El blog de 道


La polilla y la compasión
10/07/2019, 7:07 am
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Toc, bzzz, toc, bz bzzz. Oyes ligeros golpes y vibraciones.

Miras y ves una pequeña polilla, intentando salir por la ventana, cerrada.

Se golpea una y otra vez contra el cristal que no sabe ver, que no entiende, que escapa a su comprensión.

Se golpea y vuelve a intentarlo, ansía la libertad. Ve el sol y el cielo del atardecer tras el cristal, tan cerca, tan lejos, tan inexplicable… Vuela de nuevo, toc, bzzzz.

La ventana de al lado está abierta pero la mariposilla no la ve, no es que no encuentre el camino a ella, sino que está demasiado cegada por la luz del sol para pensar en ir en otra dirección.

Atrapada en su ignorancia vuela de nuevo y choca con el cristal: toc, bzzzzz, toc, bzzz…

La compasión emerge de forma espontánea al ver la tristeza y el patetismo de la situación, el sufrimiento del ser que en su ignorancia no sabe encontrar el camino a la libertad, tan evidente, tan cerca y a la vez tan inalcanzable. ¿Cómo podría no surgir compasión viéndolo con claridad?

Dos golpes amables envían la polilla apenas un palmo más allá, hasta la ventana de al lado. La mariposilla quizá recrimine la agresión pero ¿a quién importa?

Se despeja del golpe, atraviesa la ventana abierta y libre, la ves perderse en el espacio rápidamente.

Y, seguramente irritada, no da las gracias, no mira atrás.

¡Puedan todos los seres sintientes ser felices!



28 de Junio de 2.017, el horizonte de sucesos
02/07/2017, 7:47 am
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Suena lejos y suave una conocida melodía.

No hay transición. Estoy aquí ahora y aquí estaba, nada ha cambiado.

Y sin embargo no recuerdo.

No recuerdo nada concreto antes del sonido. No estaba dormido, y no creo haber despertado. ¿o sí? ¿será acaso posible saberlo?  ¿cruzar el horizonte de sucesos?

Nunca sabemos en qué momento nos dormimos, pero ahora tampoco sé cuando despierto.

¿Es dormir no estar? ¿Y si estás? ¿qué es? ¿cómo distinguiremos la transición?

Cierto es que ahora algo ha cambiado, el sonido ha añadido algo al contexto. Ahora soy alguien… y lo sé. Y el contexto empieza a desplegarse en la mente, aunque aún muy lejos del intelecto. ¿Es eso despertarse?

Me giro, abro los ojos y veo la hora. 5:55.

Me gusta el número, por eso el despertador está puesto a esa hora. ¿Qué más da una que otra cuando se desdibuja el ciclo del día y la noche?

Y ahora, con los ojos abiertos, viendo la habitación, también hay ya un dónde.

Apago el despertador. No hay somnolencia.

Ayer llovió un poco y  ha refrescado por fin. Ahora sé que es lunes. Ya hay un cuándo.

Es casi solsticio, pasó hace pocos días, y aunque es tan temprano que para muchos es muy tarde, ya empieza a entrar claridad en la habitación.

Los persianas dejan entrar una luz laminada creando bellísimas luces rayadas por todo el espacio. Rayas que corren rectas por las paredes blancas pero se doblan por las esquinas, se returercen y giran por los muebles, por las sábanas… creando belleza.

La brisa de la mañana se filtra por las ventanas abiertas como un torrente etéreo y acaricia la piel sin tapar por las sábanas. Es pura y limpia mucho más de lo habitual, como si hoy se estrenara aire… este lunes. Y ese raro lujo urbano hace que el cuerpo vibre de alegría, que sea pura alegría.

La temperatura es perfecta. La existencia es perfecta. ¿Cómo podría no vibrar? ¿se puede pedir más? ¿podrían el dinero o la riqueza comprar un momento mejor?

El bienestar es tan intenso que lleva a la quietud. Sin hacer nada unos minutos en la cama, sin pensar nada, sin preveer nada ni ansiar nada. Ojos cerrados. Solo bienestar, de una gran fuerza.

Sumergido en él. Disfrutando. Olvidando el quién, el dónde y el cuándo.

Flotando en él, ¿quién flota? ¿flota alguien? ¿cual es la respuesta?

¿Cual era la pregunta?

La pureza de ser no ha sido manchada aún por el intelecto y el contexto vital es tan débil que puede borrarse con una mera intención, un mero dar un paso atrás en la mente.

Y así, solo siendo, brillas con tal intensidad que casi duele. Lo no manifestado queda demasiado cerca, apenas marchó ahora, ¿hace unos segundos? Su eco persiste en el organismo.

Su capacidad de anular lo manifestado apenas se ha ido. Y en su umbral surge la increible perfección gozosa de existir sin más. El mismísimo embrión de la vida. Solo ser sin más surge en la frontera entre manifestación y absoluto.

Casi pareciera que un paso atrás más y todo se desvanecerá de nuevo.

Pero ¿cómo darlo si te desintegras tal como te acercas? Y se llega al punto en que la desintegración personal impide paso alguno. Ese es el horizonte de sucesos. No puede irse más allá, no puede irse más allá y seguir siendo. Luego Tú no puedes ir más allá.

Y es así como permaneces en el umbral, entre ser y no ser. En el horizonte de sucesos, donde lo manifestado nace de nuevo continuamente y se cubre de gozo desnudo.

Sin embargo el apego a él también está ahí para ser superado. Ese es el voto del Bodhisattva, tiempo habrá para cesar.

Así que abandono el horizonte de sucesos, me alejo.

Abro los ojos, me levanto y voy a ducharme.



Una mala noche en Thamel
14/11/2016, 7:14 am
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Es mi última noche en Nepal, duermo en un hotelucho del barrio de Katmandú entregado a los turistas, Thamel.

El hotel es modesto, aunque la habitación es grande, la sensación no es de limpieza precisamente y el aislamiento acústico (y térmico) repecto a la calle es nulo.

Katmandú no es una ciudad silenciosa ni limpia y Thamel lo es aún menos. El ruido de personas, música, comercio de todo tipo (todo tipo) y coches, sobretodo pitidos, dura casi toda la noche apenas quizá hay una pausa entre las tres y las seis de la madrugada.

No es la primera vez que duermo en este hotel pero esta noche es especialmente poco apacible sea por causas ajenas o propias. Toda la noche la paso en ese estado entre dormido y despierto, sin parar de moverme en la cama, en un estado de vigilia ausente o de sueño consciente, nunca ni aquí ni allí. Estas noches no son raros los sueños lúcidos, pero de esta vez no recuerdo ninguno.

Más tarde se me ocurrirá pensar que igual la mente estaba ocupada en demasiados cambios.

A las seis pasarán a recogerme para llevarme al aeropuerto y volver a casa. En cualquier caso no va a ser una noche larga.

Me levanto media hora antes y acabo los preparativos. Algo antes de la hora prevista pican a la puerta y es hora de partir.

El aire de la mañana es fresco y agradable a pesar de la contaminación. De camino al aeropuerto veo a los conductores de rickshaws durmiendo en su carros, tapados con una manta, y pienso en que quizá no tienen nada más en esta vida. Eso es todo.

Ya en Tribhuvan, existe un extraño samadhi del aburrimiento de volver a casa: colas para facturar (nada que hacer), colas en el control de seguridad (nada que hacer), esperar el vuelo (nada que hacer), sentarse en tu asiento y volar horas y horas (nada que hacer), aterrizar en Dubai y repetir el proceso hasta la nausea. Uno puede buscar entretenimiento o sencillamente sumergirse en la no actividad de forma totalmente entregada.

Si entiendes que las 18 horas van a ser 18 horas si tienes prisa y van a ser 18 horas si no tienes prisa, uno puede caer en ese dolce far niente aunque sea necesaria cierta acción mínima de tanto en tanto. 18 horas de no acción son bastantes, apenas es necesario nada, ni hablar si vas solo, ni pensar, ni ansiar, planificar, ni rechazar… solo conectar con tu presente en cada momento. Y estar relajado mientras te mueven de un momento al siguiente.

Pero probablemente no es hasta el desembarco del primer avión que me doy cuenta de que algo ha cambiado de nuevo.

Estos días de trekking por la noche la absorción ha sido notablemente fuerte. Y esos cambios, esos cambios siempre ocurren por estas fechas, y especialmente de vacaciones, así fue aquel 11 de Septiembre también. El día de la primera muerte.

Y ahora se presenta una solidez inamovible que es la unión de la presencia y el universo representado, en su forma más natural y estable hasta ahora.

En el control de seguridad de Barcelona, las cabinas automáticas me rechazan y voy a la cola manual. Cuando me atiende el agente miro atrás y no queda nadie. Soy el último. Es un espacio tan y tan amplio y lleno de cintas de plástico para establecer las colas… Preparado para cientos de personas, y ahora está vacío. Es como el final de una fiesta, donde en la sala vacía solo quedan los platos y vasos de plástico sucios y las servilletas de papel usadas por el suelo. Todo el mundo se ha ido ya a casa.

Tras dar las buenas noches al agente, cierro el pasaporte y lo guardo, ya no lo volveré a utilizar en unos meses.

Mientras salgo recuerdo a Tao y mi corazón se ilumina de gozo.

Tras tanto tiempo, quizá infinitas vidas, quizá un segundo…

…finalmente he vuelto a casa.

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Aquel que mira hacia abajo

Este es para Diego:


Mira hacia abajo, continuamente mira hacia abajo.

Y ve la realidad moverse, mutar y cambiar continuamente. En esa maravillosa red de joyas, unas brillan con mayor luz. Las observa surgir, resplandecer, a veces atenuarse para brillar más tarde con más fuerza, a veces apagarse…

Son seres sintientes.

Mirados de cerca los ve sufrir, luchando como por desembarazarse de la red, como si estuvieran atrapados en ella, como sin darse cuenta de que la red son ellos y ellos son la red. Y no hay nada que no sea red, y que no sea ellos.

De vez en cuando, ya raramente, mucho menos que en kalpas anteriores, en su samadhi logra acercarse a alguno de ellos que ve brillar con especial intensidad, que ve luchar con especial desesperación para liberarse de la red. Intenta llegar hasta él.

En kalpas anteriores, hubo la ignorancia.

No podía todavía llegar a ellos. Sus susurros no llegaban,  no podían oirle. Por fin su samadhi fue suficientemente profundo y pudo llegar a ellos, algunos pudieron escuchar y ser liberados.

Pero ahora, en la red, en estos kalpas, es la edad de la confusión.

Él susurra suavemente al oido de los seres sintientes, ya puede llegar hasta ellos con facilidad, pero miríadas de voces se levantan gritando, todas gritan en su sufrimiento: “¡No, tú no!”, oye que grita una, “¡Falso, es todo falso!”, “¡la única verdad es la mía!”, “¡Ignorantes!”, “¡No es así”, “¡Está escrito!. Todas gritan, es un griterio tan elevado tan alimentado por el sufrimiento, que sus susurros no son escuchados. Su voz no es suficientemente fuete, su voz no es suficientemente convincente.

A pesar de ello todavía hace algunos intentos muy de tanto en tanto, de kalpa en kalpa alguien parece poder escuchar entre el griterio. Pero son pocos.

Así que la mayor parte del tiempo, desde el cielo de Tusita, solo observa la red, y ve los maravillosos puntos de luz, increiblemente más bellos que la más bella joya, encenderse y apagarse, agonizando en su pelea con la red de Indra sin entender que no hay nada más allá y que no puede escaparse de lo que uno es. Sin entender.

Observa y solo observa. Mira hacia abajo. Y aún de forma gozosa, llora por todos los seres sintientes. Las lágrimas en forma de lluvia aún apagando algunos fuegos efímeros, no pueden liberar.

Pero sabe, que no importa cuantos kalpas pasen, tarde o temprano la edad de la confusión pasará, así que Aquel (Ishvara) que mira (lokita) abajo (ava), cumple con su voto y sigue mirando hacia abajo.

Namo Ratna Trayaya,
Namo Arya Jnana
Sagara, Vairochana,
Byuhara Jara Tathagataya,
Arahate, Samyaksam Buddhaya,
Namo Sarwa Tathagate Bhyay,
Arhata Bhyah,
Samyaksam Buddhe Bhyah,
Namo Arya Avalokite
shoraya Bodhisattvaya,
Maha Sattvaya,
Maha Karunikaya,
Tadyata, Om Dara Dara,
Diri Diri, Duru Duru
Itte We, Itte Chale Chale,
Purachale Purachale,
Kusume Kusuma Wa Re,
Ili Milli, Chiti Jvalam, Apanaye Shoha

 



Los cuentos de Tao (2.010-2.016)
18/08/2016, 7:21 am
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He recopilado en un PDF los cuentos del blog.

Queda enlazado en la sección de minilibros y aquí.

 




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