El blog de 道


Alicia y el viento (II)
22/12/2016, 7:01 am
Filed under: Cuentos propios | Etiquetas: ,

Este sacó del bolsillo de su chaqueta tres inmensas columnas de libros que se elevaban hasta el cielo…

– Aquí lo tenemos, ¡El Gran Canon!

Alicia estaba boquiabierta, ¿cómo cabían todos esos libros en su bolsillo?

– Bien, bien – decía mientras rebuscaba entre ellos – ¡Aquí está! ¡lo encontré! aquí se explica claramente… pero no lo entiendo… La traducción no parece muy buena… quizá una coma mal puesta…

Entonces sacó unas tijeras y empezó a recortar el libro mientras hablaba para sí mismo.

– Esta palabra debe ir allá… y esta sobra. Uy, qué mal traducido, esto no va así. ¡Terminado! ya está. Aquí lo pone: el viento es omnisciente, irradía rayos de sabiduría y es el ser más poderoso de la creación. Una palabra suya y aparecen hojas secas de la nada. Está claro.

Todos miraban con sorpresa al sombrerero rodeado de retazos de papel y sentado sobre pilas de libros… Cortaba y cortaba retazos sin parar… como un cortacesped desbocado.

– Es esto, es esto. Ahora está claro. Si es que está todo aquí escrito… Solo hay que interpretarlo bien… ¡y recortarlo un poco!!!

Alicia lo miraba alucinada.

A la izquierda de la reina estaba el conejo blanco. Llevaba puesto un extraño peto gris, un curioso sombrero de paja cónico que le tapaba hasta los ojos y como siempre, estaba mirando su reloj con insistencia y resoplando…

– ¡Buf! ¡que plasta con su canon! ¡Yo tengo prisa! ¡llego tarde! ¡El ahora se me escapa entre las manos!

– ¡No tengo tiempo para leer todo eso! ¡Es mucho más sencillo! Está claro que el viento ni existe, ni no existe sino todo lo contrario.

– ¡Está claro! ¡Todos somos el viento! Tú eres viento y yo soy viento. Fiuuu, fiuuuu, fiuuu. ¿Cual es el sonido del viento aplaudiendo? ¿Tiene el viento naturaleza real? ¡Mu! ¡Mu! ¡Mu! ¡Mu!

– Pero llego tarde, muy tarde, debo irme.

En un movimiento de su mano Alicia pudo ver que su reloj era un simple circulo vacío, sin agujas, ni nada más. Solo un círculo pintado en negro sobre un fondo blanco.

El conejo puso ojos de loco y marchó corriendo o mejor dicho saltando mientras seguía mugiendo como una vaca… ¡Mu! ¡Mu!

Alicia no tenía muy claro qué pensar, o mejor dicho sí, pero prefería no abrir la boca.

La cara de la Reina empezaba a tener el mismo color que sus corazones: rojo sangre, parecía que iba a explotar de la rabia… justo cuando la cabeza del gato de Cheshire apareció sobre ellos. Lucía un bonito collar de color granate.

(continua)


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