El blog de 道


Un camino espiritual no-dual: el yoga de no-conceptualidad, sencillez (y II)

El primer yoga puede ser completado sin considerar en absoluto en los principios de vacuidad budistas o de “el mundo es un sueño” del hinduismo. Solo requiere cierta capacidad de atención, mindfulness, meditativa, prajna y una buena orientación sobre lo que debe hacerse.

Entender que existimos más allá de los pensamientos no suena tan raro y ni siquiera te obliga a renunciar a nada o tener una determinada ética, tampoco te obliga a creer más planteamiento teórico que “soy algo más que un pensador”, lo cual suena hasta de sentido común.

Los subsiguientes yogas son diferentes y es en ellos (en el segundo y tercero) donde deberemos trascender todo el universo conocido nada menos. No es poco.

Así que deberás tener las condiciones kármicas adecuadas para que eso se dé pues no es ni mucho menos habitual que alguien se sienta capaz de hacerlo (vamos, que no quiere hacerlo). De hecho cuando hablo del yoga de no-conceptualidad con practicantes noveles suelo obtener respuestas de rechazo pues para ellos “su intelecto es muy importante”.

Bien, en esas condiciones no habrá progreso alguno en este yoga. Es una mera cuestión de apego, no hay elemento (qualia) alguno que pueda ser trascendido mientras no haya una completa, o al menos muy avanzada, ecuanimidad a su respecto. Ni el intelecto ni ningún otro. Y por desgracia no hay categorías, no puedes trascender el intelecto que te molesta y no hacerlo con aquel que tanto te gusta y que te hace sentir tan listo o sabio.

Así, el bloqueo en este yoga puede ser o bien el apego al intelecto o bien, no lo hemos dicho aún, que nos empeñemos en seguir con las prácticas del primer yoga, es decir parando el pensamiento intelectual (esto aparentemente me costó algún que otro año entenderlo bien, algún que otro año perdido… porque no conocía Mahamudra aún).

Todo surgimiento intelectual debe ser trascendido y para ello debe retirársele toda relevancia. Podríamos decir que debe haber un “abandono” del intelecto. No una negación del intelecto, mucho menos una represión, no ha, ni tan siquiera, de aparecer menos. Y si tu vida es agitada, no lo hará… seguirá apareciendo a menudo.

Es decir, uno no puede trascender algo que no está, no puede trabajar la trascendencia del intelecto en su ausencia. Sin intelecto no hay práctica del segundo yoga, por paradójico que parezca. Por supuesto en cada sesión, seguramente, acabaremos finalmente también en esa mente silenciosa, gozosa y presente, pero el trabajo de trascendencia del intelecto se realiza mientras este está presente.

Todo esto que hemos dicho, no es necesario forzarlo especialmente pues es la práctica en sí misma si se hace correctamente. Ocurre de forma natural si “nosotros” no pretendemos influir en exceso.

Cada vez que abandonamos (auto-liberamos) un pensamiento debe haber compromiso y sinceridad, no lo abandono porque sí o porque quiero ser un Buddha o como un autómata porque me lo han dicho, sino porque veo con claridad que ahora mismo es irrelevante para mi y cualquier conexión emocional con él es fuente de sufrimiento. Esto es parte de la vertiente vipassánica en las prácticas de solo-ser. Ver en tu experiencia, que lo que se dice es cierto.

Es decir, el contenido, la semántica de ese pensamiento también debe ser trascendida, no solo el pensamiento como tal (forma y contenido han de ser trascendidos).

La situación no es “Me descubro pensando en como resolver tal problema que me preocupa por N-sima vez, lo dejo ir pero el tema no es poco importante, me preocupa y me preocupa aún más no estar pensando en él”.

Eso no será suficientemente efectivo. Esa situación puede ser suficiente en el primer yoga, pero no será suficiente en el segundo.

En cambio: “Me encuentro pensando en como resolver tal problema que me preocupa por N-sima vez, lo dejo estar a su aire porque soy consciente de que no me aporta nada pensar por N-sima vez en ello, puedo abandonarme con tranquilidad a lo que deba pasar y seguir adelante solo-siendo”. Será efectivo. Ha de haber confianza en los principios elegidos pues ahora nos lanzamos al vacío, y no lo vamos a soportar a menos que haya confianza. Es la situación de saltar al abismo y esperar que nos crezcan las alas, hace falta mucha confianza en ello.

Es decir, no es suficiente con cumplir con cualquier práctica que se nos dé como si fuéramos un robot. Si los principios a aplicar no son vistos o realizados (y creídos), el progreso no ocurrirá. Por tanto en este yoga y subsiguientes, tu situación kármica será aún más relevante, tus creencias deberán alinearse si no lo estaban. Y para ello la herramienta es visión clara (vipassana). Ver realmente que eso es cierto y convencerte de ello. No es necesaria ninguna práctica formal vipassana al estilo Goenka, lo que es necesario es que te auto-observes y descubras si eso es cierto.

En algún momento cuando hablábamos de la meditación de no acción hemos dicho que en realidad estamos entrenando la desconexión de la emocionalidad reactiva respecto a la fenomenología, es decir la ecuanimidad absoluta. En este yoga debe consolidarse la ecuanimidad absoluta respecto al intelecto, para que en el siguiente se consolide la ecuanimidad completa (es decir respecto al resto de la fenomenología).

Durante este yoga también empiezan a ocurrir otros cambios relevantes. El principal quizá es que la fenomenología ya no se dividirá en “interna y externa” (por ejemplo pensamiento y lo visto) sino que esa frontera cae a mitad de este yoga más o menos.

No cae el teatro cartesiano porque sigue habiendo fenomenología por un lado y sujeto por el otro, pero cae la sensación construida de que hay fenómenos fuera y fenómenos dentro. Lo visto no me parece mas interno que el dolor de barriga, ambas cosas están ahí y no son ni internas ni externas.

No hay fuera ni dentro, pues todo es mente y eso se ve a mitad de este yoga porque (supongo) era también una sutil construcción intelectual.

La completitud de este yoga sí que ocurre con el colapso del teatro cartesiano, justo ese sujeto que “mira” los contenidos fenoménicos que ya no tienen dentro ni fuera, es el que desparecerá para dar lugar al yoga de no-dualidad o un-sabor.

En terminología Mahamudra es realizar la naturaleza o características de la mente (no su esencia que ya ha sido realizada, sino como es realmente: no-dual).

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Un camino espiritual no-dual: el yoga de no-conceptualidad, sencillez (I)
03/04/2020, 7:07 am
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La consolidación de la mente realizada marca el paso del primer yoga Mahamudra al segundo al que llaman de “Sencillez” o de “No elaboración” (niṣprapāncha) y que aquí llamamos en lenguaje moderno “de no-conceptualidad”.

Asumo que el segundo yoga Mahamudra toma su nombre tradicional del hecho que, dado que ahora podemos existir separados de los contenidos mentales, nuestra existencia interior pasa realmente a volverse realmente sencilla, no elaborada, nos liberamos de los contenidos mentales. Solo Ser es realmente la mismísima sencillez.

Nuestra meditación en este yoga ya es de no-acción pura, es decir, de no hacer nada, sencillez pura. Más o menos, en este punto es cuando en la tradición tibetana comienza el camino meditativo (el cuarto), es decir, cuando meditamos por primera vez. Al menos tal como se entienden las meditaciones de no-acción. El shikantaza real también comienza aquí (porque es lo mismo).

A esta fase Dakpo la llama “la del orgullo” y es así porque los practicantes no asesorados pueden creer que están iluminados y llenarse de orgullo (cosa que no podría pasar si están iluminados). Ahora sí tienen un logro estable y liberador. No completo ni perfecto, no totalmente estable, ni tan siquiera muy profundo, pero algo hay.

Pero sería una pena que alguien pare aquí pues el sufrimiento no ha sido erradicado completamente ni mucho menos, aunque sí es cierto que en meditación ya puede uno acercarse a situaciones de gozo que puedan hacerle creer que son nirvana (aunque también lo viviría si hubiera practicado Jhanas). Pero en todo caso fuera del cojín sigue existiendo el sufrimiento y sigue existiendo el teatro cartesiano y sigue existiendo el sujeto no-conceptual que sigue ansiando y rechazando fenomenología (cosas que le pasan), y por ello sigue sufriendo. Incluso sigue existiendo la mente reactiva tal como pretende mostrar la segunda línea del esquema adjunto.

Bien, como hemos dicho antes, en la mente del yoga de no-conceptualidad ya solo hay dos mentes: o mente reactiva (como inicialmente) o mente realizada. Estas dos mentes se alternarán mucho o poco en función de la capacidad de mindfulness del practicante y de su entorno y condiciones kármicas (por ejemplo, una vida agitada).

En todo caso la capacidad del intelecto de generarnos sufrimiento ha sido fuertemente disminuida, en la mente realizada su capacidad es cero, haya o no haya pensamiento presente, y en la mente reactiva, será más débil, porque esa mente reactiva podríamos decir que es básicamente la expresión de nuestra Alaya y nuestra Alaya se va depurando y adquiriendo sabiduría existencial (sobre como vivir mejor).

El proceso de evolución en el segundo yoga consistirá en las trascendencia completa del intelecto, cosa que ya es así cuando estamos en la mente realizada, pero no en la reactiva. Así que podría asumirse que esta etapa consiste en la eliminación de la mente reactiva, pero no será exactamente así, lo que pasará es que se fusionarán en un solo espacio, pues la completitud de este yoga, es ya (ahora sí) no-dual.

Aquí lo que debe hacerse es justo, justo lo que los maestros zen se han cansado de decirnos, pero hasta aquí no era posible y es solamente ignorar (que no reprimir) el pensamiento conceptual, el intelecto. A todas horas y en todo momento.

Meditando y durante el día a día.

Recordemos que la diferencia entre la mente mindful y la realizada es que la primera solo puede existir o apegada a un contenido mental no-conceptual o bien bloqueándolos todos. La realizada es la que puede “estar” dejando los contenido mentales a su aire y sin apegarse a ellos.

Así que en el primer yoga no se puede hacer mindfulness y a la vez dejar a los pensamientos a su aire hacer su tarea. El mindfulness es bloqueante y debe ser interrumpido en cuanto queremos llevar a cabo una tarea intelectual.

Pero en la mente realizada sí podemos.

Los contenidos mentales seguirán haciendo su función, por tanto “serás” y además seguirás interactuando correctamente con el mundo. En este punto no es raro que la sensación sea de trascendencia. Esta situación por supuesto es obviamente dual, recordad que siempre decimos que los dos primeros yogas son duales o “con atman” en terminología budista/hinduista y los dos últimos lo contrario (llámalo Brahman o Anatman, me da igual).

Esta trascendencia, si es en la acción (no en el intelecto) puede obtenerse mucho antes, en el primer yoga, pero no incluirá al intelecto. Esta diferencia nos ayudará a saber donde estamos.

Si no puedes hacer lo anterior, no estás en el segundo yoga, es decir no tienes la capacidad de ejercerlo. De hecho es justo la capacidad de actuar en el mundo, incluso intelectualmente, a la vez que “solo eres” lo que define este yoga.

Así que realmente no hay mucho que hacer, simplemente volver una y otra vez a la mente realizada descartando siempre cualquier momento de vuelta a la reactiva. Y reconocer cada concepto o apego o huella en Alaya que nos arrastre a esa mente reactiva, reconocerlo como vacío, como irrelevante, como simplemente una expresión incontrolada de nuestra Alaya aún por purificar, pero nada concreto que tenga que ver con “nosotros” (como sujeto no-conceptual) sino una mera expresión de todo el universo funcionando.

Así pues este yoga requiere un compromiso con los principios de las doctrinas asiáticas (sea hinduismo o budismo)  mayor que el anterior. Es por eso, y porque creen estar iluminados, que muchas de las personas que despiertan no completan este yoga (mucho menos el siguiente). Aquí sí que estamos abandonando el mundo poco a poco… y se han de poder dar las condiciones kármicas para que lo puedas hacer. Por ejemplo Gary Weber, sin saber con seguridad si se refería a esto o no, comentaba que hasta que sus hijos no fueron autónomos y no se tuvo que preocupar por ellos, no pudo avanzar. Tiene sentido. Me cuadra.

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Un camino espiritual no-dual: el yoga de concentración o mindfulness (y IV)
01/04/2020, 7:07 am
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Realmente la mente despierta y la mindful son más que hermanas, son casi lo mismo excepto por ese cambio sutil comentado (la autonomía del intelecto) y cuando la mente realizada se consolida, la mindful desaparece… pero no la reactiva… Y por eso hay más yogas (bueno, no es solo por eso…)

Esta mente realizada (¡sorpresa!) es un sujeto tan dual como lo es la mente mindful. Este es el atman neoadvaita (con suerte) y advaita tradicional, y aquí lo llamamos sujeto no-conceptual porque es sujeto por oposición a los objetos y porque ha roto la atadura con el intelecto. Puede existir de forma no-intelectual.

Tras un primer kensho, como hemos comentado antes, hemos de ser capaces de volver a la mente despierta. Quizá las primeras veces pasen meses entre un kensho y otro, o quizá tengas suerte, tengas una sensibilidad interior notable y tras captar la mente despierta seas capaz de volver a ella pronto, a menudo y durante bastante tiempo.

En todo caso estamos domando el buey zen. Cada uno a su ritmo.

Ahora la práctica se vuelve gozosa a ratos, pues la mente despierta, al contrario que la mindful es un lugar maravilloso en el que vivir (por eso mucha gente cree que eso es iluminación) y que, aunque aún se pierde, se mantiene sin esfuerzo mientras dura. Solo hay que evitar ansiarla en exceso cuando la perdamos y seguir nuestra práctica de forma humilde, tierna y perseverante para que vuelva.

En cierta manera en algún momento hay un cambio de tendencia en nuestra práctica. Eso ocurre cuando en lugar de  guiarnos la voluntad, esfuerzo y dedicación, la práctica se vuelve algo sencillo, gozoso, que ocurre por sí mismo y que nos atrae más que la propia realidad externa.

A este punto me refiero cuando a veces comento que en un momento dado todo empieza a ir “cuesta abajo”.

Si anteriormente todo parecía costar y al sensación era de ir cuesta arriba, para llegar con esfuerzo a no se qué lugar, o caer atrás en cuanto nos despistemos, a partir de cierto punto la práctica es tan gozosa que se desarrolla prácticamente sola. Ese es el punto dulce en que, si estamos bien orientados, difícil será que no haya evolución.

Se nota, y mucho, cuando alguien ya llega a este punto… no hay queja ni dificultad alguna sobre práctica alguna. Solo se desea saber “hacia donde ir” o bien se da uno por “iluminado”.

El momento del Kensho, desde el primer flash, a su estabilización, en mi opinión coincide también con el “Camino de Ver” tibetano (el tercero de cinco), por si alguien usa ese modelo. De forma suficientemente homogénea coincide etimológicamente con Kensho (que recordad que es Ver nuestra verdadera naturaleza en Zen o ver la esencia de la mente en Mahamudra). En esta fase siempre se habla de “ver”, y eso también coincide con mi sensación de que hasta aquí la clave es vipassánica (visión clara o auto-indagación real).

Y también la mente realizada es el verdadero rigpa Dzogchen. Y no ninguna forma de mindfulness ordinario, tal como se suele pensar.

Y también sería equivalente a la entrada en la corriente (Sotapanna) del budismo primigenio, que indica también bellamente ese nuevo fluir que ocurre, donde el practicante ya siente o empieza a sentir lo que es realmente fluir con la realidad sin oponerle resistencia.

Y por tanto esta realización te convierte en un Arya según nomenclatura clásica budista (pues ya no eres un ser ordinario y has confirmado la verdad de estas doctrinas en ti mismo).

La maduración total de esta fase ocurre en ese momento puntual en que la mente despierta deja de ser el estado “al que vuelves” y pasa a ser tu estado base, quién crees ser de forma permanente.

Ocurre un cambio identitario y sientes que pasas a ser la mente despierta, igual que antes sentías que eras la mente mindful que esporádicamente pasabas a ese otro estado o a la inconsciencia. Ahora ocurre justo al revés y tu eres la mente despierta, que revierte a la mente inconsciente o reactiva puntualmente.

Y a eso aquí lo llamaremos auto-realización, despertar, etc… Porque en nomenclatura tradicional es “reconocer quién eres”. Aunque esta forma de expresarlo es notablemente hinduista porque esta realización coincide perfectamente con la descripción de Atman Vedanta y algunos maestros modernos como Ed. Muzika la describen de similar manera.

Atman claramente apunta a que nuestra identidad es solo-ser (sat-chit-ananda).

Thusness (J. Tan, maestro de Soh Wei) cuando pasó por esta realización, explica que no entendía porque el budismo decía lo que decía si claramente “eso” existía y era su “yo/atman”. Pero como era budista siguió adelante y fue entendiendo porque le budismo (y también en Advaita Vedanta) afirman que la realización completa es finalmente no-personal (la llames brahman o anatman).

Curiosamente ahora la mente inconsciente no desaparece del todo. Seguimos revirtiendo a ella de forma puntual, de hecho casi igual que antes, o en todo caso en función de tu nivel de activación mental (nerviosismo, ansia…). O al menos esa es mi experiencia y no está en mi ánimo intentar hacer que las cosas parezcan más perfectas de lo que son.

Pero es que no hemos terminado. Ni mucho menos…

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Un camino espiritual no-dual: el yoga de concentración o mindfulness (III)
30/03/2020, 7:07 am
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El siguiente paso del proceso es más trascendental pues implica la aparición de la mente realizada o despierta.

El proceso siempre será el mismo, primero ocurrirán flashes o kenshos en tradición zen (uso siempre esa palabra zen por comodidad) en los cuales nos encontramos de repente en esa mente despierta o realizada, una mente que puede “solo-ser”. Eso es “ver al buey” en el zen.

Esa mente, la notarás diferente, muy especial. Incluso hay quién cree “haberse iluminado”. Aunque eso es bastante inocente (y no cuadrará con su realidad) también es comprensible que este primer paso en lo trascendente nos ilusione y quizá confunda.

No sé si es gracioso o triste o una muestra de cuán perdidos estamos todos, que lo que solamente es la fase superior del primer yoga Mahamudra se pueda llegar a confundir con budeidad o iluminación o ser un jnani o cualquier otro estado completo o incluso relativamete completo…

Esa situación de kensho, muy probablemente se perderá (minutos, horas o días, no muchos días) y el trabajo del practicante será: primero identificarla como tal, es decir identificarla como que ese es el estado al que se dirige, aprender a volver a él, que no es nada fácil pues cuanto más lo ansias más te alejas, (recuerda ¡pacifica!) y luego volver a él continuamente hasta que se vuelva estable.

Curiosamente la situación de mente mindful callada ocurre siempre en meditación primero y los kenshos suelen ocurrir en el día a día… cuando menos te lo esperas… No me preguntéis por qué, no lo sé.

El evento en sí, de tener un Kensho, es y no es espectacular. No lo es porque no van a aparecer visiones de dioses, planos astrales, ni ninguna maravilla por el estilo, incluso porque a nivel del cambio mental lo que ocurre es mínimo, pero siempre que se vive, maravilla y no se tienen dudas de que está ocurriendo algo extraordinario. Si tienes dudas, no es eso. Este consejo me lo dio Anurag Jain hace muchos años y no se equivocaba (yo estaba justo en este punto).

Y como se comentaba hace unos días, todo cambia porque aunque seguimos estando en tierra de nadie, quizá más que nunca, pues el Kensho se pierde, pero ahora sabemos con seguridad que hay otras formas de existir. Y eso no es baladí. Al contrario puede suponer una (sobre)dosis de motivación importante.

Reconocida la mente despierta como tal, debemos en primera instancia aprender a volver a ella.

Aquí suele surgir un problema de ansiedad, porque tal como hemos dicho, la intraquilidad y emociones negativas nos bloquean el acceso a la mente despierta (las positivas y la paz, lo contrario), por tanto la ansiedad por volver a ella, incluso de baja o bajísima intensidad, nos aleja de ella. Aquí ya estás empezando a jugar en primera división y las sutilezas marcan la situación.

Lo que en el sistema-mente llamamos “el sujeto” aquel que desea, ansía y quiere cosas, debe apartarse para dejar surgir la mente despierta, esto sería equivalente al “dejar ir”, abandono, entrega, surrender, etc.. predicado por los maestros.

Este problema del perderlo por las ganas de llegar a él, es tan habitual que en inglés le han puesto nombre, es el síndrome de “I’ve got it, I’ve lost it” (lo tuve, lo perdí).

Esta situación aparte de frustrante, suele sorprender porque todavía se cree en la idea naive de la iluminación total, súbita y permanente, aunque tal cosa no existe que me conste… e incluso que le ocurriera a una persona de un millón (como dice la tradición), poco nos aportaría…

A menudo el practicante cree que falla algo en él en concreto, cuando en realidad todo va sobre ruedas y en la dirección correcta… si uno deja de ansiar objetivos… y tal como muestran los modelos tradicionales usados aquí.

Este no ansiar es el famoso mushotoku zen.

Otra posibilidad habitual de esta situación es que el practicante acabe, ante la imposibilidad de revivir la experiencia, convencido de que “esto ocurre por Gracia Divina o azar” y se relaje pues él no puede hacer nada. Esto no está mal siempre que el practicante continúe con sus prácticas pues tenemos una situación favorable: “humildad, relax, entrega y práctica diligente”… pero si sigue con su vida samsárica anterior porque “no depende de él” y abandona la práctica porque cree que no aportó nada al Kensho, entonces su camino espiritual seguramente termina ahí y siempre recordará con cariño esa “Gracia Divina” que una vez recibió y que nunca volvió…

No digo que no se pueda tener un Kensho sin práctica, puede ocurrir y ocurre, por eso considero que su factor principal es vipasánico y no basado en samadhi, pero sí digo que no es posible estabilizarlo sin práctica, o al menos, que así es para la mayoría de los seres humanos. De hecho, estabilizarlo, es práctica. No hay diferencia. La cuestión es si sabes qué práctica es esa y cómo debe ejecutarse.

Finalmente otro escenario posible a estas alturas, sería creerse un iluminado o algo cercano a ello porque se ha pasado por esa experiencia (realmente siempre queda algo que no se pierde), y por tanto puede dedicarse a hacer de maestro y abandonar esa “humildad, relax, entrega y práctica diligente” construyendo un nuevo personaje del que volverse esclavo. Un personaje que si tiene la desgracia de no poder profundizar en su despertar, además será una estafa para todos, especialmente para él mismo.

Durante el proceso ahora alternaremos, pues, tres mentes: la reactiva, la mindful y la realizada que no es más que la mindful pero siendo capaz de existir de forma autónoma sin contenidos mentales apegados.

Pero si todo va bien, con la estabilización total (¿satori en zen? quién sabe) de esta mente realizada concluiría el primer yoga Mahamudra, y el buey Zen estaría domado.

Por estabilización quiero decir, y esto es importante entenderlo, que la mente mindful desaparece totalmente, siempre que estemos mindful estaremos en la mente realizada sin esfuerzo alguno. Y de hecho el mindfulness se vuelve más fácil (y en cada yoga posterior más aún). Aunque ya no es exactamente el mismo mindfulness. De hecho finalmente en el último yoga al mindfulness se le llamará literalmente en tibetano “sin-mindfulness” (y a la meditación no-meditación o sin-meditación).

A esta situación de estabilización total de la mente realizada o despierta, por aquí la llamamos Despertar aunque es un término bastante “contaminado” y que se usa demasiado para demasiadas cosas. Un término más técnico y exacta es simplemente concluir el primer yoga y realizar la esencia de la mente.

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Un camino espiritual no-dual: el yoga de concentración o mindfulness (II)
28/03/2020, 7:07 am
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¿Qué hace que alguien haga click con un mindfulness defectuoso o no muy contínuo, mientras el gran maestro del mindfulness no lo hace?

En mi opinión es la visión clara (vipassana) que nos permite adquirir prajna.

O traducido: que tu visión inquisitiva entienda este proceso y aprenda a situarse “más allá de los pensamientos”. Hay algunos artículos sobre el tema en el blog.

Aquí por visión clara no se entiende necesariamente una forma de meditación vipassana concreta y muy pautada (al estilo Goenka), sino el hecho de tener una mente inquisitiva, una mente que quiere entenderse, que quiere aprender sobre el proceso, que está activa aprendiendo de todo lo que ocurre e intentando verificar si es cierto (¡no creyendoselo! ¡sino intentando verificar!) todo eso que dicen los maestros.

En meditación realmente hacemos básicamente lo mismo. Dado que no podemos “solo-ser” pero nuestra meditación es de “solo-ser”, nos pasamos la sesión atentos a no perdernos en nuestros pensamientos y cuando eso ocurre, volver amablemente a nuestro estado mindful.

Realmente lo mismo que en el día a día. Pero hay dos diferencias, una facilitadora y otra no.

La facilitadora es que en meditación nadie nos molesta, ni nos interrumpe, ni tenemos miles de entradas sensoriales que nos puedan despistar, por tanto nos es más fácil estar mindful más tiempo.

La no facilitadora es la misma, la deprivación sensorial hace que tengas menos objetos sensoriales que te sirvan de flotador para atender a ellos y no perderte en el intelecto.

En el mindfulness del día a día, puedes ir por la calle sintiendo con fuerza el viento en la cara y feliz de estar mindful en un día tan bello. En meditación, te sientas, cierras los ojos (o no) y comienza el caos… la mente necesita esos flotadores y como no los tiene empieza a volverse intelectualmente muy revoltosa, tiene que entretenerse en algo… y tu atención sin otros flotadores, acaba hundida en esos sueños intelectuales.

Pero no sufras, no te pasa nada especial, nos ha ocurrido así a todos. Mucho practicante tiende a pensar que “esto no se le da bien” cuando pasa por todo esto, pero no es así. Nos pasa igual a todos. Simplemente unos somos más cabezotas que otros. Cuando lleves 2.000 horas de meditación de este tipo, si no se te da bien, lo hablamos.

¿Solución? No hay solución, porque no hay problema, ese es el proceso, y este es el yoga más duro, lo siento… y que el 99% de los practicantes no supera. Has de construir esa capacidad de estar mindful. Primero pacifica tus nervios y luego pasa a la sesión de meditación.

No entraré mucho en detalle en la meditación en sí, porque ya se ha explicado en los textos sobre ella y este se ha enlazado repetidamente en esta serie: La meditación de no acción y La práctica reina Mahayana describen la meditación que debe realizarse.

Si todo va bien, poco a poco profundizaremos en nuestra meditación y empezaremos a encontrarnos cómodos en ese entorno de deprivación sensorial y atención. Es en ese punto cuando empieza a construirse una situación en que podremos estar calmados y en silencio mental.

Esa situación no debería darse por bloqueo de la atención como sí pasa en meditación samatha sino idealmente, por pacificación de nuestra mente reactiva.

En esos momentos podremos solo-ser por fin, pero sin intelecto, en blanco, pues todavía es la mente mindful la que está operando y no puede ser autónoma de los contenidos mentales, su única forma de “solo-ser” es sin contenidos mentales intelectuales.

Por eso se dice en la tradición Mahamudra que el resultado de este primer yoga es una mente vacía. En silencio mental.

La sensación es parecida a cuando hacemos meditación samatha y bloqueamos el pensamiento concentrándonos en algún objeto sensorial como la respiración. Pero se nota más natural porque ocurre simplemente por pacificación y, muy importante, la inteligencia está despierta.

Dado que hemos de pacificar, es importante llevar una vida pacífica. Si vives una vida de nervios será raro que en una sesión de una hora o media llegues al punto comentado. Es aquí donde entra en juego todas las “variables de entorno” que a menudo se ecualizan para que sean adecuadas gracias a las tan denostadas prácticas preliminares.

No puedes llevar una vida espiritual inmerso en una guerra emocional en el día a día, es inviable. Tu vida será pacífica o no será espiritualmente efectiva… es lo que hay.

Esa situación de mente pacificada en silencio debe alcanzarse repetidas veces, y observarse inquisitivamente, para reconocernos en ella (somos nosotros mismos pero sin intelecto).

Esa no es la mente despierta aún, pero es el paso adecuado hacia ella. Es la mente mindful relajada y el intelecto callado pero con la inteligencia despierta y observando. Si alcanzáis este punto, podéis comentar en el blog…

Ese es el punto más cercano de la mente despierta al que podemos llegar, hasta que… haya un kensho.

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