El blog de 道


El culpable
01/06/2014, 4:16 pm
Filed under: Contes | Etiquetas: , ,

人 有 亡 鈇 者 , 意 其 鄰 之 子 , 視 其 行 步 , 竊 鈇 也 ; 顏 色 , 竊 鈇 也 ; 言 語 , 竊 鈇 也 ; 動 作 態 度 , 無 為 而 不 竊 鈇 也 .

俄 而 抇 其 谷 而 得 其 鈇 , 他 日 復 見 其 鄰 人 之 子 , 動 作 態 度 無 似 竊 鈇 者 .

Un hombre que perdió su hacha sospechaba que el hijo de su vecino la había robado. Observando al chico, la forma en que caminaba, la expresión de su cara, la manera en que hablaba, todo en su apariencia y comportamiento traicionaba que había robado el hacha.

No mucho más tarde, el hombre encontró su hacha al bajar al sótano. Cuando volvió a ver de nuevo al hijo de su vecino, nada en el comportamiento del chico, ni en su apariencia, parecía sugerir que había robado el hacha.

Lie Zi (siglo IV a.C.)


13 comentarios so far
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Muy bueno 🙂

«La parte mayor de la vivencia nos la imaginamos con la fantasía, y resulta difícil forzarnos a no contemplar cualquier proceso como inventores” -F. Nietzsche

Un abrazo

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Comentario por El Buda Curioso

Impecable comentario. 🙂

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No existen razones mas que en la mente racional. He perdido el hacha, no merece la pena buscar razones. Si en ese momento necesito una pues busco una solución, le pido una al vecino, aplazo la tarea…, sino necesito el hacha paso a otra cosa más interesante, vuelvo al presente. Dejo mis pensamientos en su curso sin hacer una historia del hacha.
¿Con qué fin?

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Comentario por raquelsuma

Eso es, no construir historias. Especialmente sobre uno mismo, que son las que nos parecen más ciertas (¿Cómo no voy a saber yo lo que me pasa?!?!) y son igualmente falsas… 🙂

Un abrazo

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Muy buena historia. Graciosa y aleccionadora. Podemos decir “las maquinaciones”, “la autosugestión”, “el autoengaño” o como decís, el montarse historias.
La conecto directamente con justo esto que escribiste:
«Porque como dijo Mark Twain: “mi vida ha estado marcada por miles de desgracias la mayoría de las cuales nunca ocurrieron”».
La cabecita siempre funcionando. En la forma inadecuada.

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Comentario por whatgoesaround

Pues sí, además para hacer tres milenios casi, es psicológicamente muy avanzado.

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Lo es. Mucho.

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Comentario por whatgoesaround

Seguro que fue Manas. Me apuesto algo.

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Comentario por whatgoesaround

Pues resulta que hace muchos años me contaron una parábola que me gustó mucho. Claro que la situaron entre los indios norteamericanos y una historia sobre caballos. Veo ahora que está ambientada en torno a un campesino chino.
Muy probablemente, con todo lo que sabes y has leído, y más sobre cultura china y taoísmo, ya la conozcas. Muy en la línea de este señor malpensado con su hacha…

«Una historia china habla de un anciano labrador, viudo y muy pobre, que vivía en una aldea, también muy necesitada.

Un cálido día de verano, un precioso caballo salvaje, joven y fuerte, descendió de los prados de las montañas a buscar comida y bebida en la aldea. Ese verano, de intenso sol y escaso de lluvias, había quemado los pastos y apenas quedaba gota en los arroyos. De modo que el caballo buscaba desesperado la comida y bebida con las que sobrevivir.

Quiso el destino que el animal fuera a parar al establo del anciano labrador, donde encontró la comida y la bebida deseadas. El hijo del anciano, al oír el ruido de los cascos del caballo en el establo, y al constatar que un magnífico ejemplar había entrado en su propiedad, decidió poner la madera en la puerta de la cuadra para impedir su salida.

La noticia corrió a toda velocidad por la aldea y los vecinos fueron a felicitar al anciano labrador y a su hijo. Era una gran suerte que ese bello y joven rocín salvaje fuera a parar a su establo. Era en verdad un animal que costaría mucho dinero si tuviera que ser comprado. Pero ahí estaba, en el establo, saciando tranquilamente su hambre y sed.

Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para felicitarle por tal regalo inesperado de la vida, el labrador les replicó: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y no entendieron…

Pero sucedió que, al dia siguiente, el caballo ya saciado, al ser ágil y fuerte como pocos, logró saltar la valla de un brinco y regresó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, éste les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y volvieron a no entender…

Una semana después, el joven y fuerte caballo regresó de las montañas trayendo consigo una caballada inmensa y llevándoles, uno a uno, a ese establo donde sabía que encontraría alimento y agua para todos los suyos. Hembras jóvenes en edad de procrear, potros de todos los colores, más de cuarenta ejemplares seguían al corcel que una semana antes había saciado su sed y apetito en el establo del anciano labrador. ¡Los vecinos no lo podían creer! De repente, el anciano labrador se volvía rico de la manera más inesperada. Su patrimonio crecía por fruto de un azar generoso con él y su familia. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su extraordinaria buena suerte. Pero éste, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y los vecinos, ahora sí, pensaron que el anciano no estaba bien de la cabeza. Era indudable que tener, de repente y por azar, más de cuarenta caballos en el establo de casa sin pagar un céntimo por ellos, solo podía ser buena suerte.

Pero al día siguiente, el hijo del labrador intentó domar precisamente al guía de todos los caballos salvajes, aquél que había llegado la primera vez, huido al día siguiente, y llevado de nuevo a toda su parada hacia el establo. Si le domaba, ninguna yegua ni potro escaparían del establo. Teniendo al jefe de la manada bajo control, no había riesgo de pérdida. Pero ese corcel no se andaba con chiquitas, y cuando el joven lo montó para dominarlo, el animal se encabritó y lo pateó, haciendo que cayera al suelo y recibiera tantas patadas que el resultado fue la rotura de huesos de brazos, manos, pies y piernas del muchacho. Naturalmente, todo el mundo consideró aquello como una verdadera desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. A lo que los vecinos ya no supieron qué responder.

Y es que, unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Pero cuando vieron al hijo del labrador en tan mal estado, le dejaron tranquilo, y siguieron su camino. Los vecinos que quedaron en la aldea, padres y abuelos de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia una guerra que, con mucha probabilidad, acabaría con la vida de muchos de sus amigos. A lo que el longevo sabio respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!».

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Comentario por whatgoesaround

Veo que hay distintas variaciones del cuento. Muy probablemente tenga un origen chino…
http://www.cop.es/colegiados/b-00085/escritos/historias/campesino.HTML

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Comentario por whatgoesaround

Tradicionalmente se ha considerado un cuento taoista, igual hasta hay una versión reducida en el blog..

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Comentario por

Cuando dices «igual»… ¿qué quieres decir? ¿que no estás seguro? ¿que no te acuerdas?

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Comentario por whatgoesaround

Eso es 🙂 pero venía a decir lo mismo.

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