Sentado en la cabeza del elefante,
pese no haber dado ni un paso,
me recupero del dolor de pies.
Atrapado por la trompa
ha sido domado
aunque el miedo solo estuviera
de este lado.
Y aunque sus patas sean de piedra,
me muestra el mundo
en sus diez direcciones
y veo el baile del Tao
por primera vez.
Siento el viento soplar para serlo,
las montañas eternas
convertirse en momias y obispos,
las nubes volverse espacio y tierra húmeda.
Las plantas surgen y florecen,
pero ¿y su corazón?
¿dónde disparará el cazador?
Todos los seres se afanan de un lado a otro,
tras una hormiga siempre hay otra
aunque ninguna sepa quién lidera.
Acompañado por los 1.156 inconvenientes
que nos unen, no hablo,
y aunque no me siento solo,
sé que hay al menos dos razones,
por las que no estoy acompañado.
Todo baila y nada ha ocurrido.
No hay bailarines.