El blog de 道


Un camino espiritual no-dual: el yoga de no-dualidad, un-sabor (II)
09/04/2020, 7:07 am
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La otra estrategia es trabajar el otro polo de la ecuación que es el propio sujeto, en ese caso se trabajará la ecuanimidad de forma directa, es decir el mindfulness está dirigido a detectar el más sutil surgimiento de ansia o rechazo y dejarlo ir. ¿No os suena a lo mismo que con el intelecto? Pues sí, es lo mismo, pero ya sin la capa intelectual, vamos directamente al surgimiento aflictivo.

Alguna vez me han preguntado por el orden de los yogas, el orden de los yogas tiene un sentido.

Se puede practicar cualquier yoga en cualquier momento pero no será tan efectivo (o no lo será en absoluto) como si se hace en el momento en que ya es viable que sea efectivo. El orden no es obligatorio pero tiene sentido y cada etapa se desarrolla mejor si se aplica tras completar la anterior.

Por ejemplo, he dicho que ahora, cuando detecto un ansia, la dejo ir. Esto no es tan fácil en las condiciones de partida, de hecho es una de esas directrices que a veces leo y que no tiene sentido alguno darlas, como cuando alguien te dice “no te preocupes por ese tema”. Pero sabes perfectamente que esa no es una opción. Si pudieras decidir eso pronto serías un Buddha, solo has de ir aplicándolo siempre ¿no?

Pero no puedes decidir qué te hace sufrir y qué no, ¿verdad?

Pues en el yoga de un-sabor, sí. Puedes. Y ese será el trabajo en él.

Se podrá en este estadio de madurez espiritual, de hecho ahora es tan fácil como cuando lo hacíamos con el intelecto. En este punto el acceso al mundo emocional es muy, muy elevado. Es aquí también donde se despiertan con ran facilidad centros energéticos o emocionales, lo típicos en el corazón y hara. Anteriormente también es posible si se aplican prácticas ad-hoc pero ahora ocurre casi de forma espontánea y sin esfuerzo, bueno sin tan siquiera ir a buscarlo en absoluto.

En este estadio, a poco que el practicante haya sido observador, ya habrá visto que tiene el surgimiento y liberación de emociones en la palma de su mente.

Y no es que debamos forzar esas emociones, no es esa la receta, la receta no es como también hemos oído y leído, algo así como “forzar un gozo la mayor parte del tiempo”. No, de nuevo no, no es eso lo que es un Buddha.

Un éxtasis eterno suena bien, pero te aseguro que un éxtasis de solamente algunas horas ya te hace dudar de si eso no es realmente “un poco aburrido”, todo ese gozo y otras sensaciones agradables tampoco son para tanto cuando ya las tienes a tu disposición y por contraste tienden a crear sufrimiento. No son la solución. El gozo también será trascendido y lo será en esta etapa pues es fenomenología.

Decir que los vehículos tántricos si usan el placer para inducir samadhi pero tienen claro que es solo otro medio hábil (upaya). En todo caso, no tratamos aquí ningún vehículo tántrico.

Así pues esbozamos de nuevo el trabajo de este yoga: trascender la fenomenología y como dicen Dakpo, “ecualizar” nuestras intenciones, especialmente las relacionadas con ansiar y rechazar.

Y quedaría la completitud de este yoga que daría paso a la Budeidad, o yoga de no-meditación en terminología Mahamudra, en el que paradójicamente, y a pesar del nombre, lo que ocurre es que estamos siempre en samadhi. Es decir que llevamos el samadhi extraordinario (extraordinario es la palabra que usa Dakpo) de este yoga a las 24 horas del día, gracias al hecho de haber obtenido una perfecta ecuanimidad permanente. Y entonces no hay diferencia entre meditar y no meditar, que sería la marca diferenciadora de este último yoga.

Y eso es todo por ahora. Gracias, de nuevo, por leer.



Un camino espiritual no-dual: el yoga de no-dualidad, un-sabor (I)
07/04/2020, 7:07 am
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Así cuando el desapego o trascendencia del intelecto sea completo o suficiente, la mente hará la penúltima reconfiguración mental.

El teatro cartesiano colapsa y desaparece la figura de un “sujeto” aparente, la mente se configura en su forma no-dual en la que todos los procesos habituales vistos en el Sistema-Mente siguen presentes y funcionando de igual manera, incluso el sujeto entendido como esa función co-emergente que ansía y rechaza (y en ese proceso crea sufrimiento).

Sin embargo el teatro cartesiano está ausente, por tanto obtenemos una mente no-dual en el Samsara, es decir, que aún sufre (poco, pero algo sufre). Esta reconfiguración es permanente, en todo momento. Siempre es así a partir de este momento.

Paradójicamente, la mente reactiva sigue existiendo, pero ahora, no como una forma mental alternativa, que se alterna con la mente realizada, sino que más bien, mente realizada y mente reactiva se unen en una sola mente, ya sin el teatro cartesiano.

Pero el sujeto que más preocupa al budismo sigue presente. No debemos olvidar que el budismo apela a un objetivo extremadamente práctico. Ni otros planos, ni visiones, ni poderes, ni no-dualidad, ni ninguna otra cosa, sino erradicar el sufrimiento. Todo lo demás puede ocurrir o no ocurrir, pero no se debe perder de vista el objetivo.

El otro día, leía una persona que afirmaba estar iluminada (entiendo que como sinónimo de budeidad) y decía que esto era así porque “estaba siempre meditando, en todo momento”.

¿Y?

Para empezar deberíamos aclarar que entiende por “siempre meditando”, ya desde el primer yoga es posible estar mindful siempre, aunque costará horrores. ¿Será eso? Completando el primero siempre estsrá disponible la mente realizada ¿Será eso? Completando el segundo obtenemos una mente no-cartesiana permanente ¿Será eso?

Como podéis ver, si hablamos sin concreción, no estamos realmente comunicando demasiado y luego, ¿acaso es eso un Buddha? ¿alguien que “está siempre meditando” (sea lo que eso sea) es un Buddha?

No, claro que no. La budeidad tiene una definición muy concreta: erradicación del sufrimiento.

Cualquier otro estadio es provisional o a medio camino.

¿Cuantas veces habéis oído “ya soy un Buddha porque nada en absoluto me hace sufrir lo más mínimo nunca”?

Lo oiréis poco o nunca, cada cual obtenga sus conclusiones al respecto…

Bien, retomamos el yoga que nos ocupa, el tercero. Dado que hemos trascendido completamente el intelecto, inmensa fuente de sufrimiento, ¿por qué sufrimos?

Sufrimos porque el único origen del sufrimiento no es el intelecto, si no los animales sin intelecto no sufrirían. Pero veo que mi gato se queja y se enfada si todas las tardes le doy su comida favorita pero un día en lugar de eso le pongo una piedra en su bol….

Bien, eso es porque el intelecto, aún siendo la fuente principal del sufrimiento humano no es la única. El ser humano sufre mucho más que los animales debido al intelecto, pero el resto de fenomenología también nos hace sufrir a todos los seres vivos evolucionados. Así que es el resto de fenomenología lo que será  tratado en este yoga.

En este yoga se aplicarán recetas del tipo hinduista “el mundo es un sueño” o budistas mahayana “el mundo es mente” para despojar a la fenomenología de poder y permitir trascenderla. Son medios hábiles, nada más, pero funcionan… Es decir, para que funcionen ni tan siquiera han de ser ciertos, solo has de creer en ellos. Por eso son medios hábiles y no verdades absolutas metafísicas. En esto los budistas tibetanos son bastante más sensatos que el resto de la espiritualidad, que tiende a ser notablemente dogmática.

Es en este punto y sin pretender generar polémica, donde la tradición Mahayana afirma que supera a la Theravada, porque el budismo primigenio no supone que “la realidad es mente”, sino que le da condición de solidez, y por tanto no aplica nada de esto.

Dejo el dato ahí porque se lee tal cosa en los textos Mahayanas, nada más. No quisiera entrar en mayor discusión.

Seguimos

 



Un camino espiritual no-dual: el yoga de no-conceptualidad, sencillez (y II)

El primer yoga puede ser completado sin considerar en absoluto en los principios de vacuidad budistas o de “el mundo es un sueño” del hinduismo. Solo requiere cierta capacidad de atención, mindfulness, meditativa, prajna y una buena orientación sobre lo que debe hacerse.

Entender que existimos más allá de los pensamientos no suena tan raro y ni siquiera te obliga a renunciar a nada o tener una determinada ética, tampoco te obliga a creer más planteamiento teórico que “soy algo más que un pensador”, lo cual suena hasta de sentido común.

Los subsiguientes yogas son diferentes y es en ellos (en el segundo y tercero) donde deberemos trascender todo el universo conocido nada menos. No es poco.

Así que deberás tener las condiciones kármicas adecuadas para que eso se dé pues no es ni mucho menos habitual que alguien se sienta capaz de hacerlo (vamos, que no quiere hacerlo). De hecho cuando hablo del yoga de no-conceptualidad con practicantes noveles suelo obtener respuestas de rechazo pues para ellos “su intelecto es muy importante”.

Bien, en esas condiciones no habrá progreso alguno en este yoga. Es una mera cuestión de apego, no hay elemento (qualia) alguno que pueda ser trascendido mientras no haya una completa, o al menos muy avanzada, ecuanimidad a su respecto. Ni el intelecto ni ningún otro. Y por desgracia no hay categorías, no puedes trascender el intelecto que te molesta y no hacerlo con aquel que tanto te gusta y que te hace sentir tan listo o sabio.

Así, el bloqueo en este yoga puede ser o bien el apego al intelecto o bien, no lo hemos dicho aún, que nos empeñemos en seguir con las prácticas del primer yoga, es decir parando el pensamiento intelectual (esto aparentemente me costó algún que otro año entenderlo bien, algún que otro año perdido… porque no conocía Mahamudra aún).

Todo surgimiento intelectual debe ser trascendido y para ello debe retirársele toda relevancia. Podríamos decir que debe haber un “abandono” del intelecto. No una negación del intelecto, mucho menos una represión, no ha, ni tan siquiera, de aparecer menos. Y si tu vida es agitada, no lo hará… seguirá apareciendo a menudo.

Es decir, uno no puede trascender algo que no está, no puede trabajar la trascendencia del intelecto en su ausencia. Sin intelecto no hay práctica del segundo yoga, por paradójico que parezca. Por supuesto en cada sesión, seguramente, acabaremos finalmente también en esa mente silenciosa, gozosa y presente, pero el trabajo de trascendencia del intelecto se realiza mientras este está presente.

Todo esto que hemos dicho, no es necesario forzarlo especialmente pues es la práctica en sí misma si se hace correctamente. Ocurre de forma natural si “nosotros” no pretendemos influir en exceso.

Cada vez que abandonamos (auto-liberamos) un pensamiento debe haber compromiso y sinceridad, no lo abandono porque sí o porque quiero ser un Buddha o como un autómata porque me lo han dicho, sino porque veo con claridad que ahora mismo es irrelevante para mi y cualquier conexión emocional con él es fuente de sufrimiento. Esto es parte de la vertiente vipassánica en las prácticas de solo-ser. Ver en tu experiencia, que lo que se dice es cierto.

Es decir, el contenido, la semántica de ese pensamiento también debe ser trascendida, no solo el pensamiento como tal (forma y contenido han de ser trascendidos).

La situación no es “Me descubro pensando en como resolver tal problema que me preocupa por N-sima vez, lo dejo ir pero el tema no es poco importante, me preocupa y me preocupa aún más no estar pensando en él”.

Eso no será suficientemente efectivo. Esa situación puede ser suficiente en el primer yoga, pero no será suficiente en el segundo.

En cambio: “Me encuentro pensando en como resolver tal problema que me preocupa por N-sima vez, lo dejo estar a su aire porque soy consciente de que no me aporta nada pensar por N-sima vez en ello, puedo abandonarme con tranquilidad a lo que deba pasar y seguir adelante solo-siendo”. Será efectivo. Ha de haber confianza en los principios elegidos pues ahora nos lanzamos al vacío, y no lo vamos a soportar a menos que haya confianza. Es la situación de saltar al abismo y esperar que nos crezcan las alas, hace falta mucha confianza en ello.

Es decir, no es suficiente con cumplir con cualquier práctica que se nos dé como si fuéramos un robot. Si los principios a aplicar no son vistos o realizados (y creídos), el progreso no ocurrirá. Por tanto en este yoga y subsiguientes, tu situación kármica será aún más relevante, tus creencias deberán alinearse si no lo estaban. Y para ello la herramienta es visión clara (vipassana). Ver realmente que eso es cierto y convencerte de ello. No es necesaria ninguna práctica formal vipassana al estilo Goenka, lo que es necesario es que te auto-observes y descubras si eso es cierto.

En algún momento cuando hablábamos de la meditación de no acción hemos dicho que en realidad estamos entrenando la desconexión de la emocionalidad reactiva respecto a la fenomenología, es decir la ecuanimidad absoluta. En este yoga debe consolidarse la ecuanimidad absoluta respecto al intelecto, para que en el siguiente se consolide la ecuanimidad completa (es decir respecto al resto de la fenomenología).

Durante este yoga también empiezan a ocurrir otros cambios relevantes. El principal quizá es que la fenomenología ya no se dividirá en “interna y externa” (por ejemplo pensamiento y lo visto) sino que esa frontera cae a mitad de este yoga más o menos.

No cae el teatro cartesiano porque sigue habiendo fenomenología por un lado y sujeto por el otro, pero cae la sensación construida de que hay fenómenos fuera y fenómenos dentro. Lo visto no me parece mas interno que el dolor de barriga, ambas cosas están ahí y no son ni internas ni externas.

No hay fuera ni dentro, pues todo es mente y eso se ve a mitad de este yoga porque (supongo) era también una sutil construcción intelectual.

La completitud de este yoga sí que ocurre con el colapso del teatro cartesiano, justo ese sujeto que “mira” los contenidos fenoménicos que ya no tienen dentro ni fuera, es el que desparecerá para dar lugar al yoga de no-dualidad o un-sabor.

En terminología Mahamudra es realizar la naturaleza o características de la mente (no su esencia que ya ha sido realizada, sino como es realmente: no-dual).

Seguimos



Un camino espiritual no-dual: el yoga de no-conceptualidad, sencillez (I)
03/04/2020, 7:07 am
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La consolidación de la mente realizada marca el paso del primer yoga Mahamudra al segundo al que llaman de “Sencillez” o de “No elaboración” (niṣprapāncha) y que aquí llamamos en lenguaje moderno “de no-conceptualidad”.

Asumo que el segundo yoga Mahamudra toma su nombre tradicional del hecho que, dado que ahora podemos existir separados de los contenidos mentales, nuestra existencia interior pasa realmente a volverse realmente sencilla, no elaborada, nos liberamos de los contenidos mentales. Solo Ser es realmente la mismísima sencillez.

Nuestra meditación en este yoga ya es de no-acción pura, es decir, de no hacer nada, sencillez pura. Más o menos, en este punto es cuando en la tradición tibetana comienza el camino meditativo (el cuarto), es decir, cuando meditamos por primera vez. Al menos tal como se entienden las meditaciones de no-acción. El shikantaza real también comienza aquí (porque es lo mismo).

A esta fase Dakpo la llama “la del orgullo” y es así porque los practicantes no asesorados pueden creer que están iluminados y llenarse de orgullo (cosa que no podría pasar si están iluminados). Ahora sí tienen un logro estable y liberador. No completo ni perfecto, no totalmente estable, ni tan siquiera muy profundo, pero algo hay.

Pero sería una pena que alguien pare aquí pues el sufrimiento no ha sido erradicado completamente ni mucho menos, aunque sí es cierto que en meditación ya puede uno acercarse a situaciones de gozo que puedan hacerle creer que son nirvana (aunque también lo viviría si hubiera practicado Jhanas). Pero en todo caso fuera del cojín sigue existiendo el sufrimiento y sigue existiendo el teatro cartesiano y sigue existiendo el sujeto no-conceptual que sigue ansiando y rechazando fenomenología (cosas que le pasan), y por ello sigue sufriendo. Incluso sigue existiendo la mente reactiva tal como pretende mostrar la segunda línea del esquema adjunto.

Bien, como hemos dicho antes, en la mente del yoga de no-conceptualidad ya solo hay dos mentes: o mente reactiva (como inicialmente) o mente realizada. Estas dos mentes se alternarán mucho o poco en función de la capacidad de mindfulness del practicante y de su entorno y condiciones kármicas (por ejemplo, una vida agitada).

En todo caso la capacidad del intelecto de generarnos sufrimiento ha sido fuertemente disminuida, en la mente realizada su capacidad es cero, haya o no haya pensamiento presente, y en la mente reactiva, será más débil, porque esa mente reactiva podríamos decir que es básicamente la expresión de nuestra Alaya y nuestra Alaya se va depurando y adquiriendo sabiduría existencial (sobre como vivir mejor).

El proceso de evolución en el segundo yoga consistirá en las trascendencia completa del intelecto, cosa que ya es así cuando estamos en la mente realizada, pero no en la reactiva. Así que podría asumirse que esta etapa consiste en la eliminación de la mente reactiva, pero no será exactamente así, lo que pasará es que se fusionarán en un solo espacio, pues la completitud de este yoga, es ya (ahora sí) no-dual.

Aquí lo que debe hacerse es justo, justo lo que los maestros zen se han cansado de decirnos, pero hasta aquí no era posible y es solamente ignorar (que no reprimir) el pensamiento conceptual, el intelecto. A todas horas y en todo momento.

Meditando y durante el día a día.

Recordemos que la diferencia entre la mente mindful y la realizada es que la primera solo puede existir o apegada a un contenido mental no-conceptual o bien bloqueándolos todos. La realizada es la que puede “estar” dejando los contenido mentales a su aire y sin apegarse a ellos.

Así que en el primer yoga no se puede hacer mindfulness y a la vez dejar a los pensamientos a su aire hacer su tarea. El mindfulness es bloqueante y debe ser interrumpido en cuanto queremos llevar a cabo una tarea intelectual.

Pero en la mente realizada sí podemos.

Los contenidos mentales seguirán haciendo su función, por tanto “serás” y además seguirás interactuando correctamente con el mundo. En este punto no es raro que la sensación sea de trascendencia. Esta situación por supuesto es obviamente dual, recordad que siempre decimos que los dos primeros yogas son duales o “con atman” en terminología budista/hinduista y los dos últimos lo contrario (llámalo Brahman o Anatman, me da igual).

Esta trascendencia, si es en la acción (no en el intelecto) puede obtenerse mucho antes, en el primer yoga, pero no incluirá al intelecto. Esta diferencia nos ayudará a saber donde estamos.

Si no puedes hacer lo anterior, no estás en el segundo yoga, es decir no tienes la capacidad de ejercerlo. De hecho es justo la capacidad de actuar en el mundo, incluso intelectualmente, a la vez que “solo eres” lo que define este yoga.

Así que realmente no hay mucho que hacer, simplemente volver una y otra vez a la mente realizada descartando siempre cualquier momento de vuelta a la reactiva. Y reconocer cada concepto o apego o huella en Alaya que nos arrastre a esa mente reactiva, reconocerlo como vacío, como irrelevante, como simplemente una expresión incontrolada de nuestra Alaya aún por purificar, pero nada concreto que tenga que ver con “nosotros” (como sujeto no-conceptual) sino una mera expresión de todo el universo funcionando.

Así pues este yoga requiere un compromiso con los principios de las doctrinas asiáticas (sea hinduismo o budismo)  mayor que el anterior. Es por eso, y porque creen estar iluminados, que muchas de las personas que despiertan no completan este yoga (mucho menos el siguiente). Aquí sí que estamos abandonando el mundo poco a poco… y se han de poder dar las condiciones kármicas para que lo puedas hacer. Por ejemplo Gary Weber, sin saber con seguridad si se refería a esto o no, comentaba que hasta que sus hijos no fueron autónomos y no se tuvo que preocupar por ellos, no pudo avanzar. Tiene sentido. Me cuadra.

Seguimos



Un camino espiritual no-dual: el yoga de concentración o mindfulness (y IV)
01/04/2020, 7:07 am
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Realmente la mente despierta y la mindful son más que hermanas, son casi lo mismo excepto por ese cambio sutil comentado (la autonomía del intelecto) y cuando la mente realizada se consolida, la mindful desaparece… pero no la reactiva… Y por eso hay más yogas (bueno, no es solo por eso…)

Esta mente realizada (¡sorpresa!) es un sujeto tan dual como lo es la mente mindful. Este es el atman neoadvaita (con suerte) y advaita tradicional, y aquí lo llamamos sujeto no-conceptual porque es sujeto por oposición a los objetos y porque ha roto la atadura con el intelecto. Puede existir de forma no-intelectual.

Tras un primer kensho, como hemos comentado antes, hemos de ser capaces de volver a la mente despierta. Quizá las primeras veces pasen meses entre un kensho y otro, o quizá tengas suerte, tengas una sensibilidad interior notable y tras captar la mente despierta seas capaz de volver a ella pronto, a menudo y durante bastante tiempo.

En todo caso estamos domando el buey zen. Cada uno a su ritmo.

Ahora la práctica se vuelve gozosa a ratos, pues la mente despierta, al contrario que la mindful es un lugar maravilloso en el que vivir (por eso mucha gente cree que eso es iluminación) y que, aunque aún se pierde, se mantiene sin esfuerzo mientras dura. Solo hay que evitar ansiarla en exceso cuando la perdamos y seguir nuestra práctica de forma humilde, tierna y perseverante para que vuelva.

En cierta manera en algún momento hay un cambio de tendencia en nuestra práctica. Eso ocurre cuando en lugar de  guiarnos la voluntad, esfuerzo y dedicación, la práctica se vuelve algo sencillo, gozoso, que ocurre por sí mismo y que nos atrae más que la propia realidad externa.

A este punto me refiero cuando a veces comento que en un momento dado todo empieza a ir “cuesta abajo”.

Si anteriormente todo parecía costar y al sensación era de ir cuesta arriba, para llegar con esfuerzo a no se qué lugar, o caer atrás en cuanto nos despistemos, a partir de cierto punto la práctica es tan gozosa que se desarrolla prácticamente sola. Ese es el punto dulce en que, si estamos bien orientados, difícil será que no haya evolución.

Se nota, y mucho, cuando alguien ya llega a este punto… no hay queja ni dificultad alguna sobre práctica alguna. Solo se desea saber “hacia donde ir” o bien se da uno por “iluminado”.

El momento del Kensho, desde el primer flash, a su estabilización, en mi opinión coincide también con el “Camino de Ver” tibetano (el tercero de cinco), por si alguien usa ese modelo. De forma suficientemente homogénea coincide etimológicamente con Kensho (que recordad que es Ver nuestra verdadera naturaleza en Zen o ver la esencia de la mente en Mahamudra). En esta fase siempre se habla de “ver”, y eso también coincide con mi sensación de que hasta aquí la clave es vipassánica (visión clara o auto-indagación real).

Y también la mente realizada es el verdadero rigpa Dzogchen. Y no ninguna forma de mindfulness ordinario, tal como se suele pensar.

Y también sería equivalente a la entrada en la corriente (Sotapanna) del budismo primigenio, que indica también bellamente ese nuevo fluir que ocurre, donde el practicante ya siente o empieza a sentir lo que es realmente fluir con la realidad sin oponerle resistencia.

Y por tanto esta realización te convierte en un Arya según nomenclatura clásica budista (pues ya no eres un ser ordinario y has confirmado la verdad de estas doctrinas en ti mismo).

La maduración total de esta fase ocurre en ese momento puntual en que la mente despierta deja de ser el estado “al que vuelves” y pasa a ser tu estado base, quién crees ser de forma permanente.

Ocurre un cambio identitario y sientes que pasas a ser la mente despierta, igual que antes sentías que eras la mente mindful que esporádicamente pasabas a ese otro estado o a la inconsciencia. Ahora ocurre justo al revés y tu eres la mente despierta, que revierte a la mente inconsciente o reactiva puntualmente.

Y a eso aquí lo llamaremos auto-realización, despertar, etc… Porque en nomenclatura tradicional es “reconocer quién eres”. Aunque esta forma de expresarlo es notablemente hinduista porque esta realización coincide perfectamente con la descripción de Atman Vedanta y algunos maestros modernos como Ed. Muzika la describen de similar manera.

Atman claramente apunta a que nuestra identidad es solo-ser (sat-chit-ananda).

Thusness (J. Tan, maestro de Soh Wei) cuando pasó por esta realización, explica que no entendía porque el budismo decía lo que decía si claramente “eso” existía y era su “yo/atman”. Pero como era budista siguió adelante y fue entendiendo porque le budismo (y también en Advaita Vedanta) afirman que la realización completa es finalmente no-personal (la llames brahman o anatman).

Curiosamente ahora la mente inconsciente no desaparece del todo. Seguimos revirtiendo a ella de forma puntual, de hecho casi igual que antes, o en todo caso en función de tu nivel de activación mental (nerviosismo, ansia…). O al menos esa es mi experiencia y no está en mi ánimo intentar hacer que las cosas parezcan más perfectas de lo que son.

Pero es que no hemos terminado. Ni mucho menos…

Seguimos




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