El blog de 道


Ron Burbea: Origen interdependiente (y V)
03/09/2020, 7:07 am
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La enseñanza de los agregados

Para que pueda exponerse precisa y totalmente las formas en las que tendemos a concebir la relación del yo con el cuerpo y la mente, puede ser valioso dividir “cuerpo y mente” en constituyentes. Una de las maneras es utilizando la formula de Buda de los “cinco agregados” o skandhas, que se enumeran a continuación:

 rūpa – cuerpo, materia, materialidad, cualquier objeto percibido con forma.
 vedanā – sensación, pero específicamente el tono de esta, su calidad de placentera, no placentera o ni lo uno ni lo otro.
 saṃjñā – percepción
 saṃskārā – formaciones mentales e invenciones, incluyendo pensamiento, intenciones y voluntades, así como factores mentales como la atención, que juegan un importante papel en fabricar la experiencia.
 vijñāna – conciencia, cualquiera de los cinco sentidos y la de los fenómenos mentales.

No siendo una definición del yo, se considera que permiten una mejor aproximación a la complejidad de nuestra existencia. Hay dos ventajas en esta elaboración: una es que podemos lidiar mejor con las partes en la meditación que con el conjunto, y la segunda que previene el agobio y la confusión de su discernimiento y permite disminuir el grado en el que los agregados se retroalimentan en círculos viciosos. Esta segunda ventaja es de gran interés, ya que nos provee de un compendio de las posibles combinaciones de las diversas concepciones del yo para entonces aprender de ellas. Y esto se debe a que en esta lista de los cinco agregados se encuentra todo tipo de fenomenología experimentable que podamos identificar o poseamos. Cualquier cosa que se pueda experimentar cae dentro de alguno de los agregados.

De forma algo más amplia, el Buda mencionó cuatro formas básicas en las que el yo se concibe en relación con los agregados, y todas ellas incluyen sufrimiento:
De igual forma que un perro atado a una estaca mediante una cuerda da vueltas y vueltas alrededor de la misma, una persona ordinaria, no versada en el Dharma, considera la forma (el cuerpo) como yo, o al yo como poseedor de forma, o como forma en un yo o como yo en
una forma.

Considera la sensación como el yo, o un yo que posee sensación, o una sensación en un yo o un yo en una sensación.

Considera la percepción ….

Considera las formaciones mentales ….

Se considera consciencia como yo, o un yo que posee consciencia, o conciencia en un yo o un yo en una conciencia.

Y así sigue dando vueltas alrededor de esta forma, esta sensación, esta percepción, esta
formación mental, esta conciencia. Y debido a esto, no se libera de la forma, de la sensación,
de la percepción, de la formación mental, de la consciencia. Ni tampoco del nacimiento, vejez
y muerte; de la tristeza, lamentación, dolor, angustia y tribulación; ni se libera del sufrimiento.

En otras palabras, típica y casi incesantemente nos identificamos con las variables permutaciones de las cuatro clases de concepción del yo, bien explícitamente o de forma más inmediata en nuestra forma habitual de percibirnos. A veces nos sentimos o concebimos el yo como uno o varios agregados. Nos identificamos con el cuerpo, con la mente, con un aspecto de la mente como emoción o inteligencia, sentimos que eso es lo que somos. O, a veces es posible que concibamos el yo como algo distinto de los agregados, pero poseyendo los mismos, el cuerpo, la mente, emociones, percepciones u otros factores mentales.

Alternativamente, otras veces creemos o sentimos que el yo está de alguna forma en el cuerpo o la mente, e incluso es posible concebir, sentir o creer que los agregados son algo que está en el yo, que es algo más vasto y contiene los agregados.

Estas concepciones previenen la liberación. El Buda enseñó que debemos librarnos de dichas concepciones para conocer la libertad. Aquí hay dos cosas importantes a resaltar. Una, que, aunque la concepción o sensación del yo no cuadre exactamente con las cuatro posibilidades, no debe asumirse que cualquier otra posibilidad es más real o certera. Cualquier identificación con cualquier teoría del yo nos limitará y causará sufrimiento, por lo que es fundamental ser consciente de la concepción adoptada e investigarla. La segunda es que, aunque estemos dispuestos a deshacernos de cualquier formulación filosófica o intelectual del yo que hayamos adoptado, lo más difícil es exponer aquellas concepciones que hemos asumido que operan a nivel más intuitivo.

Vamos a echar un más detenido vistazo a algunas de las formas intuitivas en las que el yo tiende a ser concebido en nuestra experiencia. Podemos percatarnos de que con frecuencia tendemos a suponer intuitivamente al yo como el controlador de los agregados del cuerpo y de la mente. El yo existe en el interior del cuerpo-mente como parte de los mismos, pero de alguna forma separado, y es quien se encarga de dirigir la orquesta, tomar las decisiones y manejar los componentes. Esta es la comúnmente referida como concepción innata del yo, la forma más común de imaginarlo. Se da el caso de que cuando de alguna manera una creencia mantiene una posición antagonista a esta, se mantiene como posición de por defecto en caso de conflicto.

De forma bastante relacionada puede considerarse que los agregados, de alguna forma, son dependientes del yo. Primero soy yo, y luego el cuerpo o la mente de los que tomo control. De forma vaga se asume que el yo es de alguna forma remotamente independiente de los agregados.

Por ejemplo, cuando imaginamos que, con un diferente cuerpo, más joven, más saludable, o una mente diferente, nuestro yo permanecería el mismo fundamentalmente.

También puede darse que concibamos el yo como la totalidad de los agregados, la suma de sus partes, o que es el continuo en el tiempo de estos, un proceso. Aunque esto es un poco más sofisticado y difícil de sostener.

Y como adición a estos modos comunes de concebir intuitivamente el yo, hay un rango de posibles variaciones que surgen y se mantienen basados en creencias, filosofías o experiencias meditativas.

Por ejemplo, concibiendo el yo como el resultado presente de una red infinita de condiciones pasadas, materiales y mentales. Entre otras cosas pueden incluir células embrionarias de nuestros padres, la comida, el aire, el agua que hemos consumido, las ideas, condicionamientos, impresiones de los sentidos desde incontables fuentes externas que hemos absorbido durante años y que nos mantienen bajo su influencia. El yo sería pues como algo que existe contingente a esta situación y como amasijo de la interacción de las condiciones.

Puede también existir la concepción, y el fuerte sentimiento que ocurre en la meditación u otros momentos, de que en realidad “todo es uno, solo hay un solo yo cósmico”. Esto puede tomar diferentes formas, pero que no hay necesidad de elaborar ahora. Posiblemente demasiadas variaciones que surgen de ciertas prácticas, filosofías o intuiciones, pero que tienen en común la concepción de un yo como siendo independiente de los agregados, algo que los agrupa y los mantiene. Una de las variaciones más comunes es aquella de que el verdadero yo es conciencia, una clase de vasta, imperturbable, permanente y universal consciencia.

Ninguna de estas concepciones fue avalada por Buda en absoluto, como la naturaleza última del yo.

Todas ellas incluyen, bien implícita o explícitamente, la asunción de un yo con existencia inherente no importa lo cósmico o rarificado que sea. E igualmente, asumen y afirman que esta o aquella formulación o percepción es la verdadera naturaleza del yo.

Todas estas perspectivas y puntos de vista de las concepciones son extremadamente útiles y brindan un profundo grado de libertad, pero debe servir como peldaños en la escala de liberar nuestros aparentemente inamovibles puntos de vista. Pero igualmente tenerse en cuenta sus limitaciones.

Donde quiera que existe una concepción del yo habrá asunción de existencia inherente, con la consecuente ignorancia subyacente, y que, a pesar de su sutileza, mantendrá la semilla del espejismo fundamental y dukkha.

  • Rob Burbea traducido por Juan

5 comentarios so far
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Gracias una vez más, Juan

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Comentario por Diego

Acerca de este tema del yo o la sensación de ser, creo que hay mucho más que una necesidad de supervivencia o existencia, o incluso de personalidad. Está tan arraigado el concepto de sujeto en nuestro interior que creo que responde a una profunda necesidad de recuperar una unidad o unicidad que hemos perdido, y que ha sido reemplazada por una simulación mental, o una construcción dinámica como plantea Rob. Podremos desmantelar esta falsificación, pero no será posible sin llenar ese vacío con esa talidad.

Siempre me ha parecido muy evidente que todas nuestras experiencias y manifestaciones tienen su lado inconveniente y su sufrimiento, pero también responden a demandas reales de lo que somos, sea lo que sea.

Un abrazo.

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Comentario por JuanV

Gracias!!

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Comentario por ewilius

youtube=https://www.youtube.com/watch?v=videoseries&w=640&h=360

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Comentario por hapax

Everybody Anyone 🙃

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Comentario por hapax




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