El blog de 道


Cabalgando el viento
14/05/2014, 4:30 pm
Filed under: Contes | Etiquetas: , ,

La primera vez que se dio cuenta de que algo ocurría fue un soleado día de verano.

Tapó el sol con la mano para mirar y se sorprendió al notar que parte de la luz atravesaba su mano, como si fuera ligeramente translúcida, no totalmente sólida. Algo de luz ligeramente rojiza, tras atravesar su mano, llegaba hasta sus ojos.

¡Cómo aprieta el sol! se dijo y no le dio mucha más importancia. Será la capa de ozono…

Pero unos días más tarde, tras levantarse de meditar y mientras se duchaba, comprobó con algo de miedo que casi podía ver a través de sus brazos…

Corrió a mirarse en el espejo, pero, aliviado, se vio perfectamente sólido…

Sin embargo se miraba las manos y las veía algo faltas de solidez. Sorprendentemente, ¡esas mismas manos en el espejo se veían normales!

Dudó qué hacer, pero finalmente pudo la rutina y decidió, temeroso, ir a trabajar. Poco a poco, durante el día, fue ganando confianza pues nadie parecía reparar en nada.

Finalmente se decidió a preguntar: ¿Oye, José, tú me ves como siempre?

– Claro, ¿cómo voy a verte? ¿te encuentras mal?

Tuvo que concluir que debía tener él algún problema de percepción, pues día tras día se miraba las manos, los pies o el cuerpo y se veía cada vez más transparente, sin embargo su imagen en el espejo era sólida como una roca y nadie parecía reparar en nada.

Temiendo un diagnóstico desagradable, nunca se atrevió a consultar un médico. A fin de cuentas su vida parecía seguir perfectamente bien, incluso mejor que antes, cada día se notaba más ligero y transparente también respecto a las preocupaciones y las pequeñas miserias cotidianas. Incluso algunos amigos le habían dicho que lo notaban más alegre, espontáneo y relajado que nunca…

Llegó un momento en que hasta le costaba algo vestirse por la mañana sin mirarse al espejo. No era fácil localizar con precisión sus extremidades de lo poco que las veía. Casi invisibles para él, solo para él. Por suerte su reflejo en el espejo permaneció fiel a la solidez previsible y el mundo tampoco reparaba en este curioso fenómeno.

Poco a poco su vida se volvía gozosa y fresca, nada parecía suponer una carga, nada podía atrapar ese cuerpo ligero, casi invisible y hacerlo sufrir. Con el tiempo casi olvidó que una vez fue totalmente sólido.

Cierto día ventoso, de camino al trabajo, notó como el viento le movía y empezó a dejar de sentir el contacto de sus pies con el suelo. Entonces hubo un fuerte golpe de aire…

 


 

– ¡Mama, mamá! ¡mira! – dijo el niño señalando a una nube alargada por el vendaval que soplaba.

La madre miró con el cansancio de cada mañana: “¿Qué? ¿qué?!”

– Acabo de ver un señor caminando por el viento. Se ha escondido tras la nube.

– Anda niño, no digas chorradas – y estirando le hizo seguir su camino al colegio.

 

FIN

 

Fue entonces cuando me di cuenta que no existía ninguna barrera entre lo que había dentro y lo que había fuera. Mi cuerpo se iluminó con una brillante luz. Oía con mis ojos y veía con mis oídos. Utilizaba mi nariz como boca y mi boca como nariz. Viví el mundo con la totalidad de mis sentidos cuando mi espíritu se unió y mi forma se disolvió. No había ninguna distinción entre músculos y huesos. Mi cuerpo dejo de ser pesado y me sentí como una hoja flotante. Sin saberlo, estaba siendo transportado por el viento. A la deriva de un lado para otro, no sabía si yo cabalgaba sobre el viento o el viento cabalgaba sobre mí.

Lie Zi 列子 Siglo IV a.C.


2 comentarios so far
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Qué bueno 🙂

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Comentario por El Buda Curioso

¡Muchas gracias! 🙂

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