existe un quinto giro de la rueda del Dharma como tal, mínimamente definido o concretado, y quién sabe si existirá. Sería necesario que la ortodoxia budista iniciara o aceptara cambios relevantes en sus planteamientos no-básicos o bien que una nueva corriente tuviera la suficiente fuerza y soporte para convertirse en ortodoxia.

Y digo planteamientos no-básicos porque si se cambian los planteamientos básicos del budismo, no podríamos hablar de un giro de la rueda del Dharma sino de una nueva doctrina espiritual, de las cuales sí que hay bastantes hoy día (casi una por maestro, de hecho).

¿Y cuales son los fundamentos del budismo que comparten todos los giros?

Pues yo diría que:

  • Las cuatro nobles verdades
  • El sendero óctuple
  • Y los tres sellos de realidad.

Eso es lo básico.

Creo que cualquier persona que contemple como ciertos estos 15 puntos, puede considerarse budista, independientemente de si en otros extremos disiente de alguna de las doctrinas budistas oficiales (que también son incoherentes entre ellas en algunos puntos).

Y además, así es de facto ya con todas las doctrinas budistas actualmente existentes, pues poco más podemos afirmar que tengan en común. Así que esa podría ser la base mínima de la que partir.

Es interesante ver que la parte metafísica del budismo, que sería especialmente los tres sellos de realidad, es extremadamente corta, mostrando ya desde sus inicios que el budismo no está interesado en exceso en la metafísica. El budismo es un vehículo de liberación, el resto se contempla solo en relación a este hecho.

Por supuesto, todo este argumento presentado no tiene por qué ser aceptado por ninguna ortodoxia budista existente, y de hecho seguramente no lo será, pero es una posibilidad que sí puede contemplarse pues es coherente en su planteamiento.

Para que exista un quinto giro de la rueda del Dharma, con los fundamentos mínimos comentados más los que ese giro añada como relevantes en el siglo XXI, será necesario que se den las condiciones adecuadas. Estas, para mi son un misterio, ¿aparecerá un gigante espiritual altamente respetado que lo defina y cuya definición se reconozca rápida y ámpliamente? ¿o será un movimiento más lento y multitudinario pero que de alguna manera dará lugar a un “algo”, una corriente más o menos coherente que finalmente se concrete y se pueda llamar “un giro”? ¿en qué dirección irá ese giro? ¿o no habrá giro?

No hay que olvidar que “los giros” se llamaron giros mucho tiempo después de su aparición como proto-doctrinas (o quizá incluso como sacrilegio, como herejía). Así que igual en el futuro quizá se considere que, ahora mismo, ya estamos inmersos en el quinto giro de la rueda del Dharma. Podría ser.

Dada esta introducción podemos empezar a esbozar puntos que quizá (solo es un ejercicio para nosotros) pueda tener ese quinto giro de la rueda del Dharma.

Seguimos




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