El blog de 道


Estadio seis: No dualidad, un-sabor (I)

 

En este estadio, tras el colapso del teatro cartesiano, el pensamiento reactivo deja de pertenecer a otra mente, pues la mente inconsciente es absorbida en la realizada. El pensamiento reactivo, el poco que queda, ocurre dentro de la mente despierta. Dentro de La Gran Mente a partir de ahora, pues no hay otra. Y no hay nada que no lo sea. El pensamiento reactivo es otro proceso más. Por eso también se dice que en este estadio en la tradición Mahamudra, que ya no hay “mindfulness ni no-mindfulness”, no hay dos mentes, no hay cambios de ese tipo…

Hay que decir que los primeros pasos en este estadio pueden ser algo desequilibrantes, puede costar encontrar la forma de encajar todo esto pues queda algo de sujeto y está totalmente fuera de lugar. Intuitivamente relaciono este momento (inicios de un-sabor) con el Bhumi “Difícil de dominar” (el quinto) pero quizá solamente fue mi experiencia. Aún así, ciertos maestros Kagyu sí ponen ese bhumi en esta etapa.

En esta etapa es en la primera en que podemos hablar de La Gran Mente del Zen, en mayúsculas y que substituye a la idea de “sujeto”. Hay La Mente y no hay dualidad notable basada en la existencia de un sujeto dentro de esa Mente. Esa situación de no-sujeto aporta alta cotas de ecuanimidad a la hora de enfrentar el Samsara, pues aunque es evidente que yo no soy tú, cierta magia ocurre y las necesidades personales tienden a quedar en el mismo nivel que las ajenas o bastante cerca.

Que el pensamiento reactivo acontezca ya no debe preocuparnos, recordad que la mente despierta no tiene por qué apegarse a él… Acontece o no en función de causas y circunstancias,  condicionalidad, igual que vemos u oímos por origen inter-dependiente.

En ese momento todos los contenidos mentales deben verse como un-sabor: iguales, sin mayor relevancia, pues todos ocurren de la misma manera y tienen la misma capacidad de absorbernos: Ninguna o casi ninguna, y cuando la tengan, deberemos dejar caer ese apego, cosa que ahora es sencilla, no hay impedimentos en eso para la gran mente, todo es mente. Deberemos acostumbrarnos a otra manera de existir, pero nada más.

La ausencia de centro y sensación de ser todo el contenido mental también son indicadores que se usan para la realización de Brahman, así que en mi opinión sería la misma situación. También en hinduismo se usa la palabra Samarasa (no confundir con samsara) para lo mismo, de hecho samarasa significa literalmente un-sabor. Es lo mismo en sanscrito y se usa en hinduismo y shivaismo.

Aquí, por primera vez podemos quizá decir con cierto criterio que alcanzamos lo que tradicionalmente se llama no-dualidad. No antes. Aquí no hay teatro cartesiano posible. Colapsó justo al empezar este estadio. Y por tanto entramos de lleno en la no-dualidad fenoménica (que es la no-dualidad que trata el budismo Mahayana). No hay yo y luego fenómenos, hay fenómenos y procesos, pero no hay otra cosa. Puedes entender Anatman así. La tradición Mahamudra dice que aquí se realiza anatman (en el yoga de un-sabor, el tercero).

Realmente ahora el sujeto apenas existe, o al menos es ilocalizable, algunos maestros “atmánicos” pero muy sabios, como Anadi, hablan de “sujeto transparente” que es decir lo mismo pero no le parece oportuno decir que no lo hay por ninguna parte, pero bueno… no pasa nada…

La situación es de igualdad de todos los contenidos mentales. Eso definiría la perfección de este estadio. Eso y la elevada ecuanimidad ante los eventos externos. No es de extrañar que el “uno” sea el concepto más repetido en este estadio.

Seguimos



Estadio cinco: auto-realización
07/09/2021, 7:07 am
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La maduración total de esta fase ocurre en ese momento puntual (súbito) en que la mente despierta deja de ser el estado “al que vuelves” y pasa a ser tu estado base. Ocurre un cambio identitario y sientes que pasas a ser la mente despierta, igual que antes sentías que eras la mente mindful que esporádicamente pasabas a ese otro estado nuevo o a la inconsciencia.

Tras esta auto-realización, la mente mindful, como tal, ya no estará y por eso el círculo amarillo ya no está en el esquema.

Al meditar, podremos concentrarnos en un objeto, pero será forzado e innecesario a efectos de esta senda. De hecho insistir en prácticas concentrativas, nos moverá en otras direcciones y no en las descritas en este texto. Deberemos seguir con nuestras práctica de no-acción que ya no cambia apenas en toda la senda. No hay complejidades, quedaron atrás, solo hay visión y no-acción.

A partir de ahora ocurrirá justo al revés que antes, y tú eres la mente despierta, que revierte a la mente inconsciente, al olvidarse de sí misma, puntualmente. Y al evento súbito que genera este cambio y barre la mente mindful de tu vida, aquí lo llamaremos auto-realización. Porque en nomenclatura habitual es “reconocer quién eres” aunque ya sabeis que aquí no se interpreta así.

Y llegados aquí algunas personas entonces piensan que han acabado o que son Buddhas… de ahí el tema del “orgullo” excesivo. Es un clásico. Realmente es un cambio muy relevante y fundamental, pero estamos lejos de ser Buddhas.

La palabra realización o auto-realización (más bien “realización del Self” pero eso es intraducible, si eres muy erudito: Paravritti en el Lankavatara sutra, también es de las que se usan mucho en espiritualidad y para muchas cosas, aquí representa algo muy concreto y es este cambio identitario, nada más. Paso a sentir que soy la mente realizada y de hecho la mente mindful desaparece, cuando estoy mindful (y debo seguir en ello) estoy en la mente realizada, siempre y con menos esfuerzo que antes para estar mindful. Mucho menos. Todo muy natural. NO es raro que parezca un estadio casi final.

Esta realización coincide perfectamente con la descripción de Atman Vedanta y algunos maestros modernos neo-advaitas como Ed. Muzika la describen de similar manera.

No es raro pues que incluso algunos budistas se pasen a la doctrina de “Atman” en este punto. Aunque el planteamiento ortodoxo budista sigue siendo que esa esencia es compuesta y efímera. Un ejemplo algo conocido es el de Thusness, que siempre dice que en esta fase no entendía eso de negar a Atman, cuando ahora parece ser nuestra realidad más evidente. En sus “Siete etapas” podéis leer como lo vivió (casualmente aquí también hay siete estadios, pero no son los mismos). En mi caso hubo también una gran duda al respecto durante meses y quizá años. Tampoco sabía como continuar…

Pero realmente ahora no eres un Buddha, ni atman es real o eterno, y además la mente inconsciente o reactiva no desaparece del todo. Seguimos revirtiendo a ella de forma puntual, más esporádicamente pero revertimos. Y sufrimos, no demasiado pero sufrimos.

Pero es que no hemos terminado. Y ese es un error habitual ahora, en este fase “del orgullo”, el pensar reductivamente y creer que la budeidad es solo esto y no esas grandiosidades que explican los sutras. No, no es solamente esto. Y eso que esto es mucho.

Esto que algunas personas ven como “un final”, es apenas el segundo Yoga Mahamudra en su fase inicial, imagina…

Muchos de los autodenominados iluminados y neo maestros, que os suenen actualmente dando cursos y charlas, están realmente en este estadio. Sobretodo todos los que insistan en su sujeto sin características o en el testigo eterno, o en la observación o a veces expresan bajo el nomnbre de no-dualidad, lo que en realidad es claramente no-conceptualidad, pues la dualidad sujeto-objetos es patente incluso a través de sus propias palabras de forma continuada.

Tras la auto-realización sí comienza plenamente el segundo yoga Mahamudra, el de Simplicidad o Sencillez o aquí no-conceptualidad. Y probablemente es también el primer Bhumi o suelo del Bodhisatva, pues retroceder a partir de aquí ya es muy difícil. Se ha alcanzado un suelo. Algo muy relevante. A partir de aquí los suelos pueden pasarse con mayor rapidez si se va en la dirección correcta.

Igualmente, acordar o no, si esto es el primer Bhumi o si uno es Arya ahora o antes, o si decir que eres Sotapanna tiene sentido o no en este camino espiritual, etc… son cuestiones menores y casi de mero entretenimiento. En los manuales Mahamudra se les dedica algo de espacio pero poco, al final de los mismos y además con muchas dudas y disensiones incluso entre los grandes maestros Kagyu. Lo relevante es que este camino sigue adelante y da frutos. Y es esta la forma en que da frutos.

El caballo de batalla ahora será profundizar en la perfecta trascendencia de los contenidos mentales, especialmente conceptuales (pensamiento o intelecto) y que por eso se llama yoga de sencillez o simplicidad y aquí de no-conceptualidad. Y la práctica seguirá siendo la meditación de no-acción, ahora ya sí, en su forma madura y con total facilidad para ejecerla por parte del practicante. Y la visión a aplicar es la comentada trascendencia, que no debe confundirse con ninguna forma de represión de contenidos, eso siempre profundizará la separación sujeto-objetos en forma de represor-reprimido.

En el día a día, simplemente seguimos volviendo a la mente esencial despierta cada vez que nos encontremos en la mente reactiva. Ese es nuestro mindfulness que ahora también es “esencial”. Aparte de esto, apenas hay ya vertiente vipassana, pues su expresión conceptual también es algo a trascender y ya no es demasiado necesaria, apenas se necesita, de aquí a la budeidad, la capacidad de mantener una visión (que será no-conceptual) sobre lo que debe ser realizado (asumido) en cada estadio es todo lo que se necesita.

En esta fase empieza a ser evidente ver como cada reversión a la mente reactiva es debida a un apego concreto, que deberemos dejar caer. En ese sentido se va volviendo más claro, si se mantiene la visión adecuada, el funcionamiento del origen inter-depediente y las dinámicas que mueven a los individuos. Y eso se incorpora a la visión. Ya no es “lo que yo hago” o “lo que me pasa”, es “lo que pasa” a secas, en ambos casos.

La perfección de este estadio se completa junto con el segundo yoga Mahamudra, es lo mismo y el siguiente comienza con el tercero. Sin pretender sentar cátedra parece que los primeros bhumis, al menos hasta el tercero, encajan en esta etapa y algunos maestros Kagyu (no todos), coinciden. Este estadio ya es muy resumido pues aunque se marque como un solo estadio puede tomarte años esta perfección, dependerá de muchos factores, en todo caso a partir de aquí cada estadio, incluyendo este, es un yoga Mahamudra completo, así que no es poco. Por dar un ejemplo, a alguien torpe con un blog, este estadio le llevó cinco años pues no tenía ni idea de lo que hacer, mientras que a otra persona apenas le llevó uno o dos.

El evento que se sitúa en la frontera de este estadio o yoga, pues en este caso coincide, y nos indica el cambio al siguiente, será el colapso del teatro cartesiano.

Seguimos



Estadio cuatro: post-despertar
05/09/2021, 7:07 am
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Seguimos progresando en nuestro camino espiritual y de alguna manera repetiremos el proceso realizado con la mente mindful pero ahora con la mente despierta.

Tras un primer kensho hemos de ser, primero capaces de identificar la situación, captar el aroma de la mente despierta. Segundo, ser capaces de volver a la mente despierta. Quizá las primeras veces pasen meses entre un kensho y otro, o quizá tengas suerte, tengas una sensibilidad interior notable y tras captar la mente despierta seas capaz de volver a ella a menudo y durante bastante tiempo. O de forma estable desde el primer momento.

En todo caso estamos domando el buey zen. Cada uno a su ritmo.

Si aprendemos a volver a ella, la práctica se puede volver gozosa, pues la mente despierta, al contrario que la mindful es un lugar maravilloso en el que vivir y que, aunque se pierde por absorción en apegos, se mantiene sin esfuerzo. Solo hay que evitar ansiarla en exceso cuando la perdamos y seguir nuestra práctica de forma humilde, tierna y perseverante.

En cierta manera en algún momento hay un cambio de tendencia en nuestra práctica. Eso ocurre cuando en lugar de guiarnos la voluntad, esfuerzo y dedicación, la práctica se vuelve algo sencillo, gozoso, que ocurre por sí mismo y que nos atrae más que la propia realidad externa.

A este punto me refiero cuando a veces comento que en un momento dado todo empieza a ir “cuesta abajo”.

Si anteriormente todo parecía costar y la sensación era de ir cuesta arriba, para llegar con esfuerzo a no sé qué lugar, o caer atrás en cuanto nos despistemos, a partir de cierto punto la práctica es tan gozosa que se desarrolla prácticamente sola. Ese es el punto dulce en que, si estamos bien orientados, difícil será que no haya evolución. Y ya no habrá marcha atrás.

El momento del Kensho, el estadio anterior a este y este mismo estadio, en mi opinión forman también con el “Camino de Ver” tibetano (el tercero de cinco). De forma suficientemente homogénea coincide incluso etimológicamente con Kensho (que recordad que es “Ver nuestra naturaleza” en chino).

A partir de ahora, si sabemos acceder a la mente realizada, podremos comenzar a meditar “esencialmente” porque lo que se llama esencia (aunque la palabra es algo inadecuada),es la mente realizada cuando “solo-es”, y ya no es un evento azaroso que ocurrió una vez sino que es repetible.

Así que ahora por fin podemos realmente simplemente “Meditar” (con mayúsculas) que es solo ser la mente realizada y no hacer absolutamente nada más. Esa es la verdadera meditación en estas doctrinas. Y por tanto comienza el cuarto camino tibetano que es de la meditación.

Fuera del cojín en esta fase alternaremos ratos de post-meditación en que la mente realizada está presente durante largo tiempo y luego se pierde, y ratos en que deberemos mantener el mindfulness tradicional a falta de otra opción pues la mente realizada no se presenta. En todo caso, los tiempos en la mente realizada, incluso fueran del cojín, se alargan.

Recuerdo con cariño en esta época salir a pasear por el barrio tras meditar, sin objeto ni destino, simplemente disfrutando de ser algo, que en ese momento me parecía maravilloso, creyendo ser casi un buddha (¡no!) de paseo por la rambla y viendo el universo desplegarse ante mi como la más grande de las maravillas: turistas tomando paella en terrazas, perros paseando dueños por los parques, vecinos comprando en soledad o grupos y el aire en la cara. ¡Qué maravilla! Samsara se iba transformando en Nirvana.

Así pues poco a poco pierde relevancia cualquier cosa que no sea el retorno a esa forma esencial de existir que aquí llamamos mente realizada, sumado a simplemente mantener la visión, perspectiva o punto de vista adecuado en cada etapa. Eso provoca que la práctica sea realmente sencilla, directa, sin complejidades.

Esta etapa es realmente un inpass, un prólogo, pues si todo va bien pronto ocurre lo que tiene que ocurrir.

Seguimos.



Estadio tres: Despertar
03/09/2021, 7:07 am
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Decidir cuando uno despierta es arbitrario, cada uno considerará que ocurre en un momento diferente, eso no es relevante ni malo, lo que es negativo es no definirlo, dejarlo indefinido, decir “he despertado” pero no saber definir qué eso de despertar. En este caso, en este blog, el criterio que se usa para hablar de despertar es muy concreto: haber accedido a la mente despierta o realizada.

Por tanto aquí se entiende eso por despertar y nada más, ni ninguna otra cosa. Si tu definición es otra, es absolutamente respetable, pero es prudente explicar, antes de iniciar cualquier debate, cual es esa definición o lo que crees que es.

Esa mente ya la hemos definido ampliamente y es algo muy concreto, y ese acceder al menos una primera vez, es también el kensho zen y otros eventos espirituales descritos en diversas doctrinas Mahayana, y también no budistas, pero no necesariamente todos los eventos que se etiquetan hoy día como “despertar”.

Esto que aquí llamamos despertar, en Mahamudra ocurre siempre poco antes (si vamos bien encaminados) de pasar al Yoga de Simplicidad (el segundo). Este segundo yoga es un poco más que acceder o mejor dicho, vivir esa mente despierta por primera vez, es también poder acceder a ella siempre de forma directa y natural, es ser nosotros mismos. Así que en realidad el esquema es algo optimista, no estamos en el yoga de Simplicidad Mahamudra (el segundo) sino a sus puertas. Si quieres mayor precisión, estos kenshos, aparentemente ocurren en la fase superior del primer yoga Mahamudra.

Y también concide justo con la etapa de la doma en que “vemos el buey” como dicen nuestros amigos del Zen (Ken-sho, Ken es Ver).

El evento en sí, del Despertar o Kensho, es y no es espectacular. No lo es porque no van a aparecer visiones de dioses, planos astrales, ni ninguna maravilla por el estilo (bueno, a veces sí, pero es una cuestión espúrea), incluso porque a nivel del cambio mental lo que ocurre es mínimo, pero casi siempre que se vive por primera vez, maravilla.

De hecho, típicamente cuanto más te cuesta que ocurra, más presión te pongas y más sufras en este samsara, más maravilloso te parecerá. Y al revés, si no sufres mucho, ni lo has buscado demasiado tiempo o nunca, no parece algo tan espectacular… incluso hay personas que no reparan en que ahora hay esa “otra mente”, simplemente sienten que “son algo diferentes”, que ha pasado algo pero cuesta mucho aclarar, entender o captar qué ha ocurrido en detalle incluso para uno mismo.

Todas esas posibilidades pueden ocurrir, de un extremo al otro. Pero lo relevante es lo que queda.

Y como se comentaba hace unos días, todo cambia porque aunque seguimos estando en tierra de nadie, quizá más que nunca, pues el Kensho se pierde, ahora sabemos con seguridad que hay otras formas de existir.

Reconocida la mente despierta como tal, que no es poco, debemos en primera instancia aprender a volver a ella. Entender las dinámicas por las que aparece.

Aquí suele surgir un problema de ansiedad o exceso de intención, porque tal como hemos dicho, las emociones negativas nos bloquean el acceso a la mente despierta, por tanto la ansiedad por volver a ella, incluso de baja  intensidad, nos aleja de ella. Y también el “desear” cosas.

Lo que en el sistema-mente llamamos “el sujeto” aquel que desea, ansía y quiere cosas, debe apartarse para dejar surgir la mente despierta, esto sería equivalente al “dejar ir”, abandono, entrega, etc.. predicado por los maestros.

Este problema del perderlo por las ganas de llegar a él, es tan habitual que en inglés le han puesto nombre, es el síndrome de “I’ve got it, I’ve lost it” (lo tuve, lo perdí).

Esta situación aparte de frustrante, suele sorprender porque todavía se suele creer en la idea de la iluminación total, súbita y permanente, aunque tal cosa no existe que me conste… y a menudo el practicante cree que falla algo en él en concreto, cuando en realidad todo va sobre ruedas y en la dirección correcta… si uno deja de ansiar objetivos… y tal como muestran también los modelos tradicionales usados aquí.

Otra posibilidad habitual de esta situación es que el practicante acabe, ante la imposibilidad de revivir la experiencia, convencido de que “esto ocurre por Gracia Divina o azar” y se relaje pues él no puede hacer nada. Esto no está mal siempre que el practicante continúe con sus prácticas pues tenemos una situación favorable: “humildad, relax, entrega y práctica diligente”… pero si sigue con su vida anterior porque “no depende de él” y abandona la práctica porque cree que no aportó nada al Despertar, entonces su camino espiritual termina ahí y siempre recordará con cariño esa “Gracia Divina” que una vez recibió y que nunca volvió… Eso también pasa, desgraciadamente.

No digo que no se pueda tener un Kensho sin práctica, puede ocurrir y ocurre, pero sí digo que no es posible estabilizarlo sin práctica, o al menos que así es para la mayoría de los seres humanos. Por tanto es mejor estar habituado a la práctica desde el principio.

Finalmente otro escenario posible a estas alturas, sería creerse un iluminado o algo cercano a ello porque se ha pasado por esa experiencia, también por esa creencia falsa de que uno se ilumina en un solo evento puntual. Y por tanto, tras ello, ya puede dedicarse a hacer de maestro y abandonar esa “humildad, relax, entrega y práctica diligente” construyendo un nuevo personaje del que volverse esclavo. Un personaje que si además tiene la desgracia de no poder profundizar en su despertar, además será una estafa para todos, especialmente para él mismo.

Esta fase suele ser de bastante desorientación, quizá la desorientación sería su característica definitoria, junto con la alegría que provoca el pensar que vamos bien encaminados.

La siguiente etapa la llaman “la del orgullo” en Mahamudra y suele provocar casi siempre una gran seguridad personal, que desgraciadamente es falsa. Vamos a ella.

Seguimos



Estadio dos: la mente mindful
01/09/2021, 7:07 am
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Llegamos ahora al siguiente estadios donde se desarrolla la vida de muchas personas espirituales. Casi todas.

Tenemos aquí ahora a una persona ya notablemente mindful, es decir que pasa ya una parte destacable de su día en la mente consciente. Tanto fuera como dentro del cojín.

Vivimos en el reino de la atención, que se cansa y requiere esfuerzo, vivimos también de alguna manera en un reino insatisfactorio aunque sea menos aflictivo que una vida inconsciente (es discutible). Vivimos en tierra de nadie: ni del todo en la misma realidad que el resto del mundo, ni más allá. Entre dos tierras. Creyendo en esa forma de existir más gozosa que nos prometen pero sin poder tener todavía la seguridad de si existe realmente.

Ahora reiteraré lo dicho muchas veces, no ambiciones estar todo tu tiempo en la mente mindful, pues no es esa la solución al problema del sufrimiento. Eso, caso que fuera posible (que lo desconozco). Y sobretodo recuerda que la frustración por cualquier cosa que consideres “un desliz tuyo” es mucho peor que el propio desliz. No importa cuántas veces reviertas a la mente inconsciente y te pierdas en sus patrones de funcionamiento enquistados, ese es justo el proceso, y lo que sobra es la frustración, que solo puede empeorar las cosas. Debemos volver con humildad, pero amabilidad y ternura hacia nosotros mismos, a la mente mindful, sin frustración alguna. De forma suave, amable y diligente. No solo es menos aflictivo, es más efectivo.

Y volvemos a él porque en esa mente consciente ocurre el aprendizaje interno imprescindible para Despertar, no porque queramos convertir ese estado en definitivo y permanente. De hecho llegará el momento en que la mente mindful será el estorbo. Pero será bastante más adelante.

Durante todo este proceso ya estás depurando Alaya, cada segundo en la mente mindful con ánimo de purificar tus reacciones, es de facto un segundo en el que efectivamente estás purificando tus reacciones. Así el beneficio es doble, cada segundo en la mente mindful vale por sí mismo y vale por partida doble porque hará que la mente reactiva, cuando esté reaccione de forma más alineada a esos principios espirituales que sigues.

Incluso leer de forma mindful, lenta, atenta y consciente, genera muchísimos más (usando una palabra budista) méritos que leer de la forma habitual, superficialmente, deprisa y sin apenas atención. Intenta leer de forma mindful todo texto espiritual. Lenta y consciente. Reflexiva y atenta. Como saboreando cada palabra.

Esta es también la etapa vipasánica por excelencia. La fase en que es más importante. La componente vipasánica explícita irá perdiendo peso en la senda y en sus últimos estadios estará totalmente ausente, pero en este punto es clave, pues todo apunta a que el Despertar (siguiente estadio) depende en gran parte de la componente vipasánica, entendida aquí como una auto-indagación real (que no es repetir preguntas como loros, ni seguir la respiración) sobre qué somos, como funciona nuestra mente, cuales son nuestros auto-engaños, etc…

Cabe decir, que contrariamente a la tradición budista, opino que este ejercicio de auto-observarnos y auto-descubrirnos, es mejor hacerla en el día a día, como parte de nuestro mindfulness, que por tanto no será neutro.

En meditación, podemos usar técnicas concentrativas samatha y también vipassana, u otras como del cultivo de paramitas, amor y metta, pero el foco principal debería ser la de no-accion, pues estos estadios que describimos se basan en esa meditación.

Con el tiempo y una práctica bien encarada, es posible que en meditación llegues al punto en que los pensamientos se apaciguan solos y sientes que solo-eres, esta situación no deja de ser la mente despierta en su primera encarnación. Pero en general, hasta llegar a ese punto la meditación será de auto-liberación de pensamientos.

No vamos a entrar en mucho detalle en todo ello, porque hay series largas dedicadas a todos estos temas en este mismo blog. Y el objeto de esta serie es solamente esbozar los posibles estadios de evolución.

La situación que tradicionalmente se ha denominado “no mente”, en Zen, o vacuidad en Mahamudra es decir cuando nuestros pensamientos reactivos paran, si es obtenida sin objeto se concentración, no deja de ser la misma mente despierta. Pero si es obtenida por “bloqueo” gracias a la concentración en un objeto, por sutil que sea, esa misma situación de “no mente” se está ejerciendo desde la mente mindful y se nota la diferencia. Y aún siendo un excelente lugar al que llegar, es más forzado y aporta menos al estar la mente demasiado bloqueada.

De hecho la mente mindful es la mente que solo puede ser concentrativa, mientras que esa característica será opcional en la mente despierta, puedes concentrarte en algún objeto o no… También por eso solo se puede “solo-ser” desde la mente despierta. Estoy repitiendo bastantes veces los mismos mensajes, espero que me disculpeis.

Así que no es casual que asuma que este estadio es parte o equivalente a parte del primer yoga Mahamudra pues se llama justo así “one-pointedness” (Rtse gcigen tibetano) que viene a significar eso, concentrarse… En esta etapa solo tenemos la mente mindful que solo sabe concentrarse. Así que la meditación de no-acción es casi imposible y por eso auto-liberamos pensamientos.

Este es el yoga de la mente mindful. Igual que el segundo será el de la mente realizada y el tercero el de la mente realizada no-dual.

La evolución de esa mente mindful hacia una mente que pueda solo-ser en meditación (con estar concentrada en nada concreto), marcará el cambio al siguiente estadio, que podríamos considerar el primer estadio trascendente.

Seguimos




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