El blog de 道


Maurice on Nisarga
20/03/2016, 8:10 am
Filed under: Fragments

La mente era originalmente una herramienta en la lucha por la supervivencia biológica. Tenía que aprender las leyes y los caminos de la Naturaleza para poder conquistarla. Eso hizo, y eso está haciendo, pues la mente y la Naturaleza, trabajando mano a mano, pueden elevar la vida a un nivel más alto.

Pero, en el proceso, la mente adquirió el arte del pensamiento simbólico y de la comunicación, el arte y la pericia del lenguaje. Las palabras devinieron importantes. Las ideas y las abstracciones adquirieron una apariencia de realidad, lo conceptual reemplazó a lo real, con el resultado de que el hombre vive ahora en un mundo verbal, atestado de palabras y dominado por las palabras. Obviamente, para tratar con las cosas y las gentes las palabras son sumamente útiles. Pero nos hacen vivir en un mundo totalmente simbólico y, por consiguiente, irreal.

Para salir de esta prisión de la mente verbal a la realidad, uno debe ser capaz de cambiar su enfoque desde la palabra a lo que la palabra nombra, a la cosa misma.

La palabra que se usa más comúnmente y que está preñada de sentimientos y de ideas es la palabra «yo». La mente tiende a incluir en ella de todo, desde el cuerpo a lo Absoluto. En la práctica, representa como un indicador hacia una experiencia que es directa, inmediata e inmensamente significativa. Ser, y saber que uno es, es lo más importante. Y para ser de interés, una cosa debe estar relacionada con la propia existencia consciente de uno, lo cual es el punto focal de todo deseo y de todo temor. Pues, el propósito último de todos los deseos es mejorar e intensificar esta sensación de existencia, mientras que, en su esencia, todo temor es el temor de la autoextinción. Indagar en la sensación de «yo» —tan real y tan vital— para alcanzar su fuente es el núcleo del Nisarga Yoga.

Puesto que no es continua, la sensación de «yo» debe tener una fuente de la que fluye y a la que retorna. Esta fuente atemporal del ser consciente es lo que Maharaj llama la naturaleza verdadera, el sí mismo real, swarupa.

En cuanto a los métodos para realizar la identidad suprema de uno con el sí mismo real, Maharaj es peculiarmente no comprometido. Dice que cada uno tiene su propia vía a la realidad, y que no puede haber ninguna regla general. Pero, en todas las puertas a la realidad, por cualquier camino que uno llegue a ella, está la sensación de «yo soy». Es comprendiendo el sentido pleno del «yo soy», y yendo más allá de él hasta su fuente, como uno puede realizar el estado supremo, que es también el estado primordial y el estado último. La diferencia entre el principio y el final está solo en la mente. Cuando la mente es obscura y turbulenta, la fuente no es percibida. Cuando es clara y luminosa, deviene un reflejo fiel de la fuente.

La fuente es siempre la misma —más allá de la obscuridad y de la luz, más allá de la vida y de la muerte, más allá de lo consciente y de lo no consciente.

M. Frydman


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