El blog de 道


Las emociones, los sentimientos y la senda espiritual (II)
22/09/2017, 7:22 am
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Como casi siempre, las palabras no nos ayudarán mucho si no las matizamos antes, pues sus significados aceptados son borrosos y se solapan.

Por ejemplo el miedo puede ser emocional o sentimental (por decirlo de alguna manera) y no tenemos dos palabras para distinguirlos.

Si veo una serpiente sobre mi al despertarme, tendré una emoción de miedo notable, pues nuestra vida podría estar en riesgo. Se inyectará adrenalina en nuestro organismo y ocurrirán a la velocidad del rayo diversos cambios fisiológicos notables. Esto es claramente una emoción.

Pero seguramente diré que “he sentido miedo”, raramente dirá alguien “me he emocionado”. 😀

Ahora bien cuando estando en casa tranquilamente digo “las serpientes me dan miedo” estoy expresando un sentimiento. Y sin embargo diremos que estamos “expresando un miedo”, así que en el caso de la palabra “miedo” se usa indistintamente para emociones y sentimientos…

Veamos algunas características que no tiene la emoción-miedo y sí el sentimiento-miedo para entender mejor que es eso de “caracterizar la emociones”.

Para poder decir “las serpientes me dan miedo” he tenido que:

  • Vivir e identificar situaciones de miedo en las que participaban serpientes.
  • Hecho una deducción aunque intuitiva y obvia, de que son ellas las que me han provocado esa emoción.
  • Creado una previsión en el futuro de que “si veo otra, me va a pasar lo mismo”.
  • Modificado nuestras pautas de comportamiento, por ejemplo evitando los lugares con serpientes.

Y en el camino también:

  • Hemos tenido que crear algo así como una categoría universal que llamamos “serpientes” y no lagartos o lombrices. Al que asociar esa emoción. Esta categoria no tiene por que ser sencilla, por ejemplo pueden darte miedo las serpientes grandes, pero no las pequeñas culebras acuáticas.
  • Hemos asociado esa imagen mental de las serpientes a la emoción, de tal manera que solo imaginar serpientes, brota algo de miedo.
  • Creado un contenido mental conceptual que es “a mi me dan miedo las serpientes”. Este tipo de contenidos construyen lo que creemos ser: así soy yo. Es mi forma de ser…

Etc…

Digo etcétera, porque esta lista no pretende ser exhaustiva, solo pretende mostrar que para convertir emociones en sentimiento, lo que cambia básicamente es que se añade procesado y  construcciones mentales.

Muchos de estos procesos no son conscientes, así que perfectamente puede parecernos que “eso ocurre, pero no lo hago yo…” es de alguna manera, más instintivo.

“Yo no decidí que no me gusten las serpientes”, eso suena muy razonable, pero si no fuiste “tú” ¿quién fue y cual es tu relación con él?

¿O podemos admitir ya por fin que las cosas en tu vida pasan y no hay “quienes”?

Como siempre que hablamos de “yoes”, la paradoja no tarda en surgir… Mejor dejar los “quienes” solo a efectos utilitarios…

Pero sin duda hace falta un cierto nivel de inteligencia para tener sentimientos, por eso hace falta algo más que un cerebro reptiliano y límbico.

Aunque su construcción pueda ser instintiva, no es lo mismo que mover la rodilla cuando la golpean (un acto reflejo), eso se parecería más a las emociones. El sentimiento es un paso más allá en nuestra capacidad.

Es decir, podemos ver el sentimiento como una gestión inteligente (hasta cierto punto) de las emociones.

Cuanto más evolucionado sea un animal, más nos parece que quizá tiene sentimientos como nosotros. Así que nuestra empatía con ellos podrá ser más fácil.

Es más fácil empatizar con la lealtad de un perro que con la reactividad de una serpiente o un pez. No hace falta ni hablar de insectos… de los cuales podríamos incluso llegar a dudar de si tienen alguna emoción o son solo “robots” biológicos.

(continua)



Las emociones, los sentimientos y la senda espiritual (I)
20/09/2017, 7:13 am
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Durante unos cuantos días vamos a hablar de las emociones y los sentimientos en toda senda espiritual.

Como siempre, hay bastante lio lngüístico al respecto, el habitual caos surgido de sobre-conceptualizar usando además palabras ambigüas. Nada nuevo, ocurre en todos los ámbitos de la espiritualidad. En neurociencia han avanzado un poco más en esto, y vamos a aprovechar algo de su rigurosidad.

Empezaremos distinguiendo emociones de sentimientos.

Usaremos aquí una definición de emociones y sentimientos bastante parecida, o quizá la misma, que muchos autores neurocientíficos:

  • Emoción: es un conjunto de respuestas neuroquímicas, eléctricas y hormonales (muy rápidas) que nos llevan a reaccionar de cierta manera ante un estímulo externo o interno. Son respuestas relativamente directas de sistemas fisiológicos. Para tener emociones no hace falta más que cerebro repitiliano y límbico, la parte más primitiva de nuestro cerebro.
  • Sentimiento: es el resultado de la evaluación de una emoción o conjunto de ellas. Por evaluación quiero decir que la inteligencia se hace consciente de la emoción o emociones, y les asigna características adicionales. En el caso humano sin duda también características conceptuales. Eso permite que exista una gestión inteligente y a menudo conceptual de las emociones y en general caracteriza y explica (o lo intenta) un conjunto de emociones que ocurren en distintos momentos en el tiempo.

Para tener sentimientos, por tanto seguramente hace falta neocortex (la parte más evolucionada del cerebro).

Un ejemplo:

  • Si viendo a alguien siento mariposas en el estómago. Eso es una emoción.
  • Si tras ocurrir eso o mientras ocurre, o cuando ocurre por tercera vez, concluyo que estoy enamorado de él. Eso es sentimiento.

Se dice por ejemplo que solo hay cuatro emociones, no sé si es cierto: tristeza, enfado, alegría y miedo. Otros incluyen el asco y la sorpresa. En todo caso no más de diez.

Aunque estrictamente seguramente deberían mapearse las emociones a los neurotransmisores o hormonas que las generan y por tanto deberían haber tantas como neurotransmisores que desencadenan emociones o combinaciones inevitables de ellos (es decir, cuando dos neurotransmisones siempre se disparan juntos). No sé si hay estudios en esa línea.

Así que si buscas amor, o compasión, o envidia, o resentimiento, etc… como emociones, no las encontrarás.

Son sentimientos.

Y son sentimientos, por decirlo lo más sencillo posible, porque tratan de emociones pero añaden “algo más” a la pura química corporal. Ese algo más, por ahora dejémoslo aquí, es siempre procesado mental de un tipo u otro… ya no hablamos solo de fisiología.

En cierto artículo se afirma que se pueden describir tres mil (¡3.000!) sentimientos en lengua inglesa (aunque matizan que solo 500 son habituales)

(continua)



Las emociones, los sentimientos y la senda espiritual (prólogo)
18/09/2017, 7:40 am
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No somos máquinas pensantes que sienten, más bien somos máquinas sensibles que piensan.

– A. Damasio



¿Cómo reducir el pensamiento reactivo? ¿y cómo reducir su influencia? (PDF)
02/09/2017, 7:39 am
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Como viene siendo habitual para facilitar la distribución y lectura:

¿Cómo reducir el pensamiento reactivo? ¿y cómo reducir su influencia? 



¿Cómo reducir el pensamiento reactivo? ¿y cómo reducir su influencia? (y V)
29/08/2017, 7:12 am
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Intuyo que muchos practicantes que se sientan a descartar pensamientos todos los días durante un ratito, se pasan el resto del día considerando implícitamente que sus pensamientos son relevantes. Así en cierta manera crean dos situaciones separadas: un ratito en que creo que los pensamientos no son relevantes, y un rato más largo en el que asumo continuamente que lo son.

Eso no va a funcionar, o va a funcionar muy poco.

Una vez leí que alguien se lamentaba de que no sabía como llevar el zazen al día a día. Eso me soprendió pues era una persona notablemente experta en el zen.

¿Cómo? No hay ninguna diferencia…

La única diferencia es que en el día a día hay más distracciones y por ello es más fácil perderse en ellos, pero lo que debe hacerse es justo lo mismo. No hay diferencia. Más sencillo imposible. Se empieza sentándose en silencio para facilitar el progreso y la experiencia de “como se siente” eso de descartar pensamientos.

Tu actitud al respecto de los pensamientos reactivos durante el día, debe ser la misma que meditando. Da igual cual sea su contenido.

Si algo debe ser pensado y es relevante, hazlo conscientemente. Para, piensa sobre ello todo lo que necesites, llega a una conclusión y no olvides en el futuro cercano que ese tema está cerrado. Si es necesario escríbe la conclusión. Pero en todo caso descarta cualquier pensamiento futuro al respecto hasta que, por las razones que sean, algo haya cambiado y creas que tiene sentido volver a pensar conscientemente sobre ello.

Todo, absolutamente todo pensamiento reactivo está ahí para ser descartado y justo por eso, porque es reactivo. Da igual su contenido. No hay excepciones.

Pero ¿qué ocurre? Que implícitamente creemos que nos hacen falta, que si hago eso no voy a poder funcionar en el mundo. Sin embargo no es así… es una cuestión de confianza. De ahí que a veces, inicialmente, valga la pena escribir al respecto o reforzar conscientemente que eso ya está pensado, para afianzar nuestra confianza en el futuro.

Entiende, y esto es una regla universal, que no puede haber una dicotomía entre tu práctica y tu vida, o entre una parte de tu vida que es espiritual y otra que no. Eso es justo lo contrario a la integridad. Y es deshacer cada día lo que construyes en meditación.

Esa práctica de desechar pensamientos junto con cierta capacidad de introspección e inquisición debe llevar a la apertura del espacio tras el pensamiento que hace unos días llamábamos “yo-consciente”. No es la única práctica posible para ello pero es una de ellas.

Fíjate que entendido que el yo-consciente es la posibilidad de “estar” o “ser” sin antender a ningún contenido mental, entonces todo esto cobra sentido… hemos de aprender a hacerlo… a Ser sin asociarnos ningún contenido mental. A que te “den igual” los contenidos mentales…

¿Y no es eso lo que estamos practicando?

Así que ya no hacemos las cosas por que sí, o porque lo dice la tradición o porque lo dice Pepito. Las hacemos porque hemos entendido las dinámicas que nos acercan a esa situación. Hemos entendido por qué las hacemos.

Tras la apertura de ese espacio, sea de forma estable o temporal pero reproducible a menudo, la práctica de trascendencia cambia, porque ya no “se deja ir” el pensamiento que surge, sino que reposamos en ese espacio más allá del intelecto, y a ese espacio, a ese “tú” ya le da exactamente igual si hay pensamientos o no… Recordad que la principal propiedad del “yo-consciente” es que es nuestra identidad sin necesidad de relacionarse con ningún contenido mental.

Tras la maduración de esta situación, siempre que hay atención auto-referente (es decir, siempre que “soy y lo sé”, como solemos decir por aquí), hay acceso a ese espacio y ese espacio es sentido como “mi identidad”. Es decir “cuando soy, soy ese espacio” y no el pensador…

Y ese espacio que “soy, siempre que sé que soy” ya ha trascendido totalmente al intelecto.

Pero ved que el pensamiento reactivo tampoco ha parado, aunque nos hemos librado de su influencia inapelable.

En cierta manera nos hemos convencido del todo, de que el pensamiento intelectual reactivo es irrelevante. Y por ello no nos afecta. Es otra forma de verlo.

Pero entonces ¿cuándo paran los pensamientos reactivos?

Pues en estadíos posteriores de integración. Pero ahora ya da igual si hay pensamientos o no los hay cuando “soy”,  quizá precisamente por eso pararán… pero a todo llegaremos…

Gracias por leer.




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