El blog de 道


Enlightenment in modern era (II)
29/09/2011, 2:41 pm
Filed under: Historia

Yo ni siquiera percibí el cambio inmediatamente. Mi mente estaba demasiado ocupada intentando entender porque estaba en un hospital en plena noche con un policia sentado al pie de la cama, cuando la última cosa que recordaba fue una sensación de somnolencia en el autocar esa misma mañana y recostarme en un sueño confortable en lo que se suponía un viaje de siete horas a través de las montañas cubiertas de jungla. No sospechaba nada porque quien me ofreció el caramelo, un encantador joven bien vestido que nos ayudó con el equipaje, había dejado el autocar varios kilómetros antes. Restrospectivamente, pienso que decidió que la retirada era conveniente cuando vió que mi compañera, sicóloga del sueño, la dra. Ann Faraday, no se comió el dulce que le dió también. (El heroico rescate de Ann cuando empecé a ponerme azul y el conductor del autobús insistió en que estaba borracho, es una aventura en sí misma, pero no el objeto de este relato).

El hecho de que estaba sometido a un cambio de conciencia radical empezó a hacerse aparente sólo después de que todo el mundo se fuera por la noche y me dejaran solo, sintiendome como si ya hubiera dormido para el resto de mis dias. Por etapas fuí siendo consciente de que cuando me desperté una horas antes, no fué en absoluto de un estado de inconsciencia ordinario. Fué como si emergiera renovado (completo, con todos los recuerdos que constituyen mi identidad personal) de una vasta oscuridad que de alguna manera era radiante, una clase de infinita vitalidad concentrada de conciencia pura que no tenía separaciones, y por tanto ni espacio ni tiempo.

No hubo sentido alguno de continuidad personal. De hecho la sensación de una parada en el tiempo fué tan absoluta que hoy dia estoy convencido de que realmente estuve muerto. Quizá fué solo unos segundos o fracciones de segundo y fuí literalmente resucitado por el equipo médico, pero no habían equipos de monitorización modernos para poder confirmarlo objetivamente. Y si mi convicción es correcta, estaria en contra de la creencia habitual de los investigadores de estas experiencias de que la conciencia personal puede existir separada del cerebro. Mi impresión es  que mi conciencia personal se apagó (el significado final, según muchos estudiosos, de la palabra nirvana) y fué recreada por algún tipo de focalización de la eternidad infinita de esa radiante y oscura conciencia pura. Una vieja canción de cuna transmite eso mejor que cualquier compleja filosofia:

“Where did you come from, baby dear?

Out of Everywhere into here.”

Por otra parte esa maravillosa vida eterna venida del “everywhere” aún estaba allí, justo ante mis ojos, o dicho con más precisión, dentro de mi cabeza, continuamente recreando mi consciencia, cuerpo y mente completos, instante a instante, ¡ahora! y ¡ahora! y ¡ahora! Esta no es una mera metáfora para una vaga sensación; era tan palpablemente real que puse mi mano en la nuca, medio preguntandome si los doctores habrían cortado parte de ella para abrir mi cabeza al infinito. Pero no había un sentimiento de haber sido dañado; era más como si hubiesen quitado unas cataratas de mi cerebro, dejándome experimentar el mundo y a mi mismo correctamente por primera vez, esa deliciosa oscura luz parecia revelar que la esencia de todo era sagrada.

Me sentia como gritando, “¡Pues claro! ¡Esto está absolutamente bien! “ y aplaudiendo cada cosa sencilla con lágrimas de gratitud, no solo Ann, ahora durmiendo, y el pequeño jarrón con flores que puso la enfermera al lado de mi cama, también las marcadas manchas en las sábanas, la vieja pintura agrietada de las paredes, el poco higiénico olor del lavabo, las toses y gemidos de los otros pacientes e incluso la triste condición de mi cuerpo traumatizado. Del fondo de mi memoria emergía la frase del inicio del libro del Genesis sobre Dios observando todo lo que ha hecho y encontrándolo bien. En el pasado había tratado esas palabras como mera poesia romántica referida solo a cosas convencionalmente magníficas como las puestas de sol pero ignorando lo que la conciencia ordinaria humana llama enfermedad o fealdad. Ahora todos los juicios de bien o mal que la mente humana necesariamente ha de hacer en sus actividades diarias se contextualizaban en la perspectiva de esa otra dimensión que sólo sé llamar eternidad y que ama todo lo que el timpo produce, sea lo que sea.

(continuará)

Traducción de 道


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