El blog de 道


La voluntad (II) – El no conocer

>Decidimos de forma a menudo inconsciente, y no solo eso sino que no se aflora a la consciencia las razones, solo la sensación de que queremos hacer eso.

En palabras del blog esto sería como decir que la decisión la toma la inteligencia (que es no-manifiesta, es decir inconsciente) y se aflora a la consciencia la sensación de voluntad, como una señal para que conste «que sí, que eso era lo que se quería hacer, no es un error». Pero sin aflorar el por qué (que probablemente tampoco se conoce en lo inconsciente).

Así el afloramiento de esa sensación de voluntad o autoría, es la forma de decirle a la parte consciente (al teatro dual o cartesiano) que la acción está validada, que es la que se supone que tiene que ser.

El autor cita a Spinoza para reforzar el mensaje:

Los hombres se equivocan al creerse libres; su opinión se compone de la consciencia de sus propias acciones y de la ignorancia de las causas que las determinan. Su idea de libertad, por lo tanto, es simplemente su ignorancia de cualquier causa de sus acciones.

  • Spinoza

Es decir, la hipótesis es que las causas las trata la inteligencia y están vetadas a la parte consciente (aunque ésta puede hacer hipótesis al respecto y las hará).

Por supuesto si no afloráramos ninguna sensación de autoría consciente, entonces nos parecería, dada la situación, que «somos una marioneta» pues nos movemos y no solo no sabemos por qué, sino que además no parecería que lo hemos decidido nosotros.

Así la sensación de ejercer una voluntad es el aviso a la consciencia de que se va a hacer algo y que está bien, que es lo que se esperaba. Y así se evita la sensación de involuntariedad (light y no tan light) de la que hemos hablado antes y que sí existe pero solo aparece con patologías (cuando funcionamos mal) o bien de forma ligera, espiritualmente con ciertas prácticas concretas.

Esa sensación habitual de autoría que surge y todos conocemos, suele ir asociada a procesos mentales adicionales (como pensamiento conceptual) que a veces (no siempre) nos afloran algunas posibles razones para la acción y sobre todo que nos permitan justificar la acción (aunque no necesariamente han de ser la causa real, pues, repetimos, la consciencia no conoce esas razones).

Esta especie de esquizofrenia intrínseca de la mente no es algo nuevo, está en el fondo de conceptos ya tratados cómo la mente bicameral.  O la fragmentación mental.

El autor nos explica esto con una metáfora: si dado un árbol, pudiéramos saber inconscientemente cuando el viento va a mover cada rama antes de que eso pase, acabaríamos pensando que la rama la movemos con la mente, pues cada vez que pensáramos que se va a mover, lo haría. Esa es más o menos la función de la sensación de voluntad consciente y así se asociaría la sensación de autoría en un caso en que no la hay realmente: aflorando a la consciencia el aviso de lo que va a pasar, un poco antes. Y eso es más o menos lo que se observa en algunos estudios al respecto.

Paréntesis (de mi cosecha, en el texto no se trata): es cierto que los procesos conscientes pueden a su vez enviar a la inteligencia argumentos y datos que aporten al siguiente curso de acción, pudiéndolo matizar o hasta cambiar o bloquear, y eso también se ha demostrado en experimentos. Eso es razonable si no la consciencia no serviría para nada y eso evolutivamente sería raro que ocurriera pues es un sistema complejo y costoso, ha de ser muy útil, ha de aportar. Pero el circuito de toma de decisiones que la neurociencia va definiendo es básicamente el comentado antes y esto último sería más bien un circuito de realimentación consciente posterior y que completa el ciclo orientándose hacia la siguiente acción que se vaya a tomar.

Igual que con el ejemplo del árbol, no necesariamente sabemos conscientemente por qué ha ocurrido la acción. Aunque por lógica, a veces (quizá a menudo) sí deducimos más o menos correctamente por qué razones hacemos las cosas, dado que conocemos qué nos ha ido pasando en esta vida… pero es importante entender que lanzamos hipótesis y a veces acertamos y a veces nos equivocamos pero no lo sabemos pues esa información no se aflora conscientemente. Esa información no está disponible.  Nunca.

Así la teoría de la causación aparente afirma que «la gente siente una voluntad consciente cuando interpretan su propio pensamiento como la causa de la acción [pero no lo es]».

Esto es también muy espiritual, es típico fuera de los círculos espirituales estar convencidos de que la acción la guía el pensamiento intelectual (aquí intelecto), pero si se estudia la propia situación con detenimiento es muy fácil ver que no siempre es así. Y este texto nos refuerza la idea dejando caer que posiblemente nunca es así. Y eso es muy relevante a efectos espirituales.

Seguimos


6 comentarios so far
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Muy interesante. Pero que mucho.
Siempre intuí que la racionalidad sólo servía para justificar lo que dictaba previamente nuestras «entrañas».
Lo que mi parte inconsciente anhela determina «nuestros» actos. Un señor de bigote y mal humorado siente un odio profundamente arraigado. Luego escribe «Mein Kampf» para justificar racionalmente (¿?) el resultado de su cruel visceralidad

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Comentario por Dídac

No solamente sirve para justificarla, sino que digamos lo que digamos, lo cierto es que no sabemos, solo deducimos…

Luego Hitler nunca supo con certeza por qué hacía lo que hacía. Todo era inventado.

Ni tú

Ni yo

Ni Biden, ni Putin.

Y eso es tremendo…

Por cierto, esto es solo el comienzo, verás las próximas entradas 🙂

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Comentario por 道 貓的僕人

Es un tema muy interesante y que genera mucho sufrimiento. La mente crea una razón para cuanto hacemos o pensamos y si no encaja con la idea que tenemos de cómo deberíamos actuar o pensar, en resumen, de cómo deberíamos ser, surge la culpa.

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Comentario por Chk

Fíjate que la mente crea la idea de cómo tenemos que actuar y la actuación que no está alineada. Ambas cosas las crea la mente.

Eso nos da una idea clara de cuán fragmentados estamos.

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Comentario por 道 貓的僕人

Interesante tema el de la fragmentación. Las teorías socio-político-filosóficas inciden en «la alienación» del ser humano…..deberían incidir más en la tremenda fragmentación del mismo y en la absurda firme creencia en un «yo permanente» y en un «yo ideal» que hay que hacer coincidir y, si no es así, aparece una de las lacras de la educación cristiana: la culpa……
«Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa» rezábamos de niños empapando Alaya de tenebrosidad, de sensación de indignidad, inadecuación…….y, desde ahí, actuamos mendigando amor y reconocimiento en el supuesto exterior……..sin que, como dice esta entrada, seamos conscientes de porqué actuamos así.

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Comentario por Dídac

“Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco…..”
Romanos 7, 15-24 😊

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Comentario por Dídac




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